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El cuento de la sirenita

Hoy os voy a contar un cuento. El cuento de La Sirenita. Y perdonadme los y las que venís de nuevas, pero me va a costar ordenar todo esto. Espero que algo se entienda.

Un poco de introducción

Hace muchos años, allá por principios de siglo (y qué viejos nos hacen sentir decir esto), las redes empezaron a moverse. Todavía no existían estas cosas que hoy en día llamamos Redes Sociales, y lo que había era distinto.

En aquella época lo que se llevaban eran los foros de internet. Y, poco a poco, iban proliferando los sitios donde la gente iba haciendo un journal, un pequeño diario online donde iba contando cosas. Y así sitios como LiveJournal y blogger (que en aquella época necesitaba hosting propio) empezaban a hacerse famosos. Hasta que fue comprado y dejó paso a blogspot.

Eran también tiempos de irc, un sistema de comunicación que funcionaba por canales (como lo que tiene ahora Discord), y donde la gente entraba para charlar. Ahí muchos foreros y foreras se encontraban, reían, se entretenían, hacían amistad, y se organizaban. No sólo se jugaba al trivial en los canales. Se forjaban relaciones reales, donde la gente iba conociéndose poco a poco.
A través de estos sistemas, y a través de los comentarios de uno y otro blog, la gente también iba organizándose, y se organizaban KDDs (quedadas) y pequeños eventos que se llamaban Beers & Blogs, donde gente con blog iba a echar unas cervezas. Y los blogs crecían en los laterales, eso que llamábamos blogroll, y que no eran más que los blogs de nuestros colegas, los blogs que nos gustaban, y todos escribíamos en los de todos. Todo era menos serio y más personal, menos técnico. No había preocupación por el SEO, ni por el posicionamiento, ni por los seguidores. Era una forma de conectar con un mundo que estaba a la vez lejos y muy cerca.

Eran otros tiempos, los que escribíamos en blog éramos relativamente pocos (aquello que llamábamos la blogosfera), y muchos y muchas nos conocíamos en persona porque hacíamos por encontrarnos también en el mundo 1.0 y ponernos cara. Porque eran muchas horas de leernos, escribirnos, decirnos, e incluso amarnos. Nos cogíamos cariño. Si algo pasaba, nos preguntábamos. A partir de las 3 de la mañana (lo que nosotros llamábamos la hora bruja), en el irc, nos contábamos intimidades, vivencias, preocupaciones, y dejábamos bajadas esas defensas que todos tenemos para ser un poco más vulnerables.

Muchos y muchas nos conocimos gracias a internet. Muchos de mis amigos actuales han aparecido por internet. Algunos de los antiguos, del irc. Con algunos después hasta he montado Salones Manga. A Moi lo conocí jugando a League of Legends. A Fran lo conocí en Badoo, y quedamos por primera vez en persona después de cruzar 1723 palabras (un detalle que recuerdo porque me regaló todas nuestras conversaciones, encuadernadas, en nuestro primer aniversario). Otros son del Telegram de Pokémon Go. Un par de ellos, en Grindr. A otros, en quedadas de TwittSev y TwittMad, donde los que interactuábamos por Twitter nos poníamos cara. Todavía cuando alguno de ellos me manda un mensaje privado se me pone una sonrisa en la cara y me preguntan en casa si me está escribiendo el novio 🤣. Porque las redes en realidad son una herramienta de comunicación. Una herramienta que nos ayuda a tener cerca a todos aquellos que no tenemos justo al lado cuando a nosotros nos gustaría, pero que nos permite saber de ellos a través de perfiles, estados, historias… Que nos permite no perder el contacto. Que nos permite hablar a diario con la familia aunque esté lejos. Organizarnos. Querernos. Pero no por ello elimina la necesidad de, cuando tienes una verdadera relación de apego con alguien, querer volcarla al 1.0.

Ya no recuerdo ni cómo ni cuándo ocurrió (quien me conoce sabe que sigo sin tener bien la percepción temporal), pero también un pequeño grupo de amigas (lo escribo en femenino porque son mayoría) surgió en un momento dado porque todas seguíamos a La Sirenita. De ahí mantengo y conservo también muy buenas amistades, que hacemos por vernos siempre que podemos y que hablamos a diario, y que hemos pasado muy buenos ratos. Gente con la que incluso trabajo a día de hoy y estoy montando proyectos a futuro. Porque las cosas son siempre un poco distintas una vez que te conoces en persona. Y mira, algo bueno tenía que tener todo esto.

La Sirenita

La Sirenita apareció en nuestras vidas hace mucho, casi a principios de siglo. Ya ni recuerdo cómo. Sí recuerdo que escribíamos de forma asidua en los comentarios del blog de la Etxebarría, ese que casi cerró después de un artículo que colgó diciendo que iba a hacer una entrevista y que qué le preguntaba al susodicho (¿José Coronado?), aparte de cómo iba su tracto intestinal porque anunciaba yogures. Escribió un segundo artículo diciendo que le habían cancelado la entrevista, y empezó a entender el poder de las redes 😂. Y también recuerdo que a partir de los comentarios del blog de la Etxe (que eran prácticamente un foro) leíamos los blogs de los demás. Recuerdo con cariño también a un chico de Murcia que vivía unas aventuras curiosas. Pero todo eso ocurrió en mi bloque anterior de memoria, así que tengo muchas cosas confusas.

