El pasamontañas

- He ido a tu casa, te he llamado, tu movil no va.
He dado un microtoque a la puerta, alguien me ha respondido, no me ha abierto.
La puerta estaba abierta, he subido, he escuchado cómo echaban el pestillo.
He intentando llamarte de nuevo, tu móvil apagado.
He salido, me he vuelto a casa.

– Mu fuerte, me acaban de llegar tus llamadas perdidas.
Y ademas le he preguntado a mi compañero de piso.
Me lo ha contado.
Joder!
Se ha asustado.
Me ha dicho que había un tipo con un pasamontañas en la puerta.

– Es que hacía mucho frío…

Queda un mes y medio para cumplir tres años, y vuelve la bioxidad a nuestras vidas.
Eso sólo puede significar una cosa: que vuelvo a ser yo :D.

Mi vida en Heterolandia

En Heterolandia la gente suele hablar de si misma y no se da cuenta de que existen personas en diferentes, y muchas veces peores, situaciones que uno mismo. Así un habitante de ese país puede llegar a creer que todas las personas tienen las mismas oportunidades. Y que si alguien no está en la elite es porque no está preparado para ello, porque no se lo merece. No se plantea que muchos no tienen sus mismas posibilidades, o, ni siquiera sus mismos objetivos. Así puede pensar tranquilamente que los habitantes de Maricalandia, no habitan en Heterolandia porque no se esfuerzan en ser como hay que ser y se dejan llevar por la vaguedad, las bajas pasiones y, a veces, las perversiones. Que son personas de otro tipo. De tipo inferior, claro. Ni siquiera se plantean que es un tipo de vida que puede no interesar a alguien.

Pero dentro de Maricalandia ocurre algo parecido. Por ejemplo, pensemos en un presentador de un magazine de tarde, habitante de Maricalandia con título honorífico, escritor recién premiado por uno de los mejores premios del país, simpático, divertido, casado y feliz. Pensemos que, gracias a la promoción de su último libro, tiene, no una, si no miles, de entrevistas que hacer, frases que decir para que la gente sepa lo inteligente que es, y que además, míralo, tan alto que ha llegado y con los pies en el suelo. Él tiene la oportunidad que a muchos se les niega. Y la aprovecha. “No entiendo que aún se den situaciones en que alguien no se atreva a confesar su homosexualidad por miedo.” Y tan a gusto. Además el periodista, o el maquetador, o hasta la propia revista, le hace un destacado. Que no se diga. En la letra pequeña, en el contexto, se pone más fino. “Está claro que hemos hecho algo mal.” Claro, amigo. Hemos hecho mal en creernos que ya hemos solucionado todo, que todo el mundo puede casarse, pasear de la mano en lugares públicos, decir: “Soy homosexual y soy feliz”. Hemos hecho mal creyendo que todos estamos al mismo nivel. Hemos hecho mal en olvidar que existen más personas en el mundo, a las que no les importa casarse pero que antes tienen que solucionar problemas de homofobia en su entorno. Nos creemos que el único signo homofóbico de los habitantes de Heterolandia es, como ejemplifica nuestro personaje, cuando una mujer le dice a su marido en voz alta que no puede compartir el ascensor con él, elegante, pero con pluma. Y que con recriminárselo en público se arregla el asunto.

No entiende el presentador que en este país aún hay gente que es humillada, de forma más cruel y, a veces, menos sutil. Y que si se encara le regalan una visita al hospital más cercano. Que él está protegido por fama, por su dinero, por su poder. Que existen otras realidades, además de la suya, donde el día a día es más difícil.

Tampoco entiende que también hay homofobia en Maricolandia, pero en este caso de poderoso a débil, y que a veces puede salir de la boca de uno mismo sin que nos demos cuenta.

Sí, hemos hecho algo mal, estamos haciendo algo mal y lo seguiremos haciendo mal si no nos damos cuenta de que la solución no son esas dos leyes que tanto hay que agradecer. Lo que esta mal es que, como dice Paco Vidarte en Ética marica, “nos hemos quedado sin nada que decir”, nos hemos quedado en un desfile rosa algo absurdo, en un vacío.

Los que están arriba, los que ya lo tiene todo, han dejado de luchar. Y se han olvidado de los que no pueden hacer nada. Que les importa, si ellos ya tienen lo que querían.

