Personales

Esclavos del papel

Llevo días dándole vueltas, a raiz de todo lo que está pasando en los países musulmanes, al control mediático que existe en muchos sitios. Cada vez que le doy una vuelta más, interconecto una cosa más. Sí, la globalización ha llegado. Estamos en un punto de no retorno en el que demasiadas cosas están expuestas y en peligro de derrumbarse. Los primeros en caer han sido unos cuantos modelos económicos frágiles. Muy pronto, me temo, serán sucedidos por los sociales, seguidos por los políticos y, finalmente, llegaremos a un derrumbe social-político-económico que nos hará tener que empezar de nuevo.

No, eso no pasará.  A día de hoy no sé cuál será el futuro, pero tengo claro que con nuestro control político y económico no llegaremos a tal punto. Por muy frágil, inestable o desesperanzadora que sea la situación, siempre alguien podrá declarar una guerra (no necesariamente armamentística) que nos hará olvidar todo y nos empujará a re-construir sobre ruinas, olvidándonos de que nosotros, lo que buscábamos, era empezar a construir utilizando otro punto de partida.

Muchas veces tengo este sentimiento de que nuestras alas están cortadas, de que poco podemos hacer en la situación actual. De frustración personal, sintiéndome impotente. Aunque tengo una visión muy positiva del mundo, todavía sigo dándole vueltas a aquel otro sentimiento de fracaso que se me quedó después del ha llegado la hora.

Y después de todo esto he llegado a una conclusión realmente extraña. ¿A qué le tenemos miedo? ¿A qué le tienen miedo los políticos, los grandes empresarios y las sociedades establecidas?

Le tienen miedo a lo digital.

Piscitelli: miedo a la actualización

Mi primer contacto con Alejandro Piscitelli fue en el EBE 2010, cuando nos presentó su idea sobre la imprenta y su evolución: El paréntesis de Gutenberg.

La idea es interesante, a la vez que inquietante. Tiene su parte de verdad al hablarnos de la imprenta. ¡La imprenta! Un GRAN invento. Puede que uno de los mejores de la historia.

La imprenta permitió que pudiéramos crear en serie. Una obra, reproducida tantas veces como queramos. El principio de la era de la distribución. El principio de la democratización del conocimiento.

Ahora estudiemos el modelo. Es un modelo estático. En sí no tiene mucha capacidad de cambio tecnológicamente hablando. Y eso es extensible a las creaciones, sólo actualizables de revisión en revisión, de edición en edición. Una información, de alguna forma, limitada y controlada, sin capacidad de evolución, con una distribución controlada. Una información esclava, limitada por el tamaño de letra y el gramaje del papel.

Canon: miedo a la imprenta

¿Qué pasaría si la información dejara de estar tan limitada? Centrémonos sólo en al distribución. ¿Y si todos tuviéramos la posibilidad de tener una pequeña imprenta en casa? ¿Producir contenido propio para luego imprimirlo (grabarlo, distribuirlo)? Necesitaríamos alguna forma de control…

¿Por qué no cobrar la tinta de forma que sea el líquido más caro del mundo? Estamos hablando de un precio de 4,000€ el litro, algo abordable. ¿Cuántos calamares compramos con 4,000€ para poder exprimirlos?

Y ya que estamos, ¿por qué no cobrar un extra por cada una de las cosas que no sean manufacturadas? Porque las cosas no manufacturadas no tienen derechos de autor y tenemos que ganar algo de dinero con ellas. Pero el gran problema no es el económico. Es que pueden llegar a ser distribuidas fuera de los canales habituales. Ninguna con demasiado éxito, eso seguro, pero pueden producir un perjuicio a cualquiera de esos canales, ya sea haciéndolos innecesarios o restándoles valor (haciendo que su contenido no sea tan completo y/o exclusivo, con su repercusión económica y sobre todo, su valor e prestigio).

Ley Sinde: miedo a la distribución

¿Qué pasaría si todos tuviéramos la posibilidad de distribuir contenido? Os lo digo: que conoceríamos más cosas.

