Café

El otro día, viendo un Club de la Comedia antiguo, escuché una regla mnemotécnica de boca de Eva Hache que no conocía. Aprendí a conducir bastante más tarde que ella, así que tampoco es raro.

Si estáis aprendiendo a conducir, o tenéis mala memoria para recordar qué hay que hacer al subir a un coche, aquí va:

Café: Cinturón, Asientos, Freno de mano, Espejos.

Y después, a arrancar.

La sociedad alicaída

Esta mañana nos hemos levantado con la noticia de un amigo. Anoche, después de que despidiera a sus compañeros de salida nocturna a la puerta del autobús, le esperaban para pegarle una paliza al grito de follaculos.

Ya esta en casa, después de hospitales y denuncias, con el hombro roto, gracias a una parte de nuestra juventud que se ¿entretiene?

Esto ha sido en Madrid. El año pasado, por estas fechas, los padres de una amiga también recibieron una paliza gratuita, esta vez en Sevilla, y yendo en grupo en vez de solos. ¿La razón? Grabarlo y subirlo a Youtube.

Uno no tiene culpa de ser gay. Ni de ser alto. Ni bajo. Ni negro. Ni blanco. Ni de haber nacido en la India. Ni de la religión que profesen tus padres.
Uno tampoco tiene obligación de vivir la vida de otros. Ni de adquirir las opiniones de otros. Tiene que vivir su propia vida. Y tomar sus propias decisiones.

Si en este mundo, con esta sociedad claramente falta de empatía, alguien os dice que hay que quitar la asignatura de educación para la ciudadanía y poner la de religión, pegadle una patada en la cara de mi parte.

Reinventando

Este año no ha sido como esperábamos. Todo nos ha salido al revés. O al menos no ha salido al derecho. O podemos decir que ha sido un desastre. O podemos escudarnos en que no ha sido tan malo dadas las circunstancias. Nos podemos engañar todo lo que queramos. En definitiva, los planes no siempre salen bien.

Profesionalmente hemos dado algunos pasos, pero no todos los que esperábamos. Sí, avanzamos. Pero a veces no tengo claro hacia dónde. Tenemos proyectos buenos, válidos, y con financiación, parados en la recámara desde hace mucho. Y mientras, cada día, seguimos haciendo lo mismo.

No soy creador. Nunca me gustó crear. No es que me dé miedo. Es que nunca fui capaz. Soy buen guitarrista, pero lo que sé es interpretar. Nunca he compuesto nada. Pero dame una partitura y el tiempo suficiente, y podrás escuchar tu música y un par de arreglos que la harán lucir mejor. Nunca tuve alma de compositor, siempre tuve alma de productor.
Traducido al código me pasa lo mismo.
Actualmente no estoy disfrutando de mi trabajo. Podemos volver a echarle la culpa a las circunstancias, pero el problema viene de más atrás.

En mi familia siempre ha habido dos ramas. Una, sanitaria. La otra, enseñanza. Mis hermanas se fueron de cabeza a la rama sanitaria, desde pequeñas. Yo me quedé curiosamente con la informática, pero con el convencimiento de que en el futuro lo que quería y tenía que hacer era difundir conocimiento. Y para poder difundir conocimiento, primero hay que tenerlo.

Desde los 14 años he trabajado siempre, sin excepción, con software libre y código abierto. Más de la mitad de mi vida he estado bebiendo del trabajo de otros y compartiendo mis entonces escasos conocimientos. Blogs, foros, y WordPress, me abrieron las puertas de distintos universos. Pero siempre aspiré a más. A, tras el tiempo de formación necesario, ser capaz de utilizar esos conocimientos en consultorías y en formación a clientes.

He tenido experiencias de formación muy interesantes. He participado como profesor en varios cursos, en 4 masters distintos, y en el futuro vienen otros dos. Y una de las experiencias más gratificantes, profesionalmente hablando, ha sido un periodo de formación WordPress in-situ para técnicos de una empresa. Es algo que me llena y con lo que disfruto. Pero el trabajo del día a día, el de picacódigos, me hace sentir vacío.

Llevo 4 meses casi sin responder al correo y al teléfono, y el último además de baja. Una avalancha de trabajo nos hizo enclaustrarnos, y una mala gestión de tiempo y recursos hizo que superáramos límites humanos que nos prometimos la última vez (otra vez) no volver a superar. Todo fue muy complicado el año pasado, y este año no ha sido mucho mejor. Nos hemos pasado el tiempo engañándonos a nosotros mismos, diciendo que estábamos trabajando por un futuro mejor, pero ese futuro nunca llega. Y, además, no puede llegar a costa de nuestras vidas y de nuestra salud.

Este último mes habré parado de trabajar de verdad unos cuatro días. Soy así. Cuando se espera algo de mí, intento cumplir. Pero también he tenido tiempo para pensar, para reflexionar, y para mirar alrededor. Y cuando miro, veo que durante estos últimos años algunos compañeros se han ido a Madrid. Otros han cruzado el charco. Australia, Londres, Estados Unidos, Ecuador, Noruega… Mis niños de los scouts están ahora en Italia, en Bruselas o en Liverpool haciendo lo que tantas veces les empujé a hacer: cumplir sus sueños. Muchos amigos se han casado. Han aumentado la familia. Perros y niños han llegado a los hogares. Han cambiado de trabajo. Unos han montando startups de éxito. Otros están haciendo funcionar las suyas con mucho trabajo y tesón. Quien tenía carreras universitarias por terminar las ha acabado. Otros las han empezado. Y mientras…

Hace siete años empecé a compartir mi vida con una persona. Desde ese momento lo he visto terminar un ciclo formativo de grado superior, una diplomatura, un grado, un máster, y empezar un doctorado. Lo he visto avanzar, como al resto de mi entorno. Realizándose. Siendo feliz. Superándose. Y mientras yo sigo aquí, en el mismo sitio, estático. Con una carrera completamente cursada pero no completada y certificada. Sintiendo que no aprendo lo suficiente. Que no enseño lo suficiente. Que dedico mi vida a terceros, cuando lo que quiero es dedicarla a segundos, enseñando de tú a tú, y a seguir creciendo como persona.

