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Categoría: Lifestyle

Salud pública

Cuando estaba en el instituto, con unos 14 años, era también informador juvenil del Ayuntamiento de Jerez. Durante esa época me formé como agente preventivo contra drogodependencia, y sobre sexualidad adolescente. Os podéis imaginar cómo ha cambiado todo durante estos más de 20 años que han pasado. Durante este tiempo, no he dejado de actualizarme y hacer cursos (algunos incluso de posgrado en la UPO), y me he encargado regularmente de talleres de sexualidad y drogas en varios grupos.

Soy también usuario de aplicaciones de contactos. Muchos y muchas lo somos. No es una confesión con un cuadradito negro en los ojos. Y en muchas de las apps de contactos en Sevilla aparece un usuario y una publicidad que intenta llamar la atención: la de Adhara (no confundir con Adharaz, que es el colegio del Opus de Sevilla 😂). Así que un viernes por la tarde apunté su número en mi teléfono, y les escribí por WhatsApp.

Adhara

Adhara es un centro de prevención de VIH y enfermedades de transmisión sexual. Quise ponerme en contacto con ellos para preguntar sobre unas cuantas cosas nuevas que me generaban dudas, y de paso hacerme una prueba de control.

Con Adhara se puede contactar de muchas formas, pero sin duda el WhatsApp es la más cómoda. En mi caso, les mandé un mensaje un viernes por la tarde diciéndoles que quería ir para hacerme una prueba de VIH y pedirles información sobre un par de cosas, y me citaron para el lunes siguiente (los fines de semana no están, y les envié el mensaje casi a la hora de cierre). Cita rápida, casi en seguida, para poder hacerlo todo.

Una vez allí, me atendió Diego. Entramos en una sala, y me hizo la prueba de VIH por saliva antes de empezar a hacerme un cuestionario.

La prueba de VIH

La prueba de VIH es una cosa sencillísima de hacer. Sólo tienes que no haber comido nada durante los 15 minutos anteriores, y frotar el palito por dentro de la boca, entre dientes y labios. Después, funciona por capilaridad. Se mete dentro del reactivo, y la parte blanca se cubre entera de rojo, que va pasando hacia la parte de arriba, hasta que desaparece. Una vez ha subido todo, debe quedar una línea roja que marca que el test está correcto y, en caso de que existan anticuerpos, aparecerá otra línea roja bajo la primera.

Diego me explicaba todo muy tranquilo. Si aparece la segunda línea, te derivamos a centro de salud y comenzamos protocolo. No te preocupes. Y sí, aunque tú vas totalmente seguro de que la prueba va a salir negativa, mientras que el líquido del test va subiendo no puedes evitar tener un mínimo de nervios.

El cuestionario

Mientras que la prueba terminaba, Diego estuvo haciéndome un cuestionario de hábitos sociales y sexuales, que aprovechaba en ciertos momentos para explicarme cosas o darme datos sobre todo lo que hay ahí afuera, o sobre las costumbres y estadísticas que se manejan ahora mismo.

El primer contacto fue curioso. La primera pregunta que me hizo fue cuándo tuve sexo por última vez. Tardé un segundo en contestar y me dijo: No te preocupes, aquí las respuestas más comunes son ayer y hoy. Y no es que me diera vergüenza decirle a alguien que había tenido sexo el día anterior. Es que me sorprendió la pregunta. Pero es importante, puesto que el VIH no da la cara al día siguiente. Y si hubiera tenido una práctica de riesgo el día anterior, la prueba no serviría para esclarecer nada.

Después entramos en detalle.

  • ¿Tienes pareja? Me da igual que no seáis pareja y cómo llaméis a vuestra relación. Si tienes una pareja sexual habitual, sois pareja.
  • ¿Practicas sexo con más gente aparte de con tu pareja habitual?
  • ¿Anal, activo, pasivo? ¿Con protección? ¿Sin ella?
  • ¿Oral? ¿Con protección? ¿Sin protección?
  • ¿Drogas? ¿Actuales? ¿Pasadas?
  • ¿Otro tipo de prácticas sexuales?
  • Diego no juzga. Se limita a apuntar mientras que hablas, y si preguntas algo entonces interactúa.

Mientras que Diego pregunta, mi cabeza está a la vez en otro sitio. Cuando él lo dice suena de otra forma. Tengo pareja habitual. Bueno, llámalo así. Somos amigos. Nos queremos. De muchas formas. Pero hay detalles que no terminan de cuadrar, y como nos hemos empeñado en que el otro sea lo más feliz posible, estamos intentando que cada cual encuentre su medio limón. Aunque a nuestro ritmo. Nuestra relación no es limitante. Nos tenemos el uno al otro, y seguimos conociendo a gente y disfrutando de la vida. Nada de cuando se está en pareja ya no se hacen nuevos amigos. Primero, porque no somos pareja. Pero el miedo no existe. Si llega alguien que te hace más feliz, o te hace también feliz, puede tener un espacio en tu vida. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, y de eso sabemos un rato, vida sólo hay una y al final se acaba. Y te llevas sólo los momentos vividos aquí. Hay que vivir y disfrutar al máximo siempre que no le hagas daño a los demás. Y en eso deberíamos estar todos ocupando nuestro tiempo. En aprovechar que somos parte de ese 3% y de todos los privilegios que tenemos. Y también, como contaba en otro artículo, aprovechar nuestra posición para mejorar un poco el mundo.