Muchos grupos de música de nuestros días son conocidos gracias a haber distribuido su música en las redes. Justin Bieber es quien es hoy día gracias a que un productor lo vio en YouTube (os caiga bien o mal, es un ejemplo muy ilustrativo). Y las películas, ¿qué me decís de las películas? Avatar ha sido la película más pirateada de la historia. También ha sido la película más vista en el cine de la historia y la superventas en Blu-Ray y Blu-Ray 3D. ¿No será que el nivel de descargas es un indicador más del éxito de algo en todos los ámbitos? No, puede que me esté equivocando, aunque las estadísticas lo demuestren. No las que ellos muestran y manejan, claro, que lo único que dicen es que estamos destruyendo la industria.

Ahora que estamos sometidos a una ley que hemos dejado claro que no queremos por activa y por pasiva, con una ministra que dice que quiere empezar a cerrar webs antes del verano (pero no las de pornografía infantil, curiosamente), y con Wikileaks confirmándonos que la petición viene de EEUU, ¿no es hora de quitarnos la venda?

¿Qué tiene que ver esto con la piratería? Nada. Desde mi punto de vista, el miedo no es siquieras que se popularicen demasiado los canales de distribución. El miedo real es no controlar esos canales, no sólo por lo lucrativo, sino por su posible contenido. ¿Un director como Spielberg siendo independiente, sin estar ligado a ninguna gran empresa o medio? ¿Quién perdería esa oportunidad?

DJ: miedo a la remezcla

¿Qué pasa cuando alguien crea un contenido y éste es libre? ¿Por qué tienen tantos problemas el copyleft y la creative commons? ¿Por qué no se consideran derechos en muchos sitios?

Hace 93 años Ron Diggins, considerado el primer DJ de la historia, hizo su primera mezcla. Una abominación: utilizar el trabajo de otros para crear algo nuevo, distinto, basado en lo anterior.

Hoy en día, en un mundo digital, todo es susceptible de cambio. Licencias como la GPL o las anteriormente citadas hacen esto posible. Y algunos son capaces de poner la remezcla en práctica, como los chicos de Zemos98: nunca parar de aprender, siempre ser inquieto, curioso, remezclando conocimiento.

Grupos editoriales: miedo a lo digital

Aquí empieza a entreverse de qué va todo esto. ¿A qué le tenemos miedo ahora? A perder el control de lo publicado. Porque, ¿qué se esconde tras los libros de texto? Editoriales, empresas, con un interés muy claro en el control de la información.

Redes sociales: miedo a la información

Ésta es buena, y se une con la que viene después. ¡Herejes! ¡Información distribuida! Tener a gente interesante, relevante, en tus contactos de redes sociales y enterarte por ahí de las noticias interesantes. De las que los medios comentan, y de las que no.

Una de las meteduras de pata más espectaculares de nuestros medios en estos días han sido las noticias sobre Túnez y Egipto. Por parte de España, el ofrecernos información sesgada, hasta que las redes sociales dieron la visión real del conflicto y los medios tuvieron que rectificar. Por parte de Estados Unidos, la decisión de bloqueo informativo, no permitiendo que se viera Al Jazeera (a día de hoy emiten sin imagen todavía).

Miedo. Miedo a que el pueblo pueda acceder a la información real, y no a la que quieren ofrecernos.

Tarifas planas: miedo al acceso sin límites

¿Qué pasaría si estuviéramos todo el día en redes sociales, enterándonos de lo que pasa en todo el mundo de primera mano, contado por sus protagonistas? ¿Qué pasaría si pudiéramos acceder a todo el contenido digital que quisiéramos sin restricciones? ¿Leer periódicos, nacionales e internacionales? ¿Leer blogs?

Ahora que las redes sociales se han popularizado y se utilizan sus formatos internos para comentar el mundo, necesitamos una forma de control.

Opción 1: cobrar por volumen de datos, como ya hacen en Canadá.

Opción 2: lo que quieren hacer nuestras operadoras: cobrar por acceder a las redes sociales (además de cobrar por volumen de datos).

Una forma mas de criminalizar el uso de la información a través de un nuevo canon y de limitarnos el acceso a todo aquello que no se ofrece en España (muchas series, contenido en VO, ya ni hablamos en otros idiomas…)

España es un país deficiente en cultura en estos aspectos. ¿Nos criminalizan y limitan el acceso a cosas que son imposibles de conseguir en España por ninguna vía?

