Fin del interludio

23 entradas en 2017 y esta es la tercera de 2018. Casi en agosto.

No voy a decir que todavía estoy reponiéndome de nada, porque mentiría. Pero sí he estado ocupado en saber cuál es mi lugar en el mundo. En este. En el de ahora. En el que compartimos.

La realidad es la que es. Puede que dentro de 20 años, o de menos, el cambio climático nos haya hecho arder por culpa de la radiación o de las basuras. O que muramos de inanición por falta de comida por cosechas perdidas por la misma razón. O también puede que suframos una pandemia horrible porque vuelvan enfermedades gracias al movimiento antivacunas. O la gente morirá en masa por tratarse con agua con azúcar (homeopatía). O, quién sabe, que nos caigamos por el borde de nuestra tierra plana.

Incluso sin todo eso que comentaba, la vida es finita. Y hay que aprovecharla al máximo. Me he tirado los últimos 6-8 meses entre preparando cosas para el futuro y viviendo el presente, día a día, con la gente con la que me sentía y me siento más a gusto. Intentando hacer sólo lo que me apetecía en cada momento. Intentando no hacer nada por compromiso, pero a la vez siguiendo esa máxima que hace poco volví a escucharle a uno de los Javis: si alguien que te importa te pide un favor y puedes hacerlo, hazlo. Y volviendo a buscar mi lugar en el mundo. Sí, otra vez. Los cambios son revoluciones. Y uno tiene que sentirse bien con lo que hace en cada momento.

Lo que he estado haciendo hasta ahora siempre me ha encantando, y nunca lo voy a dejar. Pero también ha llegado el momento de dar rienda suelta a mis inquietudes y de ponerme a hacer cosas distintas que siempre he querido hacer. Por suerte, como siempre me ha pasado, tengo detrás una familia que siempre me apoya en cada locura que se me ocurre porque también piensan que la vida está para disfrutarla.

Me quedan en el tintero cerca de 50 borradores y muchas WordCamps que contar. Todo llegará. Por ahora me he propuesto sacar un ratito al día para volver a tener una presencia aquí. Y empiezo en un rato, contándoos mi nueva locura.

 

2017

Ahora que todo el mundo hace balance del año que ha pasado, me toca hacerlo a mí también. 

Este año no tengo sentimiento de fin de año. Está siendo un día más, que tengo la suerte de poder compartir de la familia. Sí, hay días especiales. Pero supongo que se diluyen cuando intentas que todos lo sean. 

Empecé 2017 diciéndole el último “te quiero” a Fran un 1 de enero a la 1 de la mañana. Lo perdí, como lo perdimos todos, dos días después. Perdí también el norte y gané dolor. Y empecé una carrera titánica para conseguir recuperar mi salud perdida.

Hoy es el último día del año. En esta carrera de fondo de 365 días, he recuperado mucho de mi salud. Cada vez que he pensado que ya estaba bien, me he encontrado que a la semana siguiente estaba aún mejor. He perdido kilos. Me he olvidado de lo que es un mareo. Una inestabilidad. Y de lo que es tener el miedo constante a que me salte el desfibrilador. En definitiva, en este año he vuelto a ganar la libertad. 

2017 ha venido con muchas pruebas a superar. Certificados de defunción, papeleos, cosas por cerrar, cuentas en redes sociales… Trabajo, trabajos perdidos, proyectos frustrados, y nuevos proyectos con nuevas perspectivas de futuro. Recoger los restos de una vida mientras recompones la tuya. 

En un determinado punto, el día de mi cumpleaños, decidí que no podía continuar. Que necesitaba hacer un reset. No podía seguir con todas las cosas que eran de los dos. Necesitaba seguir con las que fueran mías. Y decidí empezar de 0. Plantearlo todo de nuevo. Relaciones, amistades, formas de hacer las cosas… Y quien ha querido estar ha sido bienvenido.

En este 2017, sobre todo, tengo que agradecer inmensamente los compañeros de viaje que he tenido. Mi familia, por supuesto. Que ha estado ahí siempre, y cada vez que lo he necesitado. A mis amigos. A los que me acompañaron en todo el proceso, y que siguen estando a mi lado. Y a los nuevos. A los que he conocido y me han acompañado de alguna forma en este 2017, espero que sigáis estando a mi lado durante 2018. Y que, ahora que todo está mejor, nos veamos mucho más.