No puedo evitar pensar que estoy estancado. Tan estancado, que he dejado que esos terceros controlen mi vida hasta tal punto que, de los últimos cinco viajes programados, hemos anulado cuatro por trabajo. Y hemos dejado a Sevilla este año sin WordCamp.
Sí, en el mundo WordPress he avanzado un poco. ¿Pero hasta dónde, si no tengo tiempo de administrar el foro, de traducir, o de ayudar a desarrollar WordPress? Este último año mi aportación a la Comunidad ha sido tan mediocre que a veces hasta me da vergüenza comentar que pertenezco a ella. Es un trabajo voluntario, y cada uno hace lo que puede cuando puede, pero no cumplir compromisos adquiridos me hunde la moral.

He decidido darle solución, y empezar a sentirme bien conmigo y con lo que hago. A partir de mañana empiezo a hacer reciclaje y me convierto de nuevo en universitario, rama estudiante (de los que estudian, no de los que viven en los sindicatos). También toca empezar a asistir a eventos sociales y congresos, olvidados desde hace más de un año (excepto alguna excepción muy excepcional), así que empezaré este mismo fin de semana con EBE. Difundiré la palabra de WordPress allá donde pueda y me dejen (hay dos masters en el calendario futuro), y haré que mis alumnos salgan de mis clases sabiendo qué es el software libre y qué pueden llegar a hacer con uno de los CMS más potentes del mercado.
En definitiva, intentaré picar menos código, centrarme más en mi formación propia, y en utilizar mi experiencia para formar profesionalmente a otros. Pero, sobre todo, voy a centrarme en tener una vida.

He estado meses, años, perjudicando mi salud y rozando límites. A veces hasta el punto de casi no contarlo (y me encantaría que fuera una exageración). He estado durante mucho tiempo suspendiendo cada viaje personal por trabajo, y primando los profesionales. He estado perdiéndole el respeto a familiares y amigos, consiguiendo que ellos me lo pierdan a mí, por no estar nunca disponible. Y he estado persiguiendo un sueño profesional, sin darme cuenta de que estaba perdiendo tanto por el camino que daba igual llegar, porque iba a llegar con las manos vacías.
Ya lo dice el refrán. El que mucho abarca, poco aprieta.

De este viaje me llevo mucho (muchísimo) aprendido. Y ahora toca mirar hacia adelante. Dentro de unos días, cuando pasen las tormentas que tenemos entre manos, nos sentaremos de nuevo a redefinir nuestro futuro profesional. A intentar volver a nuestros orígenes.

En lo personal, tengo la suerte de tener a alguien a mi lado que siempre ha confiado en mí por encima de todo, y que siempre me ha apoyado. Que se ha guardado las frustraciones para él cada vez que he anulado un viaje, un evento, una comida o una salida. Que siempre ha tenido una buena cara y una sonrisa, y ha sido capaz de sacármela a mí hasta en los peores momentos. Que me ha querido incondicionalmente.
Los tres últimos aniversarios los pasamos en casa. Ñoños. Típicos de regalarnos algo, y al día siguiente a trabajar. Este año va a ser especial. Es el séptimo, el primero que celebramos después de mucho tiempo y de haber pasado por mucho, y no vamos a permitir que nada nos haga cancelarlo. Y sé que va a ser un poco extraño y excéntrico, pero… ¿alguien diría que no a cenar en su aniversario en el Moulin Rouge?

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La chupivilla

La última actualización de Diablo III ha traído algunas mejoras interesantes. Muchas han sido de visualización, y ayudan mucho. Pero una de las más curiosas ha sido añadir un nivel extra que consigues cuando encuentras un Goblin Arcoiris.

Una vez encuentras al Goblin y lo eliminas, tienes acceso a un portal que hace que pases de esto:

Diablo III: Reaper of Souls – Ultimate Evil Edition (Español)_20141107220734

a esto:

Diablo III: Reaper of Souls – Ultimate Evil Edition (Español)_20141107225601

Ir por ahí matando osos amorosos, chulicornios rosas y chupicornios morados tiene su gracia, hay que reconocerlo. El nivel no es nada del otro mundo, mucha herramienta para vender y poco más, pero por su extensión y cantidad de ositos y flores he podido subirme todo un nivel paseando por dentro. Y, de paso, he aprovechado para probar las habilidades de #PS4Share. Las imágenes y el vídeo en HD funcionan muy bien.

Los compartidos desde la propia PS4 se suben a youtube y redes sociales con una calidad baja, pero puedes enchufarle un USB y pedirle que haga una copia completa de la carpeta de compartidos, y trabajar con ella en local, con toda su calidad.

Siguiendo con el PS4Share, he probado a subir un vídeo a Youtube. No ha quedado mal, aunque todos mis movimientos son un poco caóticos por eso de ir explorando.