La Sirenita se presentó a un concurso de blogs. Muchos y muchas, que ya nos conocíamos en persona, sospechábamos qué había detrás de su blog, pero con su presentación al concurso lo confirmó. Su presencia en la red, en el blog, era su alter ego. Era una figura que utilizaba para ser irreverente, descarada, y sin filtro. De la entrevista que dio en aquella época podemos quedarnos con estas perlas:

Nuestro desdoblamiento de humanos a personajes de comic y viceversa. No te imaginas la libertad para ser canalla que te da eso.

Como somos dos enfermos, directamente nos metemos con TODO. Lo más sano de todo es no meterse con nadie y escribir sobre gatitos o sobre lo que has hecho el finde con tu cuñado pepeluis. Pero como nosotros somos dos enfermos, olvidamos ese tipo de cosas y directamente nos metemos con TODO. 

Pero hay dos que se llevan la palma. Y son estas dos. La primera:

Ser blogger es un poco triste porque aunque te sientas más importante, no te sirve absolutamente para nada. Como vas de incógnito por la vida, estás obligado a dejar el trajecito de blogger en la cabina y saludar a tu portera como cada mañana vestido de Clark Kent. 

Y esta última, que es también de 2007. Ojalá se haya dado cuenta ya.

Olvidamos que el hábito no hace al monje, igual que el poner una cursilada con muchos unicornios no te hace poeta y, desde luego, tener muchas personas que te lean a diario no te convierte en escritor

La Sirenita nunca entendió que sólo ella y un par más iban de incógnito. El resto contábamos, con más o menos gracia, cosas de nuestro entorno, de nuestra vida diaria, de nuestras preocupaciones, viajes, trabajo… Éramos (y somos) personas reales.

Después de un tiempo de blog, se cerraron los comentarios. ¿Por qué? ¿Quizá porque nos escribíamos de un blog a otro citándonos? Nah, en su caso no, porque nunca interactuaba con nadie en la vida real. Lo hizo porque le agobiaban y le quitaban tiempo (y ya había quien empezaba a cuestionar cosas). Así que el blog se quedó sin lo más importante de un blog: la conversación. Y se quedó pelado como bloc de notas donde uno pierde toda la potencia de la interactividad.

Pero llegó Twitter. ¡Sí! ¡Hazte un Twitter! Seguro que te gusta. Así podrás interactuar con tus lectoras.
Maldita idea. La Sirenita evolucionó a Mosquito y… la que ha liado el mosquito.

La historia personal

Ahora es cuando las nuevas os partís la caja (y con razón). En 2005 pasaron cosas y perdí la memoria. Por completo. Volver a pisar el mundo no fue fácil, y durante un primer tiempo, por razones que podéis suponer obvias, sólo me relacionaba con gente de mi entorno ya existente. Ellos, los médicos, y una psicóloga clínica. Y en esos momentos, fíjate tú, tienes dudas estúpidas. ¿Y si después de todo esto me he quedado medio tonto (chiste fácil que me harán mañana) y todo el mundo me está tratando en plan normal para normalizarlo? ¿Qué hago para descubrir qué es verdad?

Pues mirad qué cosa más estúpida. En Perdidos la forma de encontrarse fue encontrar un ancla. Como en Inception. Y yo busqué mi ancla. Alguien que hubiera interactuado en el pasado conmigo, no supiera nada de lo que había pasado, y que interactuara conmigo de forma normal de nuevo. Ya lo habéis adivinado seguro. Mi ancla, ni más ni menos, fue La Sirenita.

Un cruce de correos emotivo, un toma mi teléfono para lo que te haga falta, un par de me tienes aquí para lo que necesites, de verdad, y supongo ahora a posteriori que una hinchada de ego de las que hacen época.

Todo eso pasó en… 2005. Las interacciones no pararon. La vida seguía. Y llegaron Twitter y Telegram. A Fran le había hablado infinito del personaje. Eran muchos años conociéndonos (qué iluso, de verdad). Y con el Mosquito hablé mucho por Telegram. Y por Twitter. Grupos a 4, las dos parejas. Hablábamos de todo. De viajes, de ilusiones, del día a día, de mascotas… Muchas fotos nuestras y de nuestros enanos, y en tantos años sólo 2 de sus perros. Fran a veces sospechaba. Y yo, estúpido, le decía bueno, sabes que es una persona importante para mí, y si es tan críptico es porque algo querrá esconder. Ya sabes. Está enfermo, lo ha pasado mal… Es medio normal. No pasa nada si se lo respetamos.