2018 está a la vuelta de la esquina, y mi familia política ha decidido no celebrar la Navidad. Ni este año, ni nunca más he llegado a oír. Soberana colleja os habría pegado Fran. Estos días son momentos de celebrar que podemos estar con los nuestros. Con los que quedan. La muerte es un proceso natural. A todos nos va a llegar. Lo sabíamos. Lo sabemos. Y tenemos que disfrutar el día a día al máximo. Con la gente a la que queremos. Con la gente con la que nos sentimos bien. Con quién nos sentimos acompañados y con el corazón lleno. 

2017 me ha traído varias sorpresas personales. Gente a la que he conocido mejor, y personas nuevas que han llegado a mi vida y a las que tengo que agradecerles todo lo que hacen por mí, y el tiempo que han pasado conmigo.

El destino es caprichoso. Alguna vez lo conté. Fran y yo, siendo vecinos, nos conocimos por Badoo. Bendito internet. Y quizá esta historia de 2017 habría sido distinta si un día 1 de mayo no me hubiera atrevido a mandar un mensaje. O si un 30 de mayo alguien no hubiera querido quedar conmigo para tomar algo. Pero pasó. Nos vimos. Conectamos. Repetimos. Me encontré con una persona que quiso preocuparse por mí. Que quiso que yo fuera importante para él y para su vida. Que me aceptó cerca con todas las taras y problemas que tenía sobre mí en ese momento. Y ahora puedo decir que tengo uno de los mejores amigos que podría desear. Alguien que no quiero que esté conmigo también en 2018, sino durante el resto de mi vida. Un amigo de esos que son para siempre. Uno entre un millón. 

2018 va a ser un año distinto. Con salud, convicciones, la cabeza clara, y con la mirada hacia adelante. Hemos aprendido mucho en 2017. No olvidamos a los que se quedaron en el camino. Ahora, nuestro proyecto sigue. Vamos a seguir preocupándonos por los que son, y por los que están. Por los que quieren estar con nosotros. Y por los que nos hacen estar felices todo el día sólo con estar cerca aunque te canses de oír es que te ríes por todo. 

Si queréis sacarle a todo esto una moraleja, aquí va. 

  • Vivid. Intensamente. Con control, pero con fuerza y determinación. 
  • Disfrutad. De todo. 
  • Reíd. Y buscad siempre el lado positivo de las cosas. 
  • Amad. También a los amigos. 
  • Dejaos conocer. Y daos la oportunidad de conocer a gente nueva. Hay diamantes ahí afuera. 
  • Recordad el pasado. Aprended de él. Pero no permitáis que dicte vuestro futuro. Ese es sólo vuestro. 

Y os equivocaréis en decisiones, y necesitaréis ayuda. Y entonces, ahí, estarán los amigos. Vuestra familia de elecciónY de la mía, aunque dispersa, no puedo estar más orgulloso

Gracias por haber hecho de este 2017 un año de transición estupendo. Mañana, al otro lado, seguiremos caminando juntos. De nuevo, gracias por todo. 

 

Aires de cambio

Ayer fue uno de esos días raros.

Ayer Fran y yo habríamos celebrado 10 años juntos. Ya os imagináis, sentimientos a flor de piel y todas esas cosas. Así que decidí, cuando terminé de trabajar, quitarle el sonido al móvil (bendito modo prioridad) y dedicarme el resto del día para mí.

Aún así, estuve un buen rato también escribiéndome con un buen amigo. Recordándole, y recordándome, por qué somos amigos. Por qué nos queremos. Y por qué nos necesitamos. Es curioso cómo alguien llega a tu vida y simplemente conectáis. A él le recordé por qué era importante a la hora de comer. Y por la tarde me tocaba a mí.

Ayer estuve recordando cómo conecté con Fran. Me tiré en el sofá con el ordenador, y me puse a revisar antiguas fotos. De nuestros viajes. De nuestros aniversarios. De aquel que pasamos en el campo, con la chimenea, viendo House en blanco y negro en una tele antigua con los cables de AV conectados a una PSP Go. Los de Londres. Los de París. El espectáculo del Moulin Rouge. El sitio donde comíamos bagels todas las mañanas… Fotos y fotos y fotos que pensé que iban a traerme un día de esos que te hacen estar regular.Y fue todo lo contrario.

Ayer me encontré viendo fotos con la ilusión de quien rememora un viaje y se lo está contando a los amigos. Me descubrí pensando en gente que me gustaría que hubiera estado aquí ayer mientras hacía ese recorrido por el pasado, y pensando en voz alta esto tenemos que hacerlo juntos ahí tenemos que ir juntos.