Información de pago: miedo a cambiar

El modelo va cambiando, y los medios no cambian con él. Las cabezas de lista no tienen claro cómo funciona todo esto. No tiene claro cómo controlarlo.

Tiran de la opción a la desesperada: intentar hacer de pago (más pago, se entiende) todo lo que puedan. Es un buen intento de sesgar el acceso, haciendo que los de menor nivel económico (o los que no quieran pagar por el privilegio de la información) estén, a ser posible, menos informados. ¿La historia de siempre?

Me cuesta pensar que esto los medios lo hagan por sí mismos. Me es más fácil pensar que tienen detrás algún poder político controlándolos (si no la habéis visto, The Green Hornet es muy interesante en este aspecto). Y así se me hace también menos dura la trayectoria que El País ha demostrado en estos últimos meses. O quizá sólo me estoy autoengañando.

Wikileaks: miedo a la exposición

Cables de Wikileaks. ¿Cuál es su importancia?

No importan las cosas que Wikileaks ha dicho. Toda la información que han dado, en muchos casos, la suponíamos. Los cables diplomáticos son simplemente cosas que los gobiernos saben, a ciencia cierta, unos de otros. La información en sí no es importante. Lo importante es el canal de distribución de esa información. No controlado, público. Accesible para cualquiera. ¿Democratizar toda la información puede ser peligroso?

Quitemos la parte que podamos considerar de seguridad nacional. ¿Por qué no sabemos nada del resto? ¿Por qué no es pública esa información? Una vez más, algunos medios tradicionales y digitales han dejado que desear aquí como canal de información, silenciando parte de la información, demostrando que todavía existe la oligarquía del papel.

Internet: miedo a la pérdida del control total

Internet es el medio. El miedo, la falta de control. Un sitio libre, democrático, accesible. Demasiado accesible.

¿Le interesa a Estados Unidos perder el control de Egipto, el control fronterizo de Israel? ¿Creen que entre unos y otros pueden convencernos de que tanto en Túnez como en Egipto no es bueno que haya una democracia porque los Hermanos Islamistas estarán en el poder? EEUU es un país con In God We Trust como lema. España es… laica (entendiendo su definición como perrita astronauta, por si hay malentendidos). ¿Nos están intentando convencer de que la representación de un partido con intereses religiosos es mala? ¿Mala para quién? ¿Para quien no puede poner a dedo a alguien que controle el país como él quiere porque el pueblo no piensa permitírselo?
Después de controlar Afganistán por las bravas, parece que una revuelta conjunta de Túnez, Egipto, Jordania y Marruecos pone en jaque muchas cosas. Mientras Estados Unidos intenta mantener el control de zonas tan distribuidas, Hugo Chávez se apresura a pedir perdón por sus errores en estos años por si acaso.

¿Le interesa a los políticos y, por ende, a las empresas que hay detrás (o delante, según el caso) perder la posibilidad de manipular las corrientes de opinión? ¿De manipular a la sociedad? ¿De mirar únicamente por sus propios intereses, olvidándose de todos aquellos que hicieron que esté ahí?

Sin duda, todos estos cambios, esto de la era digital, es un problema demasiado grande. Demasiado global.

Es una guerra fría. Una guerra abierta en la que estamos inmersos y que, según indican los últimos acontecimientos, estamos perdiendo poco a poco. Porque así nos quieren. De vuelta a 1984. Controlados. Fuera del sistema, cada vez más alejados de los órganos de decisión, de nuestros políticos, esos que elegimos democráticamente un día cada 4 años para después enviarlos a pastar al monte para que hagan lo que quieran durante los 1,460 días restantes. Cada vez más críticos con la información que nos llega. Cada vez con un sentimiento mayor de que están intentando manipularte.

Cuanta más información tenemos, más alejados de las organizaciones de poder nos sentimos. Como parias. Porque unos pocos sienten amenazados su privilegio de controlar la información y actúan en consecuencia. Sí, miedo a perder el control.

¿Te sientes libre? Siéntate a pensarlo otro rato. En el siglo XXI, año 2011, muchos no quieren que evolucionemos. Romper con la imprenta implica cambios. Cambios politicos y sociales que no están dispuestos a aceptar. Son fuertes. Nosotros, desorganizados. Son capaces de confundirnos. Y, desgraciadamente, seguiremos siendo lo que somos, esclavos del papel.