Él medio normal, y yo medio subnormal. O entero. Durante años, incluso cuando Fran estuvo en el hospital, o un par de veces que me tocó a mí, estábamos pendientes del móvil, de hablar con su marido. No está bien. Está siendo difícil. Operaciones, líquido en el cerebro, cáncer, tiene que hacerle otro chequeo, le vuelve a operar… Ni sé cuánto nos habremos preocupado por esta supuesta familia. Tampoco sé la de veces que hemos intentado quedar con ellos. En alguna ocasión, casi nos habíamos cruzado. Otras, habíamos ido a Madrid para verlos, y ellos estaban en Barcelona porque no le habían dado el alta. Tantas y tantas y tantas veces…

Pero las enfermedades no lo eran todo. Con sus adopciones (je) fue muy parecido. En aquella época, Fran, Educador Social y TASOC, y yo, scout con muchos años con niños Asperger (ahora TEA), no paramos de recomendarle cosas para la adopción de Pedro. Sufrimos en casa una vez, y de viaje otra cuando todavía no había roaming e íbamos buscando wifis abiertas y cafeterías, crisis de Pedro en las que intentamos ayudar para que se solucionaran y estábamos pendientes del móvil y los mensajes en todo momento. De verdad. Miras ahora para atrás, y se deben haber reído a nuestra costa a pleno pulmón.

Alguien comentaba también en el foro que Esto no es Amar en tiempos revueltos, no te vas a un hospicio, te gusta la sonrisa de una niña, y te la llevas puesta. Hoy día conozco los procesos de acogida y adopción más de cerca, y el invent grita a pulmón lleno. Pero entonces no lo vimos. Estábamos centrados, perdiendo nuestro (poco) tiempo, en ayudar a una familia que creíamos cercana y que pensábamos que necesitaba nuestra ayuda. Cómo se rieron de nosotros.

El desenlace

Twitter es traicionero. Y la gente más aún. Un par de veces la gente preguntó más de la cuenta (que oye, que es normal que pase cuando cuentas tu vida con pelos y señales –y lo de los pelos es literal–) y el Mosqui saltó diciendo que quién se habían creído que eran. Nadie podía opinar sobre sus vidas sin su permiso. Ni intentar meterse. Ni darles lecciones de moralidad. Ni siquiera su opinión.
En aquella época aquello derivó en un candadito 🔒, pero hoy en día deriva en bloqueo directo. Porque en twitter, tú eliges qué leer. Y quién te lee. Y quien pueda llevarte la contraria, pues no interesa.

Esto lleva de título el desenlace, pero bien podría tener de título la debacle. No voy a hablaros mucho de las palmers, las elegidas por el SerdeLuz™ (es la siguiente digievolución de Mosquito) para seguirle. Son personas que han demostrado que pensar es algo que sólo se hace un par de días al mes (lo siento, es lo que demostráis). Imaginad. Hubo un momento hace unos veranos que quisimos hacer viral una foto de una playa sucia que subió el Mosqui (ya ves tú, prometió fotos –falsas, obviamente– si llegábamos a los 20k). Con los retuiteos, y después de ponerlo también en Facebook, apareció el autor original de la foto. Había puesto la foto dos horas antes que él en Twitter. Y todas las palmers saltaron al cuello del autor original diciéndole que borrara la foto porque la del Mosqui era la que valía. Y si seguís su twitter (después de años lo he vuelto a leer, pero leo sólo los destacados que se publican en los foros), de vez en cuando suelta alguna barbaridad, y tengo el convencimiento de que lo hace para testear hasta qué punto las palmeras le siguen de forma incondicional. A veces da mucha vergüenza ajena lo que llegan a defender. Y de verdad, como alguien había compartido ya por el foro, yo todo esto me lo imagino así:

Pero si Twitter es traicionero, Telegram lo es aún más. Aunque tuviéramos claro que Mosquito era un personaje, nos creímos que la interacción a través de mensajes privados, en grupos, las dos parejas, por Telegram… nos creimos que esa sí era real. Que aunque siguieran detrás de su pequeña máscara, estábamos hablando con las personas reales detrás de las cuentas. Qué error más imbécil.

Me está costando escribir esta parte por múltiples razones. Me dejo montones de historias y de detalles. De eso que podemos llamar, en general, estafa emocional, pero que no está penado.

Por Twitter conocéis la historia del blog. Es anecdótica. Durante años le insistí en que dejara blogspot y se hiciera un WordPress en servidor propio, para que el contenido fuera suyo y él lo controlara. A los años, me hizo caso. Me ofrecí a llevárselo todo, obviamente. Dominio, hosting y todo. Lo hice durante un tiempo. Un amigo suyo me escribió para decirme que quería que fuera un regalo compartido, y que quería pagar la mitad. Me mandó los datos de la factura. Se la envié. La pagó. Hace unos meses me pidió que le pasara todo a unos amigos suyos de una empresa que se dedica a WordPress. Hice copias de seguridad, y se lo pasé todo. Hoy ya no tenemos relación comercial. Sólo nombres, apellidos, DNIs, direcciones, contactos, y empresas que sirven para tirar hilos y enlazar cosas.

