Actualizaciones de software

¿Puede una actualización de software ser crítica?

Cuando pensamos en una actualización de software, siempre pensamos en nuestro sistema operativo, o en nuestro móvil. Los que trabajamos en tecnología, también nos preocupamos del software con el que trabajamos a diario , aunque cada día menos, porque cada vez más existen suscripciones mensuales que nos ahorran quebraderos de cabeza. Y nos preocupamos de tener actualizados nuestros sitios webs, y los paneles…

Pero hay actualizaciones que pueden ser críticas. La actualización de un banco, por ejemplo. O, en estos días, la actualización del software de Boeing. Un error en la lectura de los sensores parece ser la causa de que el avión eche el morro hacia abajo. Y hace dos días, otro avión se clavó en el suelo, destrozándose por completo y sin dejar supervivientes.

Tener a gente bien formada y especializada es un requisito importante. Pero, sobre todo, no os olvidéis de invertir un extra de tiempo (y de dinero si sois los clientes) en testear el software. Puede salvaros de muchos problemas posteriores.

 

 

Fin del interludio

23 entradas en 2017 y esta es la tercera de 2018. Casi en agosto.

No voy a decir que todavía estoy reponiéndome de nada, porque mentiría. Pero sí he estado ocupado en saber cuál es mi lugar en el mundo. En este. En el de ahora. En el que compartimos.

La realidad es la que es. Puede que dentro de 20 años, o de menos, el cambio climático nos haya hecho arder por culpa de la radiación o de las basuras. O que muramos de inanición por falta de comida por cosechas perdidas por la misma razón. O también puede que suframos una pandemia horrible porque vuelvan enfermedades gracias al movimiento antivacunas. O la gente morirá en masa por tratarse con agua con azúcar (homeopatía). O, quién sabe, que nos caigamos por el borde de nuestra tierra plana.

Incluso sin todo eso que comentaba, la vida es finita. Y hay que aprovecharla al máximo. Me he tirado los últimos 6-8 meses entre preparando cosas para el futuro y viviendo el presente, día a día, con la gente con la que me sentía y me siento más a gusto. Intentando hacer sólo lo que me apetecía en cada momento. Intentando no hacer nada por compromiso, pero a la vez siguiendo esa máxima que hace poco volví a escucharle a uno de los Javis: si alguien que te importa te pide un favor y puedes hacerlo, hazlo. Y volviendo a buscar mi lugar en el mundo. Sí, otra vez. Los cambios son revoluciones. Y uno tiene que sentirse bien con lo que hace en cada momento.

Lo que he estado haciendo hasta ahora siempre me ha encantando, y nunca lo voy a dejar. Pero también ha llegado el momento de dar rienda suelta a mis inquietudes y de ponerme a hacer cosas distintas que siempre he querido hacer. Por suerte, como siempre me ha pasado, tengo detrás una familia que siempre me apoya en cada locura que se me ocurre porque también piensan que la vida está para disfrutarla.

Me quedan en el tintero cerca de 50 borradores y muchas WordCamps que contar. Todo llegará. Por ahora me he propuesto sacar un ratito al día para volver a tener una presencia aquí. Y empiezo en un rato, contándoos mi nueva locura.

 

WordCamp Sevilla 2018

Este fin de semana tenemos una nueva edición de WordCamp Sevilla.
 
Siempre se me antoja que nuestra WordCamp es una cosita familiar donde estamos a gusto, aunque en 2015 montáramos la Europea.
 
Para los que no os habéis enterado de que este finde tenemos sarao, tenéis un cartelito interesante en https://2018.sevilla.wordcamp.org/programacion/
 
Este año hemos querido que la gente nueva se vuelva a sentir a gusto viniendo a una WordCamp y aprendiendo, incluso si no tienen ni idea de WordPress o “solo” tienen un blog.
 
Ya sabéis. Va como siempre. Un precio reducido para 23 ponencias, comida de los dos días, after party, regalitos incluyendo camiseta, etc. Si no tenéis plan de fin de semana, ya estáis tardando :)
 

2017

Ahora que todo el mundo hace balance del año que ha pasado, me toca hacerlo a mí también. 

Este año no tengo sentimiento de fin de año. Está siendo un día más, que tengo la suerte de poder compartir de la familia. Sí, hay días especiales. Pero supongo que se diluyen cuando intentas que todos lo sean. 