Estos días sé que no van a ser fáciles. Nunca voy a olvidar ese día 1 de enero a la 1 de la mañana, la última vez que Fran y yo nos dijimos te quiero. Pero sí voy a olvidar las noches de hospital. Las carreras, los agobios, los sofocos. Y todo eso que no sirve para nada y que no son buenos recuerdos.
Y los voy a olvidar, en gran parte, porque vosotros estáis aquí. Los amigos de siempre, y los nuevos que he hecho en el camino. Los que no me habéis dejado caer. Los que habéis estado apoyándome durante meses a cada paso. Los que habéis puesto empeño en hacerme sonreír. En ver más allá, y más adentro. A los que me habéis enseñado, de nuevo, a vivir. A quedarme, como siempre, sólo con los buenos recuerdos. Y a aprender de todos los demás, y desterrarlos de mi vida.

La lista es más larga de lo que creía. Moi, César, Inés, Javi, Lorena, Carlos, Diego, Silvia, María, Olga, Isra, Pedro… Y, por supuesto, mi familia. Que siempre está. Contra viento y marea. Gracias por estar ahí y seguir estando. Esto va remontando cada vez un poco más, y espero que el año que viene sea un año maravilloso para todos.

 

El caso Dyson

Hace unos días, mientras preparamos la gran aventura de fin de año que ya os contaré, abrimos un canal de descuentos de Amazon en Telegram. Un pequeño experimento que alimentamos a través de un parser, se almacena en WordPress, y el sistema publica en Telegram, Twitter y Facebook a través de un sistema de cola con pautas horarias.

Pues bien. Una usuaria me ha mandado una mega oferta. Pongo primero la conversación completa y después comentamos.

– Eh, eh, un 90% de descuento en todos los productos. Todos Dyson. Haces click y te lleva a la página de Dyson.
– Suena super raro. ¿Me pasas el enlace?.
– Claro. Toma.
– ¿Seguro que es de Dyson?
– Todos los productos son de Dyson. Además, he tenido que registrarme.

Suena raro porque una marca como Dyson de principio no tienen la posibilidad de ofrecer descuentos de ese tipo. Y si la tuviera, y su coste de producción fuera ese, nunca te lo diría.
Premisa número 1: una marca asentada nunca pierde dinero.

Entramos en la página. &&$(·&.club (no le voy a dar un enlace). Mal. Y http simple. Primera sospecha. Ofertas y todos los productos son de Dyson. Bien. Pero eso no lo convierte en una página de Dyson.
El menú en ordenador es un menú móvil. Saben quién es su mercado. Porque en un móvil eso de las urls se difumina aún más. Quien entre por un enlace de Facebook ya está en la primera fase de la trampa. Y tienen un título que también puede inducir a engaño.

Pero todo eso lo veo yo. Quien me ha pasado el enlace lo ha visto desde dentro del Facebook, a través de un enlace, y lo que ha visto ha sido esto:

Como veis, Facebook os enseña la URL de la página, pero tan pequeña, que es casi invisible. Para que no estorbe. Sí, Facebook, ya sabemos lo poco que te importan tu usuarios si hacen cosas fuera de tu red, no hace falta que nos lo repitas a diario…

Así que recomendación para grabaros a fuego: abrid siempre la página en el navegador. Eso os va a permitir hacer las siguientes comprobaciones, que son básicas.

Sigo con el análisis de la página. Hacemos scroll. Enlaces sociales. Pasamos por encima, y todos vacíos. Alerta roja. ¿Una tienda con sus canales sociales vacíos? ¿Habiendo llegado desde Facebook? Imposible.

Seguimos. Páginas legales. Plantillas. Escritas con la primera letra siempre mayúscula para estorbar a la legibilidad. Busco algo que siempre miro: quién es quien me está vendiendo los productos. Información de la empresa que vende: 0. Llamad a la policía de internet.

Pero vamos a terminar. Me registro en la web. El correo de registro va a SPAM (bueno, puede ser). Título: Welcome to – [Dyson site]. De ahí viene el me he registrado en la página de Dyson. Pero está mal estructurado, la web no tienen nombre. Contraseña visible (qué mal acostumbrados nos tiene WordPress a hacer estas cosas de forma segura por si alguien nos coge el móvil o nos mira el correo). Y el correo de la tienda, una cuenta de Gmail. Que no vamos a investigar, porque ya tenemos demasiadas alertas que nos dicen que no sigamos adelante.