Pero cuando mi vida cambió, el Mosquito estaba ahí. Imaginad. Fran pensó muchísimas veces que si el Mosquito llevaba con un cáncer con tantas complicaciones desde los 14, que no paraba de reaparecer, estaba bien, por qué no él. Ese grupo de Telegram, que entonces y ahora estaba y está lleno de amigos muy cercanos y de confianza, lo compartíamos también con él. En ese grupo me vieron sufrir y llorar. Los tuve de apoyo. Me vieron caer y llorar. Y desesperarme. Fueron una parte importante para seguir adelante. Pero ahora, con perspectiva, puedo decir que Mosquito… digamos que se divirtió. Sí, me dedicó un artículo en su blog. El dolor no se va. No, no se va. Aprendes a vivir con él. Cuesta. Llevo dos años y medio, y tengo claro que todavía no he sido capaz de superar la fase de duelo, por diversas razones. Que al mes y poco de haberme quedado solo intentara psicoanalizarme para su proyecto final de Psicología no ayudó. Que cada palabra que dijera se la tomara por alguna razón como un ataque personal, tampoco. De nuevo, ahora con perspectiva nos suena a que quería cortar relación conmigo de raíz por alguna razón. Una persona desesperada, como yo en aquel momento, supongo que sería capaz de muchas cosas.

El día en el que terminó de enfadarse conmigo fue meses después de haberme quedado solo. Conté en mi grupo de confianza (16 personas, todas reales menos él –creo, ya no me fío–), que había tenido una relación sexual. En aquella situación, todo un logro y un avance. Todos los del grupo sabían que Fran y yo sabíamos cuáles eran nuestros estados de salud, y habíamos quedado que el quedara en pie tenía que seguir adelante lo antes posible y a toda máquina. No fue fácil. Y lo compartí con mi grupo de amigos.
Los mensajes privados a los demás diciendo de todo porque no respetaba el luto, y qué clase de persona era si hacía eso (ojo, dicho por el que sustituye gatos en dos horas) se extendieron. Mosquito, lo siento. Después de eso creer que eres hombre y gay… no cuela.
Su mensaje final fue mucho mejor. Ya no estaba en el grupo, pero leía todo lo que se escribía en él porque se lo pasaban (o tenía más identidades 🤷‍♂️). Y su despedida fue, literal, alguien que comparte esa información demuestra carencias emocionales graves. Pero vamos a ver, vamos a incluir aquí un facepalm, por favor 🤦‍♂️. Si después de 5 meses de haber perdido a mi pareja, de la forma en la que pasó, y cómo de unidos estábamos, no tengo carencias emocionales graves, a lo mejor es que estoy un pelín muerto por dentro. Pero que me lo diga quien radia los polvos en plan Minuto y resultado en Twitter y en el blog (y que hace un rato se ha puesto a escribir por Twitter que hoy vuelve el marido que qué bien que toca sexo)… pues sólo nos demuestra que gran parte de su vida es una mentira más.

Creedme, habría sido feliz sin más mosquitos en mi vida. Pero el otro día pasó algo. Pasó que tengo una cuenta de control, y Hacienda la mira al milímetro. Y me envió cosas de un trimestre que no estaban correctas. Entre ellas, una factura que yo había presentado pero la contraparte no. Esa factura era la de su blog. Esa que su amigo quería pagar a medias. Me daba un poco igual, la verdad. Yo justifico mi parte y a tomar por saco, problema suyo. Pero me dio por comprobarla. Esa factura vino en un correo que me envió alguien ajeno a todo 12 días después de haber incinerado a Fran. Y la dirección de los datos para la factura llevan a esto.

Y me vais a perdonar, pero esto mosquea. Mucho. Con la información del foro y la que ya tenía, seguir la pista no era difícil. Quien envió el correo y era ajeno a todo (o eso quise creer en su momento) no lo es tanto. Vive bajo su mismo techo. Es la prueba definitiva de que han estado riéndose en tu cara durante años, y que se han tomado a coña absolutamente todo lo que te ha pasado. 12 días después, y te pones a seguir con tus estupideces y absurdeces. Te diría que hay que tenerlos muy gordos, pero no. Después de casi 20 años, y con familia, deberías hacerle caso a todas las que te lo han dicho ya: busca ayuda profesional. Esto no es divertido. Es que no estás bien.

Ya lo comentaron en el foro. Pizarra, y a unir los puntos. Que casi todo lo que publicaba era falso ya lo sabíamos. En un flickr aparecieron casi todas las fotos que usaba. Y también que muchas de sus ilustraciones eran robadas y modificadas. Unas fotos después, un alguien a quien no le importa que le roben y usen el trabajo, una casa con nísperos, un nombre que sería una casualidad de uno entre mil millones, y un une los puntos, y ahí estás. Quién lo diría. Sabes de sobra que no se te puede acusar de estafa emocional. Ir a tu casa tampoco serviría de nada. ¿Qué ibas a hacer? Mirarme de arriba a abajo y gritar hacia adentro “¡Eh, M, baja, mira la cara del pardillo al que hemos estado engañando durante años!” y hartarte de reír en mi cara.

En esta historia no hay me pide me perdona. Hay daño ya hecho, y una parte importante para mí, irreparable. También para otras, a las que has dejado tiradas en múltiples ocasiones con la maleta preparada en la puerta para acompañaros, o ayudaros, en tantos momentos. Tampoco hay historia más allá de que cada vez más gente sepa quién eres y qué haces. Pero sí hay algo que quiero dedicarte. Para ti, para que sigas riéndote de todo. Aquí tienes esta canción.