Empecé 2017 diciéndole el último “te quiero” a Fran un 1 de enero a la 1 de la mañana. Lo perdí, como lo perdimos todos, dos días después. Perdí también el norte y gané dolor. Y empecé una carrera titánica para conseguir recuperar mi salud perdida.

Hoy es el último día del año. En esta carrera de fondo de 365 días, he recuperado mucho de mi salud. Cada vez que he pensado que ya estaba bien, me he encontrado que a la semana siguiente estaba aún mejor. He perdido kilos. Me he olvidado de lo que es un mareo. Una inestabilidad. Y de lo que es tener el miedo constante a que me salte el desfibrilador. En definitiva, en este año he vuelto a ganar la libertad. 

2017 ha venido con muchas pruebas a superar. Certificados de defunción, papeleos, cosas por cerrar, cuentas en redes sociales… Trabajo, trabajos perdidos, proyectos frustrados, y nuevos proyectos con nuevas perspectivas de futuro. Recoger los restos de una vida mientras recompones la tuya. 

En un determinado punto, el día de mi cumpleaños, decidí que no podía continuar. Que necesitaba hacer un reset. No podía seguir con todas las cosas que eran de los dos. Necesitaba seguir con las que fueran mías. Y decidí empezar de 0. Plantearlo todo de nuevo. Relaciones, amistades, formas de hacer las cosas… Y quien ha querido estar ha sido bienvenido.

En este 2017, sobre todo, tengo que agradecer inmensamente los compañeros de viaje que he tenido. Mi familia, por supuesto. Que ha estado ahí siempre, y cada vez que lo he necesitado. A mis amigos. A los que me acompañaron en todo el proceso, y que siguen estando a mi lado. Y a los nuevos. A los que he conocido y me han acompañado de alguna forma en este 2017, espero que sigáis estando a mi lado durante 2018. Y que, ahora que todo está mejor, nos veamos mucho más.

2018 está a la vuelta de la esquina, y mi familia política ha decidido no celebrar la Navidad. Ni este año, ni nunca más he llegado a oír. Soberana colleja os habría pegado Fran. Estos días son momentos de celebrar que podemos estar con los nuestros. Con los que quedan. La muerte es un proceso natural. A todos nos va a llegar. Lo sabíamos. Lo sabemos. Y tenemos que disfrutar el día a día al máximo. Con la gente a la que queremos. Con la gente con la que nos sentimos bien. Con quién nos sentimos acompañados y con el corazón lleno. 

2017 me ha traído varias sorpresas personales. Gente a la que he conocido mejor, y personas nuevas que han llegado a mi vida y a las que tengo que agradecerles todo lo que hacen por mí, y el tiempo que han pasado conmigo.

El destino es caprichoso. Alguna vez lo conté. Fran y yo, siendo vecinos, nos conocimos por Badoo. Bendito internet. Y quizá esta historia de 2017 habría sido distinta si un día 1 de mayo no me hubiera atrevido a mandar un mensaje. O si un 30 de mayo alguien no hubiera querido quedar conmigo para tomar algo. Pero pasó. Nos vimos. Conectamos. Repetimos. Me encontré con una persona que quiso preocuparse por mí. Que quiso que yo fuera importante para él y para su vida. Que me aceptó cerca con todas las taras y problemas que tenía sobre mí en ese momento. Y ahora puedo decir que tengo uno de los mejores amigos que podría desear. Alguien que no quiero que esté conmigo también en 2018, sino durante el resto de mi vida. Un amigo de esos que son para siempre. Uno entre un millón. 

2018 va a ser un año distinto. Con salud, convicciones, la cabeza clara, y con la mirada hacia adelante. Hemos aprendido mucho en 2017. No olvidamos a los que se quedaron en el camino. Ahora, nuestro proyecto sigue. Vamos a seguir preocupándonos por los que son, y por los que están. Por los que quieren estar con nosotros. Y por los que nos hacen estar felices todo el día sólo con estar cerca aunque te canses de oír es que te ríes por todo. 

Si queréis sacarle a todo esto una moraleja, aquí va. 