Aún así, vamos a la última. Página de pago. http. A ver. No. NO. Nein. Niente. Ez. Iie. Una página de pago tiene que estar en https. Y no puede estar en https tachado como las página de la Junta de Andalucía o de la UPO (chapuceros…). Tiene que saliros en verde, con candado, y con la información de la empresa, que es a quien compráis. Esto os da garantía de que existe y de que tenéis posibilidad de reclamación.

Para aclararnos, una tienda debería mostraros algo tal que así:

El candado, y la información de la empresa. En el móvil no es tan visible (hay cosas que mejorar ahí, señores de Android). Pero podemos encontrar esa información también si pulsamos sobre el candado, y después en los detalles del certificado.

La diferencia con un certificado como el que tengo yo en esta web, que es sólo de seguridad, se vería así.

En móvil no es tan fácil de distinguir a simple vista, pero si compráis por internet, hacedlo de forma segura. Y si no lo tenéis muy claro, hablad con soporte (en este caso que vemos de Dyson no podríais, porque la página no tiene) y pedid una dirección para pagar por PayPal. PayPal crea una factura de forma automática y os ofrece la opción de reclamación y devolución del dinero, cosa que vuestro banco la mayoría de las veces no os podrá ofrecer si habéis pagado con tarjeta y habéis introducido los datos.

P.D.: Ya para rematar, miré los datos del dominio.

Registrant Name: zphatss
Registrant Organization: N/A
Registrant Street: sdsdsdsds
Registrant Street: 1685146981
Registrant Street:
Registrant City: sdfdfdsf
Registrant State/Province: Gansu
Registrant Postal Code: 325100
Registrant Country: CN
Registrant Phone: +86.13178238597
Registrant Phone Ext:
Registrant Fax:
Registrant Fax Ext:
Registrant Email: 1685146981@qq.com

Puede que el móvil exista. Pero lo demás…

– ¿Ya has comprado?
– Esto….
– Llama a tu banco. A ver si lo pueden anular.

 

Fines de semana

El progreso es real. Puedo decir por fin que puedo salir un fin de semana (o una noche) sin después ser una piltrafa y/o medio morir en el intento. Los primeros intentos fueron bastante regular, pero los posteriores han ido mejorando de forma exponencial. No es que todo haya venido de golpe, es el resultado de muchos mesecitos de trabajo. Y se nota.

Recuperar tu vida nocturna a los 35 puede parecer un poco raro. Pero qué queréis que os diga. Me gustan las noches de chimenea, peli y manta, pero también me gusta salir a bailar sin parar. Muchos dicen que la edad es sólo un número. No es verdad. La edad es experiencia (sobre todo), pero nuestro cuerpo también la acumula, y tenemos que ser conscientes de eso.

Pero esta entrada no iba de eso. Ni de los fines de semana. El jueves estuve organizando cosas en casa. Fotos, cajas… Mil cosas que uno acumula en una vida y en tantos años de experiencias. Tantas cosas vividas, con tanta gente distinta. Antiguas, y muy nuevas. Recuerdos de todo tipo.
Ya me pasó la última vez que paseábamos por Cádiz, tras la WordCamp Chiclana. Pasar por sus calles, y volver 12 años atrás y recordar las noches que pasé por allí, momentos puntuales, noches que quedaron para el recuerdo, vivencias… Y entonces tuve un arrebato.

Cogí el móvil y le mandé un audio a Moi. De esos que te aburren y que en los grupos de Telegram tengo prohibidos a no ser que no estés en condiciones de escribir por grado etílico acusado. Un audio demasiado largo para un mensaje bastante claro: Me he puesto a hacer balance de todo, y eres lo mejor que me ha pasado en 2017. Es uno de esos mensajes que mandas a tu mejor amigo, o a alguien que te ha hecho sentir distinto, el día 24 por la noche, o el día de año nuevo. Pero yo soy así. Cuando me viene, lo suelto. Vete tú a saber qué pasa mañana, y me quedo sin habértelo dicho.