P.S.: Sí, durante años alguien me/nos ha hecho creer que era real, hemos creado un vínculo de amistad y hemos sido empáticos hasta el punto de estar muy preocupados por la salud de otros. Supongo que los peligros de internet. Y de haber dejado que todo esto se haya hecho bola. Un scam/catfish en toda regla. Espero que no le pase a nadie más en el futuro.

P.S.2: Escrito en femenino porque son mayoría de lectoras.

Fin del interludio

23 entradas en 2017 y esta es la tercera de 2018. Casi en agosto.

No voy a decir que todavía estoy reponiéndome de nada, porque mentiría. Pero sí he estado ocupado en saber cuál es mi lugar en el mundo. En este. En el de ahora. En el que compartimos.

La realidad es la que es. Puede que dentro de 20 años, o de menos, el cambio climático nos haya hecho arder por culpa de la radiación o de las basuras. O que muramos de inanición por falta de comida por cosechas perdidas por la misma razón. O también puede que suframos una pandemia horrible porque vuelvan enfermedades gracias al movimiento antivacunas. O la gente morirá en masa por tratarse con agua con azúcar (homeopatía). O, quién sabe, que nos caigamos por el borde de nuestra tierra plana.

Incluso sin todo eso que comentaba, la vida es finita. Y hay que aprovecharla al máximo. Me he tirado los últimos 6-8 meses entre preparando cosas para el futuro y viviendo el presente, día a día, con la gente con la que me sentía y me siento más a gusto. Intentando hacer sólo lo que me apetecía en cada momento. Intentando no hacer nada por compromiso, pero a la vez siguiendo esa máxima que hace poco volví a escucharle a uno de los Javis: si alguien que te importa te pide un favor y puedes hacerlo, hazlo. Y volviendo a buscar mi lugar en el mundo. Sí, otra vez. Los cambios son revoluciones. Y uno tiene que sentirse bien con lo que hace en cada momento.

Lo que he estado haciendo hasta ahora siempre me ha encantando, y nunca lo voy a dejar. Pero también ha llegado el momento de dar rienda suelta a mis inquietudes y de ponerme a hacer cosas distintas que siempre he querido hacer. Por suerte, como siempre me ha pasado, tengo detrás una familia que siempre me apoya en cada locura que se me ocurre porque también piensan que la vida está para disfrutarla.

Me quedan en el tintero cerca de 50 borradores y muchas WordCamps que contar. Todo llegará. Por ahora me he propuesto sacar un ratito al día para volver a tener una presencia aquí. Y empiezo en un rato, contándoos mi nueva locura.

2017

Ahora que todo el mundo hace balance del año que ha pasado, me toca hacerlo a mí también. 

Este año no tengo sentimiento de fin de año. Está siendo un día más, que tengo la suerte de poder compartir de la familia. Sí, hay días especiales. Pero supongo que se diluyen cuando intentas que todos lo sean. 

Empecé 2017 diciéndole el último “te quiero” a Fran un 1 de enero a la 1 de la mañana. Lo perdí, como lo perdimos todos, dos días después. Perdí también el norte y gané dolor. Y empecé una carrera titánica para conseguir recuperar mi salud perdida.

Hoy es el último día del año. En esta carrera de fondo de 365 días, he recuperado mucho de mi salud. Cada vez que he pensado que ya estaba bien, me he encontrado que a la semana siguiente estaba aún mejor. He perdido kilos. Me he olvidado de lo que es un mareo. Una inestabilidad. Y de lo que es tener el miedo constante a que me salte el desfibrilador. En definitiva, en este año he vuelto a ganar la libertad. 

2017 ha venido con muchas pruebas a superar. Certificados de defunción, papeleos, cosas por cerrar, cuentas en redes sociales… Trabajo, trabajos perdidos, proyectos frustrados, y nuevos proyectos con nuevas perspectivas de futuro. Recoger los restos de una vida mientras recompones la tuya. 

En un determinado punto, el día de mi cumpleaños, decidí que no podía continuar. Que necesitaba hacer un reset. No podía seguir con todas las cosas que eran de los dos. Necesitaba seguir con las que fueran mías. Y decidí empezar de 0. Plantearlo todo de nuevo. Relaciones, amistades, formas de hacer las cosas… Y quien ha querido estar ha sido bienvenido.

En este 2017, sobre todo, tengo que agradecer inmensamente los compañeros de viaje que he tenido. Mi familia, por supuesto. Que ha estado ahí siempre, y cada vez que lo he necesitado. A mis amigos. A los que me acompañaron en todo el proceso, y que siguen estando a mi lado. Y a los nuevos. A los que he conocido y me han acompañado de alguna forma en este 2017, espero que sigáis estando a mi lado durante 2018. Y que, ahora que todo está mejor, nos veamos mucho más.