  • Vivid. Intensamente. Con control, pero con fuerza y determinación. 
  • Disfrutad. De todo. 
  • Reíd. Y buscad siempre el lado positivo de las cosas. 
  • Amad. También a los amigos. 
  • Dejaos conocer. Y daos la oportunidad de conocer a gente nueva. Hay diamantes ahí afuera. 
  • Recordad el pasado. Aprended de él. Pero no permitáis que dicte vuestro futuro. Ese es sólo vuestro. 

Y os equivocaréis en decisiones, y necesitaréis ayuda. Y entonces, ahí, estarán los amigos. Vuestra familia de elecciónY de la mía, aunque dispersa, no puedo estar más orgulloso

Gracias por haber hecho de este 2017 un año de transición estupendo. Mañana, al otro lado, seguiremos caminando juntos. De nuevo, gracias por todo. 

 

Aires de cambio

Ayer fue uno de esos días raros.

Ayer Fran y yo habríamos celebrado 10 años juntos. Ya os imagináis, sentimientos a flor de piel y todas esas cosas. Así que decidí, cuando terminé de trabajar, quitarle el sonido al móvil (bendito modo prioridad) y dedicarme el resto del día para mí.

Aún así, estuve un buen rato también escribiéndome con un buen amigo. Recordándole, y recordándome, por qué somos amigos. Por qué nos queremos. Y por qué nos necesitamos. Es curioso cómo alguien llega a tu vida y simplemente conectáis. A él le recordé por qué era importante a la hora de comer. Y por la tarde me tocaba a mí.

Ayer estuve recordando cómo conecté con Fran. Me tiré en el sofá con el ordenador, y me puse a revisar antiguas fotos. De nuestros viajes. De nuestros aniversarios. De aquel que pasamos en el campo, con la chimenea, viendo House en blanco y negro en una tele antigua con los cables de AV conectados a una PSP Go. Los de Londres. Los de París. El espectáculo del Moulin Rouge. El sitio donde comíamos bagels todas las mañanas… Fotos y fotos y fotos que pensé que iban a traerme un día de esos que te hacen estar regular.Y fue todo lo contrario.

Ayer me encontré viendo fotos con la ilusión de quien rememora un viaje y se lo está contando a los amigos. Me descubrí pensando en gente que me gustaría que hubiera estado aquí ayer mientras hacía ese recorrido por el pasado, y pensando en voz alta esto tenemos que hacerlo juntos ahí tenemos que ir juntos.

Estos días sé que no van a ser fáciles. Nunca voy a olvidar ese día 1 de enero a la 1 de la mañana, la última vez que Fran y yo nos dijimos te quiero. Pero sí voy a olvidar las noches de hospital. Las carreras, los agobios, los sofocos. Y todo eso que no sirve para nada y que no son buenos recuerdos.
Y los voy a olvidar, en gran parte, porque vosotros estáis aquí. Los amigos de siempre, y los nuevos que he hecho en el camino. Los que no me habéis dejado caer. Los que habéis estado apoyándome durante meses a cada paso. Los que habéis puesto empeño en hacerme sonreír. En ver más allá, y más adentro. A los que me habéis enseñado, de nuevo, a vivir. A quedarme, como siempre, sólo con los buenos recuerdos. Y a aprender de todos los demás, y desterrarlos de mi vida.

La lista es más larga de lo que creía. Moi, César, Inés, Javi, Lorena, Carlos, Diego, Silvia, María, Olga, Isra, Pedro… Y, por supuesto, mi familia. Que siempre está. Contra viento y marea. Gracias por estar ahí y seguir estando. Esto va remontando cada vez un poco más, y espero que el año que viene sea un año maravilloso para todos.

 

El caso Dyson

Hace unos días, mientras preparamos la gran aventura de fin de año que ya os contaré, abrimos un canal de descuentos de Amazon en Telegram. Un pequeño experimento que alimentamos a través de un parser, se almacena en WordPress, y el sistema publica en Telegram, Twitter y Facebook a través de un sistema de cola con pautas horarias.

Pues bien. Una usuaria me ha mandado una mega oferta. Pongo primero la conversación completa y después comentamos.

– Eh, eh, un 90% de descuento en todos los productos. Todos Dyson. Haces click y te lleva a la página de Dyson.
– Suena super raro. ¿Me pasas el enlace?.
– Claro. Toma.
– ¿Seguro que es de Dyson?
– Todos los productos son de Dyson. Además, he tenido que registrarme.

