Personales

Gavilán o gaviota

El otro día el coche hizo otro intento de que lo jubiláramos. El pobre lo intenta con fuerza, pero todavía no lo ha conseguido. Ha pasado las últimas revisiones con ciertas dificultades. Nos ha estado vomitando gasolina a chorro, nos ha tenido un picotazo en el cristal, ha tenido problemas de gases… y nos ha estado dando muchos dolores de cabeza.

Esto nos enseña una gran lección: todo (todo) necesita su mantenimiento. Y si no se le hace y se van arreglando y solucionando las pequeñas cosas, cuando llega el momento de la catástrofe es de verdad catastrófica.

Esta última vez, por suerte, no ha sido grave. Estaba lloviendo. Cuando le daba al limpiaparabrisas parecía que le costaba un poco moverse. Y, en un momento dado, el limpia derecho empezó a pegar golpes. A levantarse sólo hasta medio cristal y bajando con violencia pegando un golpe, como si fuese una gaviota en la playa intentando alzar el vuelo. Torpe y tosca.

Después el momento gaviota paró, y ya no se levantó ninguno de los limpias más. Hasta que, en parado, intenté hacerlos funcionar de nuevo y me encontré con que hicieron esto.

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En cuanto dejó de llover me acerqué al taller, y… las tuercas de los limpias se habían aflojado con el agua. 5 minutos, dos apretones y a casa.

Mis clases de los viernes me enseñan también esto: lo importante que es, en algunos momentos, saber qué botón apretar.

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