2018 está a la vuelta de la esquina, y mi familia política ha decidido no celebrar la Navidad. Ni este año, ni nunca más he llegado a oír. Soberana colleja os habría pegado Fran. Estos días son momentos de celebrar que podemos estar con los nuestros. Con los que quedan. La muerte es un proceso natural. A todos nos va a llegar. Lo sabíamos. Lo sabemos. Y tenemos que disfrutar el día a día al máximo. Con la gente a la que queremos. Con la gente con la que nos sentimos bien. Con quién nos sentimos acompañados y con el corazón lleno. 

2017 me ha traído varias sorpresas personales. Gente a la que he conocido mejor, y personas nuevas que han llegado a mi vida y a las que tengo que agradecerles todo lo que hacen por mí, y el tiempo que han pasado conmigo.

El destino es caprichoso. Alguna vez lo conté. Fran y yo, siendo vecinos, nos conocimos por Badoo. Bendito internet. Y quizá esta historia de 2017 habría sido distinta si un día 1 de mayo no me hubiera atrevido a mandar un mensaje. O si un 30 de mayo alguien no hubiera querido quedar conmigo para tomar algo. Pero pasó. Nos vimos. Conectamos. Repetimos. Me encontré con una persona que quiso preocuparse por mí. Que quiso que yo fuera importante para él y para su vida. Que me aceptó cerca con todas las taras y problemas que tenía sobre mí en ese momento. Y ahora puedo decir que tengo uno de los mejores amigos que podría desear. Alguien que no quiero que esté conmigo también en 2018, sino durante el resto de mi vida. Un amigo de esos que son para siempre. Uno entre un millón. 

2018 va a ser un año distinto. Con salud, convicciones, la cabeza clara, y con la mirada hacia adelante. Hemos aprendido mucho en 2017. No olvidamos a los que se quedaron en el camino. Ahora, nuestro proyecto sigue. Vamos a seguir preocupándonos por los que son, y por los que están. Por los que quieren estar con nosotros. Y por los que nos hacen estar felices todo el día sólo con estar cerca aunque te canses de oír es que te ríes por todo. 

Si queréis sacarle a todo esto una moraleja, aquí va. 

  • Vivid. Intensamente. Con control, pero con fuerza y determinación. 
  • Disfrutad. De todo. 
  • Reíd. Y buscad siempre el lado positivo de las cosas. 
  • Amad. También a los amigos. 
  • Dejaos conocer. Y daos la oportunidad de conocer a gente nueva. Hay diamantes ahí afuera. 
  • Recordad el pasado. Aprended de él. Pero no permitáis que dicte vuestro futuro. Ese es sólo vuestro. 

Y os equivocaréis en decisiones, y necesitaréis ayuda. Y entonces, ahí, estarán los amigos. Vuestra familia de elecciónY de la mía, aunque dispersa, no puedo estar más orgulloso

Gracias por haber hecho de este 2017 un año de transición estupendo. Mañana, al otro lado, seguiremos caminando juntos. De nuevo, gracias por todo. 

Aires de cambio

Ayer fue uno de esos días raros.

Ayer Fran y yo habríamos celebrado 10 años juntos. Ya os imagináis, sentimientos a flor de piel y todas esas cosas. Así que decidí, cuando terminé de trabajar, quitarle el sonido al móvil (bendito modo prioridad) y dedicarme el resto del día para mí.

Aún así, estuve un buen rato también escribiéndome con un buen amigo. Recordándole, y recordándome, por qué somos amigos. Por qué nos queremos. Y por qué nos necesitamos. Es curioso cómo alguien llega a tu vida y simplemente conectáis. A él le recordé por qué era importante a la hora de comer. Y por la tarde me tocaba a mí.

Ayer estuve recordando cómo conecté con Fran. Me tiré en el sofá con el ordenador, y me puse a revisar antiguas fotos. De nuestros viajes. De nuestros aniversarios. De aquel que pasamos en el campo, con la chimenea, viendo House en blanco y negro en una tele antigua con los cables de AV conectados a una PSP Go. Los de Londres. Los de París. El espectáculo del Moulin Rouge. El sitio donde comíamos bagels todas las mañanas… Fotos y fotos y fotos que pensé que iban a traerme un día de esos que te hacen estar regular.Y fue todo lo contrario.

Ayer me encontré viendo fotos con la ilusión de quien rememora un viaje y se lo está contando a los amigos. Me descubrí pensando en gente que me gustaría que hubiera estado aquí ayer mientras hacía ese recorrido por el pasado, y pensando en voz alta esto tenemos que hacerlo juntos ahí tenemos que ir juntos.

Estos días sé que no van a ser fáciles. Nunca voy a olvidar ese día 1 de enero a la 1 de la mañana, la última vez que Fran y yo nos dijimos te quiero. Pero sí voy a olvidar las noches de hospital. Las carreras, los agobios, los sofocos. Y todo eso que no sirve para nada y que no son buenos recuerdos.
Y los voy a olvidar, en gran parte, porque vosotros estáis aquí. Los amigos de siempre, y los nuevos que he hecho en el camino. Los que no me habéis dejado caer. Los que habéis estado apoyándome durante meses a cada paso. Los que habéis puesto empeño en hacerme sonreír. En ver más allá, y más adentro. A los que me habéis enseñado, de nuevo, a vivir. A quedarme, como siempre, sólo con los buenos recuerdos. Y a aprender de todos los demás, y desterrarlos de mi vida.

