IT

Todavía no he contado mucho porque estamos en fase de definición, pero parece que mi nuevo camino va a ir por la IT. O lo que es lo mismo, a veces voy a ser lo más parecido a Wardog que podáis encontrar.

La única diferencia es que yo sí voy a tener tiempo de dedicarme al desarrollo porque trabajo con gente más que competente. Y no hay nada mejor que trabajar desarrollando todos esos programas que algún día quisiste desarrollar.

Pero lo cortés no quita lo valiente. Para trabajar hay que tener clientes, y éstos tienen proveedores, y hay veces… bueno. No me puedo creer que una empresa como Arrakis trabaje de según que formas. Me da mucha pena, porque fueron mis primeros proveedores (allá por el año 96 o 97 contratamos internet con ellos), porque me encanta el universo Dune, y porque son un desastre para todo.

- Arrakis, buenos días.
- Buenos días.
- Dígame.
- Mire, es que tengo un dominio con ustedes y quería cambiarle las DNS.
- Entre en el panel de control.
- Estoy dentro.
- Pues ahora vaya a… vaya a…
- Exacto. Llevo un rato buscándolo sin encontrarlo.
- Ajam. Pues le voy a enviar un formulario al correo y me lo rellena, y le hacemos el cambio nosotros.
- OK.

Tardan media hora en enviarme el correo. El formulario en cuestión tiene tela. Nombre, DNI, DNS a cambiar. Lo envío.

Al rato me llega otro correo.

Rogamos nos remita un fax al xxx xx xx xx renunciando a lo que hasta el momento tiene abonado del plan actual contratado, para así poder proceder al cambio que nos solicita para sus dominios. Una vez remitido el fax, necesitamos contacte con nuestro Dpto. de Informaióon Comercial.

¿Nani?

- Arrakis, buenos días.
- Mira, que me han enviado un correo que dice todo ésto.
- Sí. Para hacer un cambio de DNS tienes que dar de baja el hosting y el correo. Así que tienes que anular el contrato. Y eso se hace por fax.
- ¿Por fax?
- Sí. Le envío el formulario, lo imprime, y nos lo envía por fax.
- Eh… vale. ¿Y cuánto tarda?
- Nosotros lo remitimos a nuestros compañeros, y en cuanto les llegue lo tramitan.
- Buenos días.

O sea, que tengo una aplicación web que es un panel de control monísimo. Pero no lo uso. Hago la notificación en papel, y se la mando a los de soporte.
Cuando me recupero del shock, vuelvo a llamar.

- Arrakis, buenos días.
- Mira, que he pensado que mejor no nos metemos en berenjenales y me hacéis una redirección enmascarada y listo.
- Vale. Eso lo puedes hacer desde el panel de control.
- Estoy dentro y no lo encuentro.
- Vale, te guío. Pincha aquí, y aquí, y aquí. Y ahora… vaya, pues no está.
- Eso parece.
- Pues debería estar… voy a ver… ¡Ah, es verdad! Lo hemos quitado para evitar errores.
- …
- Sí, para evitar que la gente introduzca mal las direcciones, que a veces se olvidan de las www, del http…
- …
- Dime a qué dirección redirecciona.
- A ésta.
- ¿Le pongo las www?
- Pónselas.
- ¿Es una dirección que necesite el http:// delante?
- … supongo …
- Vale. Pues ya está hecho. Le paso el informe a mis compañeros, y lo hacen.
- … gracias …

Flipo… se tienen que estar haciendo de oro con el 902. Tienes un panel de control, pero no puedes gestionar las cosas por web, tienen que hacértelo ellos después de llamar por teléfono o de usar el fax. Pero lo mejor de lo mejor es que todo eso fue ayer por la tarde, a eso de las cinco y media.

Llamo esta mañana, y pregunto por la redirección. ¡¡Y me dice que sus compañeros la acaban de hacer, a las diez de la mañana, que es cuando han llegado a esa nota!!

Vamos a ver, que sois un proveedor de servicios de internet, de servicios online. ¿A qué jugáis, a desesperar a los usuarios?

Ubuntu format

(Suena el móvil).

- Oye, que tengo la tarjeta que me dejaste.
- Sí.
- Y no sé formatearla con la Ubuntu.
- Pues por ahí tienes que tener alguna utilidad en sistema, yo es que no uso Ubuntu.
- ¿Una que pone disc-no-se-cuantos?
- Prueba.
- Gracias.

(A los cinco segundos, suena el movil).

- Oye, que no encuentro la opción de FAT32. Sólo viene FAT16.
- Prueba con FAT16.

(A los 20 segundos, suena el movil de nuevo).

- Oye, que no va.
- Tráetelo.

Fdisk, fat32, todo bien. Sigue sin ir.