Suena raro porque una marca como Dyson de principio no tienen la posibilidad de ofrecer descuentos de ese tipo. Y si la tuviera, y su coste de producción fuera ese, nunca te lo diría.
Premisa número 1: una marca asentada nunca pierde dinero.

Entramos en la página. &&$(·&.club (no le voy a dar un enlace). Mal. Y http simple. Primera sospecha. Ofertas y todos los productos son de Dyson. Bien. Pero eso no lo convierte en una página de Dyson.
El menú en ordenador es un menú móvil. Saben quién es su mercado. Porque en un móvil eso de las urls se difumina aún más. Quien entre por un enlace de Facebook ya está en la primera fase de la trampa. Y tienen un título que también puede inducir a engaño.

Pero todo eso lo veo yo. Quien me ha pasado el enlace lo ha visto desde dentro del Facebook, a través de un enlace, y lo que ha visto ha sido esto:

Como veis, Facebook os enseña la URL de la página, pero tan pequeña, que es casi invisible. Para que no estorbe. Sí, Facebook, ya sabemos lo poco que te importan tu usuarios si hacen cosas fuera de tu red, no hace falta que nos lo repitas a diario…

Así que recomendación para grabaros a fuego: abrid siempre la página en el navegador. Eso os va a permitir hacer las siguientes comprobaciones, que son básicas.

Sigo con el análisis de la página. Hacemos scroll. Enlaces sociales. Pasamos por encima, y todos vacíos. Alerta roja. ¿Una tienda con sus canales sociales vacíos? ¿Habiendo llegado desde Facebook? Imposible.

Seguimos. Páginas legales. Plantillas. Escritas con la primera letra siempre mayúscula para estorbar a la legibilidad. Busco algo que siempre miro: quién es quien me está vendiendo los productos. Información de la empresa que vende: 0. Llamad a la policía de internet.

Pero vamos a terminar. Me registro en la web. El correo de registro va a SPAM (bueno, puede ser). Título: Welcome to – [Dyson site]. De ahí viene el me he registrado en la página de Dyson. Pero está mal estructurado, la web no tienen nombre. Contraseña visible (qué mal acostumbrados nos tiene WordPress a hacer estas cosas de forma segura por si alguien nos coge el móvil o nos mira el correo). Y el correo de la tienda, una cuenta de Gmail. Que no vamos a investigar, porque ya tenemos demasiadas alertas que nos dicen que no sigamos adelante.

Aún así, vamos a la última. Página de pago. http. A ver. No. NO. Nein. Niente. Ez. Iie. Una página de pago tiene que estar en https. Y no puede estar en https tachado como las página de la Junta de Andalucía o de la UPO (chapuceros…). Tiene que saliros en verde, con candado, y con la información de la empresa, que es a quien compráis. Esto os da garantía de que existe y de que tenéis posibilidad de reclamación.

Para aclararnos, una tienda debería mostraros algo tal que así:

El candado, y la información de la empresa. En el móvil no es tan visible (hay cosas que mejorar ahí, señores de Android). Pero podemos encontrar esa información también si pulsamos sobre el candado, y después en los detalles del certificado.

La diferencia con un certificado como el que tengo yo en esta web, que es sólo de seguridad, se vería así.

En móvil no es tan fácil de distinguir a simple vista, pero si compráis por internet, hacedlo de forma segura. Y si no lo tenéis muy claro, hablad con soporte (en este caso que vemos de Dyson no podríais, porque la página no tiene) y pedid una dirección para pagar por PayPal. PayPal crea una factura de forma automática y os ofrece la opción de reclamación y devolución del dinero, cosa que vuestro banco la mayoría de las veces no os podrá ofrecer si habéis pagado con tarjeta y habéis introducido los datos.

P.D.: Ya para rematar, miré los datos del dominio.

Registrant Name: zphatss
Registrant Organization: N/A
Registrant Street: sdsdsdsds
Registrant Street: 1685146981
Registrant Street:
Registrant City: sdfdfdsf
Registrant State/Province: Gansu
Registrant Postal Code: 325100
Registrant Country: CN
Registrant Phone: +86.13178238597
Registrant Phone Ext:
Registrant Fax:
Registrant Fax Ext:
Registrant Email: 1685146981@qq.com

Puede que el móvil exista. Pero lo demás…

– ¿Ya has comprado?
– Esto….
– Llama a tu banco. A ver si lo pueden anular.

 
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