La lista es más larga de lo que creía. Moi, César, Inés, Javi, Lorena, Carlos, Diego, Silvia, María, Olga, Isra, Pedro… Y, por supuesto, mi familia. Que siempre está. Contra viento y marea. Gracias por estar ahí y seguir estando. Esto va remontando cada vez un poco más, y espero que el año que viene sea un año maravilloso para todos.

El caso Dyson

Hace unos días, mientras preparamos la gran aventura de fin de año que ya os contaré, abrimos un canal de descuentos de Amazon en Telegram. Un pequeño experimento que alimentamos a través de un parser, se almacena en WordPress, y el sistema publica en Telegram, Twitter y Facebook a través de un sistema de cola con pautas horarias.

Pues bien. Una usuaria me ha mandado una mega oferta. Pongo primero la conversación completa y después comentamos.

– Eh, eh, un 90% de descuento en todos los productos. Todos Dyson. Haces click y te lleva a la página de Dyson.
– Suena super raro. ¿Me pasas el enlace?.
– Claro. Toma.
– ¿Seguro que es de Dyson?
– Todos los productos son de Dyson. Además, he tenido que registrarme.

Suena raro porque una marca como Dyson de principio no tienen la posibilidad de ofrecer descuentos de ese tipo. Y si la tuviera, y su coste de producción fuera ese, nunca te lo diría.
Premisa número 1: una marca asentada nunca pierde dinero.

Entramos en la página. &&$(·&.club (no le voy a dar un enlace). Mal. Y http simple. Primera sospecha. Ofertas y todos los productos son de Dyson. Bien. Pero eso no lo convierte en una página de Dyson.
El menú en ordenador es un menú móvil. Saben quién es su mercado. Porque en un móvil eso de las urls se difumina aún más. Quien entre por un enlace de Facebook ya está en la primera fase de la trampa. Y tienen un título que también puede inducir a engaño.

Pero todo eso lo veo yo. Quien me ha pasado el enlace lo ha visto desde dentro del Facebook, a través de un enlace, y lo que ha visto ha sido esto:

Como veis, Facebook os enseña la URL de la página, pero tan pequeña, que es casi invisible. Para que no estorbe. Sí, Facebook, ya sabemos lo poco que te importan tu usuarios si hacen cosas fuera de tu red, no hace falta que nos lo repitas a diario…

Así que recomendación para grabaros a fuego: abrid siempre la página en el navegador. Eso os va a permitir hacer las siguientes comprobaciones, que son básicas.

Sigo con el análisis de la página. Hacemos scroll. Enlaces sociales. Pasamos por encima, y todos vacíos. Alerta roja. ¿Una tienda con sus canales sociales vacíos? ¿Habiendo llegado desde Facebook? Imposible.

Seguimos. Páginas legales. Plantillas. Escritas con la primera letra siempre mayúscula para estorbar a la legibilidad. Busco algo que siempre miro: quién es quien me está vendiendo los productos. Información de la empresa que vende: 0. Llamad a la policía de internet.

Pero vamos a terminar. Me registro en la web. El correo de registro va a SPAM (bueno, puede ser). Título: Welcome to – [Dyson site]. De ahí viene el me he registrado en la página de Dyson. Pero está mal estructurado, la web no tienen nombre. Contraseña visible (qué mal acostumbrados nos tiene WordPress a hacer estas cosas de forma segura por si alguien nos coge el móvil o nos mira el correo). Y el correo de la tienda, una cuenta de Gmail. Que no vamos a investigar, porque ya tenemos demasiadas alertas que nos dicen que no sigamos adelante.

Aún así, vamos a la última. Página de pago. http. A ver. No. NO. Nein. Niente. Ez. Iie. Una página de pago tiene que estar en https. Y no puede estar en https tachado como las página de la Junta de Andalucía o de la UPO (chapuceros…). Tiene que saliros en verde, con candado, y con la información de la empresa, que es a quien compráis. Esto os da garantía de que existe y de que tenéis posibilidad de reclamación.

Para aclararnos, una tienda debería mostraros algo tal que así:

El candado, y la información de la empresa. En el móvil no es tan visible (hay cosas que mejorar ahí, señores de Android). Pero podemos encontrar esa información también si pulsamos sobre el candado, y después en los detalles del certificado.

La diferencia con un certificado como el que tengo yo en esta web, que es sólo de seguridad, se vería así.

En móvil no es tan fácil de distinguir a simple vista, pero si compráis por internet, hacedlo de forma segura. Y si no lo tenéis muy claro, hablad con soporte (en este caso que vemos de Dyson no podríais, porque la página no tiene) y pedid una dirección para pagar por PayPal. PayPal crea una factura de forma automática y os ofrece la opción de reclamación y devolución del dinero, cosa que vuestro banco la mayoría de las veces no os podrá ofrecer si habéis pagado con tarjeta y habéis introducido los datos.

P.D.: Ya para rematar, miré los datos del dominio.