Y es que de un mes a esta tarde me estoy dando cuenta de la importancia de pagar un poquito más para que tus soportes sean TDK, Sony, Panasonic, y no encontrarte con una tarjeta de marca Potemio (verídico, venía en el teléfono chino) que no es capaz de leer/escribir en condiciones. Y pensar que estuve a punto de devolver el móvil porque no funcionaba el FTP directo…

El pasamontañas

- He ido a tu casa, te he llamado, tu movil no va.
He dado un microtoque a la puerta, alguien me ha respondido, no me ha abierto.
La puerta estaba abierta, he subido, he escuchado cómo echaban el pestillo.
He intentando llamarte de nuevo, tu móvil apagado.
He salido, me he vuelto a casa.

- Mu fuerte, me acaban de llegar tus llamadas perdidas.
Y ademas le he preguntado a mi compañero de piso.
Me lo ha contado.
Joder!
Se ha asustado.
Me ha dicho que había un tipo con un pasamontañas en la puerta.

- Es que hacía mucho frío…

Queda un mes y medio para cumplir tres años, y vuelve la bioxidad a nuestras vidas.
Eso sólo puede significar una cosa: que vuelvo a ser yo :D .

Mi vida en Heterolandia

En Heterolandia la gente suele hablar de si misma y no se da cuenta de que existen personas en diferentes, y muchas veces peores, situaciones que uno mismo. Así un habitante de ese país puede llegar a creer que todas las personas tienen las mismas oportunidades. Y que si alguien no está en la elite es porque no está preparado para ello, porque no se lo merece. No se plantea que muchos no tienen sus mismas posibilidades, o, ni siquiera sus mismos objetivos. Así puede pensar tranquilamente que los habitantes de Maricalandia, no habitan en Heterolandia porque no se esfuerzan en ser como hay que ser y se dejan llevar por la vaguedad, las bajas pasiones y, a veces, las perversiones. Que son personas de otro tipo. De tipo inferior, claro. Ni siquiera se plantean que es un tipo de vida que puede no interesar a alguien.

Pero dentro de Maricalandia ocurre algo parecido. Por ejemplo, pensemos en un presentador de un magazine de tarde, habitante de Maricalandia con título honorífico, escritor recién premiado por uno de los mejores premios del país, simpático, divertido, casado y feliz. Pensemos que, gracias a la promoción de su último libro, tiene, no una, si no miles, de entrevistas que hacer, frases que decir para que la gente sepa lo inteligente que es, y que además, míralo, tan alto que ha llegado y con los pies en el suelo. Él tiene la oportunidad que a muchos se les niega. Y la aprovecha. “No entiendo que aún se den situaciones en que alguien no se atreva a confesar su homosexualidad por miedo.” Y tan a gusto. Además el periodista, o el maquetador, o hasta la propia revista, le hace un destacado. Que no se diga. En la letra pequeña, en el contexto, se pone más fino. “Está claro que hemos hecho algo mal.” Claro, amigo. Hemos hecho mal en creernos que ya hemos solucionado todo, que todo el mundo puede casarse, pasear de la mano en lugares públicos, decir: “Soy homosexual y soy feliz”. Hemos hecho mal creyendo que todos estamos al mismo nivel. Hemos hecho mal en olvidar que existen más personas en el mundo, a las que no les importa casarse pero que antes tienen que solucionar problemas de homofobia en su entorno. Nos creemos que el único signo homofóbico de los habitantes de Heterolandia es, como ejemplifica nuestro personaje, cuando una mujer le dice a su marido en voz alta que no puede compartir el ascensor con él, elegante, pero con pluma. Y que con recriminárselo en público se arregla el asunto.

No entiende el presentador que en este país aún hay gente que es humillada, de forma más cruel y, a veces, menos sutil. Y que si se encara le regalan una visita al hospital más cercano. Que él está protegido por fama, por su dinero, por su poder. Que existen otras realidades, además de la suya, donde el día a día es más difícil.

Tampoco entiende que también hay homofobia en Maricolandia, pero en este caso de poderoso a débil, y que a veces puede salir de la boca de uno mismo sin que nos demos cuenta.

Sí, hemos hecho algo mal, estamos haciendo algo mal y lo seguiremos haciendo mal si no nos damos cuenta de que la solución no son esas dos leyes que tanto hay que agradecer. Lo que esta mal es que, como dice Paco Vidarte en Ética marica, “nos hemos quedado sin nada que decir”, nos hemos quedado en un desfile rosa algo absurdo, en un vacío.

Los que están arriba, los que ya lo tiene todo, han dejado de luchar. Y se han olvidado de los que no pueden hacer nada. Que les importa, si ellos ya tienen lo que querían.

Iñaki Echarte Vidarte

Mi vida en Heterolandia son un puñado de reflexiones que hace Iñaki, nacido en 1977, sobre su entorno. Podéis leer su blog, o podéis seguirlo desde el principio en dos manzanas (biografía incluída).

Nosotros, por nuestra parte, no podemos más que aplaudirle por ser la voz de muchos, y añadirlo a nuestro paraíso perdido.