Iñaki Echarte Vidarte

Mi vida en Heterolandia son un puñado de reflexiones que hace Iñaki, nacido en 1977, sobre su entorno. Podéis leer su blog, o podéis seguirlo desde el principio en dos manzanas (biografía incluída).

Nosotros, por nuestra parte, no podemos más que aplaudirle por ser la voz de muchos, y añadirlo a nuestro paraíso perdido.

Invasión en twitter

Hace un tiempo descubrí en twitter a un personaje. Se hacía llamar Enrique Dance, y su página de twitter era (y es) @edance. No os lo voy a negar, me hizo gracia, y me convertí en seguidor suyo.

Al principio, desde mi punto de vista, hacía una parodia humorística de Enrique Dans. Cuanto menos, gracioso. Al menos a mí me alegraba los tweets. Pero con el tiempo entré en su página y puse ‘follow=0′. Poco a poco había ido creciendo en su parodia, hasta que dejó de parodiar para convertirse poco a poco en una afrenta personal. Pasó de la parodia al insulto, y lo medio demostró en lo de Fuckowsky con una entrevista.

Se dejó llevar por el protagonismo, y cruzó la línea llegando a la descalificación personal. Muy mal.

Ahora, de repente, aparecen un puñado en escena, que ya sólo con los nombres indican que van a seguir la línea actual de @edance, y no la inicial. Son @chicadeltelele, @ausoniablanco, @martinbars, @karay, @ablanoches

¿Dónde quedó el humor inteligente, ese en el que no hay que hacer uso de la figura de nadie para ridiculizarla y descalificarla, para intentar arrancar una sonrisa? ¿Vidas vacías sin anécdotas personales?

Salid más. En serio. Tenéis que conseguir que vuestras vidas sean más interesantes que los tweets de otros.

Inferencias

La estadística. Todos sabemos lo que es una estadística. Es algo que nos ayuda a poner pegatinas. Por ejemplo, formo parte del 33% de los españoles internautas que no saben lo que es un virus, parte del 10% que tiene un Mac…

También formo parte de los que ganan menos de 1000€ al mes, de los que han empezado una carrera y no la han terminado, de los que no tienen coche, de aquellos a los que le han robado la bicicleta…

Pero la pregunta es: ¿para qué sirve la estadística? Pues para muchas cosas, pero su fin último es el de hacer estudios de mercado. Cualquier uso que le des a la estadística, al final, se puede resumir de una u otra forma en un estudio de mercado.
El 20% compra Panetones en navidades, estudio de mercado. El 10% usa camisetas de color azul, estudio de mercado. A un 5% se le ha quemado el móvil, estudio de mercado. Absolutamente todo.

Pero si la estadística es eso, ¿qué es la informática?

La informática, inicialmente, era (y es, por mucho que digan) estadística pura en su esencia. Estudios de casos para evitar ciclos de reloj muertos en el procesador, para evitar vuelcos de memoria, etc.

Entonces, ¿qué es la informática? Pues si la estadística son estudios de mercado, la informática, en su fin último, lo que busca son modelos de negocio. Puedes hacer lo que sea en informática, pero el fin último es el negocio.

Y a lo mejor me equivoco. Pero a lo mejor no.

Todos al lidl

Acaba de llegar mi madre con una sorpresita.

Le estuve comentando ayer lo que le pasaba a mis manos, y me ha traído dos pingüinos térmicos.

¿Qué son? Dos pingüinos de plástico, dos bolsas térmicas de las de toda la vida. Pero con la particularidad de que tienen una chapita de metal dentro, y cuando le das la vuelta el líquido se cristaliza y alcanza una temperatura de 55ºC.

Yo ya le estoy viendo la utilidad para las acampadas y para programar en casa tranquilo :). Y para las camas frías. Y para un puñado de cosas más. Dice en la caja que funciona para más de 100 usos, y después recupera su forma líquida calentándolo en una olla (sin tocar el fondo, por la pieza metálica).
Lo más curioso de todo es que la caja de dos vale dos euros y pico.

Mañana voy a por los que tienen forma de estrella para el saco de dormir :). Y le hago fotos y las pongo en el flickr :).