Registrant Name: zphatss
Registrant Organization: N/A
Registrant Street: sdsdsdsds
Registrant Street: 1685146981
Registrant Street:
Registrant City: sdfdfdsf
Registrant State/Province: Gansu
Registrant Postal Code: 325100
Registrant Country: CN
Registrant Phone: +86.13178238597
Registrant Phone Ext:
Registrant Fax:
Registrant Fax Ext:
Registrant Email: 1685146981@qq.com

Puede que el móvil exista. Pero lo demás…

– ¿Ya has comprado?
– Esto….
– Llama a tu banco. A ver si lo pueden anular.

Fines de semana

El progreso es real. Puedo decir por fin que puedo salir un fin de semana (o una noche) sin después ser una piltrafa y/o medio morir en el intento. Los primeros intentos fueron bastante regular, pero los posteriores han ido mejorando de forma exponencial. No es que todo haya venido de golpe, es el resultado de muchos mesecitos de trabajo. Y se nota.

Recuperar tu vida nocturna a los 35 puede parecer un poco raro. Pero qué queréis que os diga. Me gustan las noches de chimenea, peli y manta, pero también me gusta salir a bailar sin parar. Muchos dicen que la edad es sólo un número. No es verdad. La edad es experiencia (sobre todo), pero nuestro cuerpo también la acumula, y tenemos que ser conscientes de eso.

Pero esta entrada no iba de eso. Ni de los fines de semana. El jueves estuve organizando cosas en casa. Fotos, cajas… Mil cosas que uno acumula en una vida y en tantos años de experiencias. Tantas cosas vividas, con tanta gente distinta. Antiguas, y muy nuevas. Recuerdos de todo tipo.
Ya me pasó la última vez que paseábamos por Cádiz, tras la WordCamp Chiclana. Pasar por sus calles, y volver 12 años atrás y recordar las noches que pasé por allí, momentos puntuales, noches que quedaron para el recuerdo, vivencias… Y entonces tuve un arrebato.

Cogí el móvil y le mandé un audio a Moi. De esos que te aburren y que en los grupos de Telegram tengo prohibidos a no ser que no estés en condiciones de escribir por grado etílico acusado. Un audio demasiado largo para un mensaje bastante claro: Me he puesto a hacer balance de todo, y eres lo mejor que me ha pasado en 2017. Es uno de esos mensajes que mandas a tu mejor amigo, o a alguien que te ha hecho sentir distinto, el día 24 por la noche, o el día de año nuevo. Pero yo soy así. Cuando me viene, lo suelto. Vete tú a saber qué pasa mañana, y me quedo sin habértelo dicho.

El viernes, el día después de aquel mensaje, fui a un concierto de Pylar (toca en el grupo un amigo y compañero), y me encontré con Karlos. Hacía unos años que no nos veíamos en persona (por redes, a diario, pero no es lo mismo), y nos pusimos a charlar. Estaba curiosamente extrañado de verme tan bien. El duelo para una cosa como la tuya es normalmente de más de 2 años. Y mírate. Sí. Un centenar de cosas van por dentro. Y de vez en cuando te remueven. Pero en general, el avance ha sido claro. Y, en gran parte, por ese lo mejor que me ha pasado en 2017, que me ha ayudado a ver las cosas de otra forma, con otra perspectiva. A darle a todo la vuelta. A hacer que no me importen las cosas que no son importantes. Y más curioso, a hacer que no sean importantes para mí las cosas que son importantes para otras personas, pero que no tienen nada que ver conmigo. Todo un arte y un quita estrés. Moi me ha re-enseñado también, de forma consciente, a volver a controlar y ser dueño de mis sentimientos. Y eso es uno de esos regalos que te hace la vida que son realmente impagables. Haga lo que haga, nunca voy a ser capaz de devolverle ni una parte de todo lo que me ha dado. Siempre le agradeceré su disposición continua y su altruismo (aunque no se lo diga –muy a menudo–). Quedan buenas personas en el mundo, de esas que te hacen sentir lleno por dentro cuando las tienes cerca, y he tenido la suerte de encontrarme con una en mi camino. Tengo además la suerte de que nuestros caminos se cruzan a menudo y nos podemos llamar amigos. Me ha tocado la lotería.

El viernes también le comentaba a Karlos que la separación era necesaria. Lo he comentado alguna vez en el blog. Hay gente nueva en mi vida que me ha ayudado muchísimo en esta etapa. Y he tenido claro desde el principio que tenía que ser así. Que si quería avanzar de verdad, tenía que ser con gente que me conociera de nuevo, que no tuvieran ni el lastre ni el pensamiento del pasado, y que fueran capaces de verme como persona. Es, en parte, aplicar la filosofía de Fran de no contarle a nadie su situación médica para que no le miraran de otra manera. Poco a poco me voy sintiendo más libre y cómodo con la idea de volver a ver a los de siempre y que no estemos arrastrando una nube negra detrás con nosotros. Poco a poco estoy volviendo a visitar mis antiguos círculos, y también estoy creando nuevos.

Poco a poco se acerca el futuro. Y las perspectivas son cada vez mejores.