Personales

Reinventando

Este año no ha sido como esperábamos. Todo nos ha salido al revés. O al menos no ha salido al derecho. O podemos decir que ha sido un desastre. O podemos escudarnos en que no ha sido tan malo dadas las circunstancias. Nos podemos engañar todo lo que queramos. En definitiva, los planes no siempre salen bien.

Profesionalmente hemos dado algunos pasos, pero no todos los que esperábamos. Sí, avanzamos. Pero a veces no tengo claro hacia dónde. Tenemos proyectos buenos, válidos, y con financiación, parados en la recámara desde hace mucho. Y mientras, cada día, seguimos haciendo lo mismo.

No soy creador. Nunca me gustó crear. No es que me dé miedo. Es que nunca fui capaz. Soy buen guitarrista, pero lo que sé es interpretar. Nunca he compuesto nada. Pero dame una partitura y el tiempo suficiente, y podrás escuchar tu música y un par de arreglos que la harán lucir mejor. Nunca tuve alma de compositor, siempre tuve alma de productor.
Traducido al código me pasa lo mismo.
Actualmente no estoy disfrutando de mi trabajo. Podemos volver a echarle la culpa a las circunstancias, pero el problema viene de más atrás.

En mi familia siempre ha habido dos ramas. Una, sanitaria. La otra, enseñanza. Mis hermanas se fueron de cabeza a la rama sanitaria, desde pequeñas. Yo me quedé curiosamente con la informática, pero con el convencimiento de que en el futuro lo que quería y tenía que hacer era difundir conocimiento. Y para poder difundir conocimiento, primero hay que tenerlo.

Desde los 14 años he trabajado siempre, sin excepción, con software libre y código abierto. Más de la mitad de mi vida he estado bebiendo del trabajo de otros y compartiendo mis entonces escasos conocimientos. Blogs, foros, y WordPress, me abrieron las puertas de distintos universos. Pero siempre aspiré a más. A, tras el tiempo de formación necesario, ser capaz de utilizar esos conocimientos en consultorías y en formación a clientes.

He tenido experiencias de formación muy interesantes. He participado como profesor en varios cursos, en 4 masters distintos, y en el futuro vienen otros dos. Y una de las experiencias más gratificantes, profesionalmente hablando, ha sido un periodo de formación WordPress in-situ para técnicos de una empresa. Es algo que me llena y con lo que disfruto. Pero el trabajo del día a día, el de picacódigos, me hace sentir vacío.

Llevo 4 meses casi sin responder al correo y al teléfono, y el último además de baja. Una avalancha de trabajo nos hizo enclaustrarnos, y una mala gestión de tiempo y recursos hizo que superáramos límites humanos que nos prometimos la última vez (otra vez) no volver a superar. Todo fue muy complicado el año pasado, y este año no ha sido mucho mejor. Nos hemos pasado el tiempo engañándonos a nosotros mismos, diciendo que estábamos trabajando por un futuro mejor, pero ese futuro nunca llega. Y, además, no puede llegar a costa de nuestras vidas y de nuestra salud.

Este último mes habré parado de trabajar de verdad unos cuatro días. Soy así. Cuando se espera algo de mí, intento cumplir. Pero también he tenido tiempo para pensar, para reflexionar, y para mirar alrededor. Y cuando miro, veo que durante estos últimos años algunos compañeros se han ido a Madrid. Otros han cruzado el charco. Australia, Londres, Estados Unidos, Ecuador, Noruega… Mis niños de los scouts están ahora en Italia, en Bruselas o en Liverpool haciendo lo que tantas veces les empujé a hacer: cumplir sus sueños. Muchos amigos se han casado. Han aumentado la familia. Perros y niños han llegado a los hogares. Han cambiado de trabajo. Unos han montando startups de éxito. Otros están haciendo funcionar las suyas con mucho trabajo y tesón. Quien tenía carreras universitarias por terminar las ha acabado. Otros las han empezado. Y mientras…

Hace siete años empecé a compartir mi vida con una persona. Desde ese momento lo he visto terminar un ciclo formativo de grado superior, una diplomatura, un grado, un máster, y empezar un doctorado. Lo he visto avanzar, como al resto de mi entorno. Realizándose. Siendo feliz. Superándose. Y mientras yo sigo aquí, en el mismo sitio, estático. Con una carrera completamente cursada pero no completada y certificada. Sintiendo que no aprendo lo suficiente. Que no enseño lo suficiente. Que dedico mi vida a terceros, cuando lo que quiero es dedicarla a segundos, enseñando de tú a tú, y a seguir creciendo como persona.