El viernes, el día después de aquel mensaje, fui a un concierto de Pylar (toca en el grupo un amigo y compañero), y me encontré con Karlos. Hacía unos años que no nos veíamos en persona (por redes, a diario, pero no es lo mismo), y nos pusimos a charlar. Estaba curiosamente extrañado de verme tan bien. El duelo para una cosa como la tuya es normalmente de más de 2 años. Y mírate. Sí. Un centenar de cosas van por dentro. Y de vez en cuando te remueven. Pero en general, el avance ha sido claro. Y, en gran parte, por ese lo mejor que me ha pasado en 2017, que me ha ayudado a ver las cosas de otra forma, con otra perspectiva. A darle a todo la vuelta. A hacer que no me importen las cosas que no son importantes. Y más curioso, a hacer que no sean importantes para mí las cosas que son importantes para otras personas, pero que no tienen nada que ver conmigo. Todo un arte y un quita estrés. Moi me ha re-enseñado también, de forma consciente, a volver a controlar y ser dueño de mis sentimientos. Y eso es uno de esos regalos que te hace la vida que son realmente impagables. Haga lo que haga, nunca voy a ser capaz de devolverle ni una parte de todo lo que me ha dado. Siempre le agradeceré su disposición continua y su altruismo (aunque no se lo diga –muy a menudo–). Quedan buenas personas en el mundo, de esas que te hacen sentir lleno por dentro cuando las tienes cerca, y he tenido la suerte de encontrarme con una en mi camino. Tengo además la suerte de que nuestros caminos se cruzan a menudo y nos podemos llamar amigos. Me ha tocado la lotería.

El viernes también le comentaba a Karlos que la separación era necesaria. Lo he comentado alguna vez en el blog. Hay gente nueva en mi vida que me ha ayudado muchísimo en esta etapa. Y he tenido claro desde el principio que tenía que ser así. Que si quería avanzar de verdad, tenía que ser con gente que me conociera de nuevo, que no tuvieran ni el lastre ni el pensamiento del pasado, y que fueran capaces de verme como persona. Es, en parte, aplicar la filosofía de Fran de no contarle a nadie su situación médica para que no le miraran de otra manera. Poco a poco me voy sintiendo más libre y cómodo con la idea de volver a ver a los de siempre y que no estemos arrastrando una nube negra detrás con nosotros. Poco a poco estoy volviendo a visitar mis antiguos círculos, y también estoy creando nuevos.

Poco a poco se acerca el futuro. Y las perspectivas son cada vez mejores.

 

El día en que te apagues

Hoy ha sido un día raro. Son las 8 de la tarde, y estoy en pijama en el salón. Va a ser el primer día en muchos meses que no voy a cumplir con mis kilómetros, y que no voy a cumplir con nada. Hoy toca día libre.

Hoy me tocaba revisión. Venía con mis nervios habituales, esas cosas que no puedes evitar. Siempre tienes la cosilla de qué te van a decir. De si el desfibrilador sigue funcionando. De si aquella noche te acercaste demasiado a aquel altavoz y el imán le afectó. De si aquel día te acercaste demasiado a la cocina de inducción… Esas cosas que te dices que no importan demasiado porque lo tienes controlado, pero en realidad sabes que sí importan porque no tienes un corazón normofuncionante.

Ayer fue un día extraño. Aunque en realidad fue una semana extraña. Una semana llena de trabajo, una mañana de favores y carreras, algo de nervios por una entrega, trabajos de cosplay, quedadas de organización… Y a todo eso le unimos un fin de semana de dormir poco (muy poco), presentaciones de libros, conciertos, y salidas nocturnas. El domingo debería haberme tirado todo el día dormitando en el sofá, y en cambio me hice mis kilómetros con el Pongo, y no dormí casi nada con el cambio de hora. Lo intenté, pero al final, después de toda una noche sin dormir y la falta de sueño, conseguí echar tres cutres siestas a lo largo del día. Nada productivo.

Esta mañana el cansancio ha hecho de las suyas, y en el paseo de la mañana me ha pegado el bajón. Normal y habitual después de todo lo que ha pasado durante el fin de semana, pero extraño porque no me pasaba desde enero (miento en realidad, hubo un mini amago en Bogotá que os cuento otro día, pero no de esta intensidad), y ha sido fastidioso. Por suerte, queda gente buena en el mundo. Un señor me ha visto sentado en el suelo y se ha ofrecido a acercarme a casa en la furgoneta del trabajo. Y me ha dejado en la puerta. Gracias :). Al volver a casa he mandado un par de correos, me he olvidado de que tenía trabajo, y me he echado a recuperar sueño antes de la cita con el médico. Algo recuperé, pero no lo suficiente, y la cita ha estado entre mareos después de mucho tiempo. Así que al volver a casa, otra vez a dormitar hasta recuperar, y esta noche otra vez a dormir hasta que el cuerpo se recupere del todo.