No puedo evitar pensar que estoy estancado. Tan estancado, que he dejado que esos terceros controlen mi vida hasta tal punto que, de los últimos cinco viajes programados, hemos anulado cuatro por trabajo. Y hemos dejado a Sevilla este año sin WordCamp.
Sí, en el mundo WordPress he avanzado un poco. ¿Pero hasta dónde, si no tengo tiempo de administrar el foro, de traducir, o de ayudar a desarrollar WordPress? Este último año mi aportación a la Comunidad ha sido tan mediocre que a veces hasta me da vergüenza comentar que pertenezco a ella. Es un trabajo voluntario, y cada uno hace lo que puede cuando puede, pero no cumplir compromisos adquiridos me hunde la moral.

He decidido darle solución, y empezar a sentirme bien conmigo y con lo que hago. A partir de mañana empiezo a hacer reciclaje y me convierto de nuevo en universitario, rama estudiante (de los que estudian, no de los que viven en los sindicatos). También toca empezar a asistir a eventos sociales y congresos, olvidados desde hace más de un año (excepto alguna excepción muy excepcional), así que empezaré este mismo fin de semana con EBE. Difundiré la palabra de WordPress allá donde pueda y me dejen (hay dos masters en el calendario futuro), y haré que mis alumnos salgan de mis clases sabiendo qué es el software libre y qué pueden llegar a hacer con uno de los CMS más potentes del mercado.
En definitiva, intentaré picar menos código, centrarme más en mi formación propia, y en utilizar mi experiencia para formar profesionalmente a otros. Pero, sobre todo, voy a centrarme en tener una vida.

He estado meses, años, perjudicando mi salud y rozando límites. A veces hasta el punto de casi no contarlo (y me encantaría que fuera una exageración). He estado durante mucho tiempo suspendiendo cada viaje personal por trabajo, y primando los profesionales. He estado perdiéndole el respeto a familiares y amigos, consiguiendo que ellos me lo pierdan a mí, por no estar nunca disponible. Y he estado persiguiendo un sueño profesional, sin darme cuenta de que estaba perdiendo tanto por el camino que daba igual llegar, porque iba a llegar con las manos vacías.
Ya lo dice el refrán. El que mucho abarca, poco aprieta.

De este viaje me llevo mucho (muchísimo) aprendido. Y ahora toca mirar hacia adelante. Dentro de unos días, cuando pasen las tormentas que tenemos entre manos, nos sentaremos de nuevo a redefinir nuestro futuro profesional. A intentar volver a nuestros orígenes.

En lo personal, tengo la suerte de tener a alguien a mi lado que siempre ha confiado en mí por encima de todo, y que siempre me ha apoyado. Que se ha guardado las frustraciones para él cada vez que he anulado un viaje, un evento, una comida o una salida. Que siempre ha tenido una buena cara y una sonrisa, y ha sido capaz de sacármela a mí hasta en los peores momentos. Que me ha querido incondicionalmente.
Los tres últimos aniversarios los pasamos en casa. Ñoños. Típicos de regalarnos algo, y al día siguiente a trabajar. Este año va a ser especial. Es el séptimo, el primero que celebramos después de mucho tiempo y de haber pasado por mucho, y no vamos a permitir que nada nos haga cancelarlo. Y sé que va a ser un poco extraño y excéntrico, pero… ¿alguien diría que no a cenar en su aniversario en el Moulin Rouge?

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3 comentarios sobre “Reinventando

  1. Este final de año y comienzo de curso, como se quiera ver, hay muchas personas cambiando el rumbo o intentándolo. También es país, parece un clima generalizado.
    Esto hay que hacerlo de vez en cuando para volver a recuperar la ilusión y seguir con fuerza. ¡Ánimo con la nueva etapa! PD: Y aquí estamos para lo que haiga menester.

  2. Sin duda toda una declaración de intenciones, suerte con ella. Seguro que llega a buen puerto.
    Hace tiempo yo me sentía como tú y no puse remedio, mi cuerpo, sabio, freno en seco y tuve una de las peores experiencias personales que se pueden tener, un brote psicótico. Tú has parado a tiempo. Aquello me hundió en el fango y me desconectó durante 9 meses de forma obligada, cuando volví todo estaba en su sitio y sí sin mi pareja, mi apoyo y sustente, no hubiese sido lo mismo su incondicionalidad me curó.
    Ánimo Rafa y no desistas la felicidad nos pertenece,
    Gorka

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