Estas cosas siempre me hacen pensar en lo frágil que es nuestro cuerpo. Cuando se está bien, estamos muy bien. Pero el equilibrio es tremendamente frágil. Un pequeño detalle lo puede desestabilizar todo. Siempre recuerdo aquella época en la que me costaba una barbaridad cruzar un semáforo de peatones antes de que se volviera a poner en rojo, o cuando llegar al parque de la urbanización para sacar al enano era el trabajo de todo un día y volvía a casa reventado.

Estos meses he avanzado mucho. Muchísimo. Tengo personas puntuales a las que agradecérselo porque han estado todo este tiempo a mi lado y han estado ayudándome a cada paso. Y en las últimas semanas, he dado pasos de gigante. Tan grandes que hasta me estaba costando creérmelos a mí. Y este fin de semana me he excedido un pelín precisamente celebrando todo este progreso con Moi. Porque nos lo merecíamos, qué leches. Y ha sido genial.


No viene mal recordar que tienes estos momentos. El momento de bajón, que viene con el pequeño momento de miedo de que la cosa se descontrole y salte. Que sabes que no. Que las sesiones de cardio te han hecho más fuerte y resistente. Que los tiempos de recuperación que tenía en junio y julio después de nadar 40 metros en la playa no tienen nada que ver con los de ahora, que son los de una persona normal. Que cada día todo está más en su sitio. Pero entonces eres tu peor enemigo, y empiezas a pensar en el y si salta. Y si de repente se le ocurre hacer la gracia, y tú te quedas 6 meses sin carnet de conducir por una estúpida regulación de tráfico que hacen personas que ni siquiera entienden qué están regulando. Y tienes que sacar todos tus años de control de estrés y ansiedad para relativizarlo todo, y sólo pensar en el momento, y en los dos minutos después. Al fin y al cabo, nuestras experiencias nos modelan, pero seguimos siendo humanos. Seguimos teniendo nuestros miedos. Y, en este caso, estoy muy contento de haberme preparado para ellos.

Y todo esto en realidad iban a ser tres artículos y le iba a dar algo de contenido al blog, que lleva mucho, parado, pero no he querido separarlo. Así que aquí va la tercera parte también.


Anoche soñé. Es un sueño recurrente. Con el que me convenzo cada día de que hay que seguir. He estado ahí, a las puertas de irme para siempre, más de una vez. He visto la nada. Y he vivido el no sentir más que paz y tranquilidad mientras todo se apagaba.

Tengo el convencimiento de que después no hay nada. Que todo lo que tenemos, es lo que tenemos aquí. No sé por qué. No sé quién fue el artífice. Ni por qué decidió que las cosas tenían que ser así. O si es cruel que no haya nada más después. Pero para mí, esto es lo que hay. Y lo tenemos que disfrutar al máximo. Aprender. Crecer. Sentir. Vivir.

Cuando me vaya, todo esto ya no me importará. No recordaré nada. No tendré ninguna preocupación. Todo estará vacío. Y yo ya ni sentiré, ni sufriré, ni tendré nada que pensar. Pero cuando pienso en que he forzado la máquina y lo que, en otras circunstancias, podría desencadenar, sí empiezo a pensar. En tenerlo todo recogido. En no dejar a nadie ningún marrón. En tener todos mis papeles ordenados y accesibles. En haber escrito en este blog todo lo que sé, o lo que pienso, para que en algún momento alguien, en el futuro, lo pueda aprovechar. En compartir. En enseñar. En todo lo que me queda por ofrecer. Pero sobre todo pienso en las personas. Pienso en mi gente cercana. En mi familia. Pienso en la gente que me tiene muy cerca todos los días, y que me echaría de menos. Pienso en los que me tienen lejos y me ven sólo de vez en cuando. Pienso en tanta gente que ha pasado por mi vida, y tantas vidas por las que he pasado y he intentado dejar huella. Pienso en Inés, en Silvia, en María. Pienso en Moi, en César, en Mauri, en Busta, en Carlos. Pienso en todos los momentos que nos quedan por vivir juntos. Pienso en todo lo que queda por venir.
Y pienso en todo el trabajo que he estado haciendo durante todo este tiempo, y en todo lo que he conseguido. En gran parte gracias a vuestro apoyo. A vuestra ayuda. A todo lo que me habéis dado. A todo lo que me seguís dando. A la paciencia que habéis tenido conmigo en tantos momentos. Y a lo mucho que me queréis y me habéis querido.

Quiero seguir formando parte de vuestras vidas. Y, sobre todo, quiero que sigáis formando parte de la mía. Los pequeños sustos a veces nos centran de nuevo. Tengo claros los objetivos. Vamos juntos a por ellos.

The strength of the wolf is the pack.


 
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