En mi cabeza, empiezo a pensar en otras cosas mientras Diego hace una pausa para buscar otro papel de otro cuestionario. Recuerdo cosas que he escuchado en los grupos de amigos, relacionadas con las parejas. Que en este artículo queda totalmente random, pero para eso esto es mi blog. Así que ahí va.

No, es que nos llevamos 10 años y si se muere antes que yo me voy a quedar viejo y solo.
¿Y te vas a perder 30 o 40 años maravillosos al lado de la persona a la que quieres porque al final te puedes quedar solo? Los accidentes ocurren. Y las enfermedades. Y nuestra sociedad ya está regular. Quizá dentro de dos veranos dejemos todos de existir por el calentamiento global. ¿Y si pasa eso? Hay que aprovechar cada día y pensar menos en el largo plazo.
Yo pasé 9 años maravillosos al lado de Fran. Recuperarse de algo así no es fácil. Recuerdo que Fran se sorprendió porque le pedí salir después de conocer su situación médica. Y ahora con perspectiva os puedo decir que, si cogéis tres meses cualquiera de esos 9 años y me decís que sólo vamos a vivir eso juntos y que después iba a venir todo lo demás, seguía comprando. Además, hay mil formas distintas de estar con una persona. Lo importante es que busques la forma de compartir tu vida con la gente a la que quieres cerca. Estamos hartos de etiquetas. No las promovamos.

Diego sigue con el cuestionario.

– ¿Entonces tienes sexo sin protección?
– Sí, con esta pareja habitual. Los dos sabíamos que estábamos limpios, confiamos el uno en el otro, y nos hemos hecho tests antes y después. Estamos 100% seguros de que cualquier cosa entre nosotros es segura.

– ¿Y también tenéis sexo con otras personas?
– Si eso ocurre, siempre con protección.

– ¿Y en el oral? Es la vía más fácil de pillar una ETS, y cualquier herida en la boca o encías irritadas son un riesgo para hepatitis A y cosas más graves.
– No te preocupes, tenemos cuidado.

Diego arquea la ceja. Le digo que con mi pareja habitual pueden pasar cosas imprevistas, pero que con el resto no. Que ya podemos tener el calentón más grande del mundo en una discoteca o donde sea, que si no me he preparado para tener posible sexo con alguien (incluyendo cierta profilaxis de la boca just in case), que no ocurre. Que a la primera cita siempre soy de conocer, y que si llega a algo físico, es soft y por supuesto sin acceso al cuerpo del contrario. Y que cualquier líquido seminal tiene el acceso prohibido. Ya si para las siguientes se piensa en que puede ocurrir algo, uno va preparado.

– ¿Y eso lo cumplís los dos?
– Sí. Ningún riesgo con nadie que no sea de total confianza.

A Diego le aclaro que cualquier cuestión anal va siempre con preservativo, y que las orales sólo ocurren en entornos de confianza y con mucho cuidado (de nuevo, profilaxis), o también ocurren con preservativo. No le cuento más. Pero estoy pensando en ese momento en un antiguo ex se estuvo acostando con un conocido común a la vez que conmigo, y cuando nuestra relación terminó, me sugirió que me hiciera las pruebas. Que él se las había hecho ya y estaba esperando los resultados. Yo tenía 23 años. Y él era la primera persona con la que hacía cosas sin un preservativo, y empezamos después de un año de relación, con todo claro. Con todas mis relaciones anteriores, incluso con los que sabía que eran primerizos, utilicé siempre un condón. No sólo por la higiene (que oye, entrando en ciertos sitios, y sin cierta confianza, pues es un plus importante). Sino porque era su primera vez, y no quería ser yo, el educador sexual en otros ámbitos, el que los acostumbrara a no usarlos. Y si alguno me dijo alguna vez de no usarlo (que pasó), siempre les dije que aunque se fiaran de mí, una enfermedad siempre puede estar oculta y nunca se sabe.

Los análisis salieron limpios y pasó mucho tiempo hasta mi siguiente relación sexual. Pero si ya tenía todos los miedos en aquella época (estudiar las posibles consecuencias de algo te da otra perspectiva), con esa experiencia se intensificó uno que siempre tengo presente: la posibilidad de contagiarle algo a alguien a quien quiero por una negligencia mía. Porque si eso ocurriera, ante la impotencia de no poder solucionarlo y que fuera yo el responsable, no sabría qué hacer ni cómo continuar.
Después de aquello sólo he vuelto a no utilizar protección con mis dos parejas posteriores, y en un desliz con alguien en quien confiaba (y que igualmente me quitó el sueño un tiempo).

Diego después me habla de la hepatitis, y me pregunta si estoy vacunado. Y entramos a hablar de otras cosas.

Enfermedades

Diego me cuenta que hay registrados más de 700 casos de Hepatitis A en Sevilla en el mes de Diciembre. Y que ellos tienen un acuerdo con el centro de salud más cercano, y que me puede dar un volante para que me vacune. Que es un momento, y que tienen hora por la mañana y por la tarde para hacerlo. Después me habla también de la Hepatitis B. Y, aunque se me queda el cuerpo un poco cortado, le digo que al día siguiente voy a mi centro de salud, así que preguntaré allí. Y que si hay problemas, que ya vuelvo a vacunarme allí.

Hepatitis A

La hepatitis A se contagia por vía orofecal. Es decir, que si alguien contagiado no se ha lavado bien las manos después de ir al baño, y te pasa su móvil después de tocarlo, o te pasa el botellín de cerveza, puede haberte hecho un tú la llevas en toda regla. El resto de opciones seguro que os las podéis imaginar. Por suerte, es algo que tiene cura completa y sin secuelas.

Hepatitis B

La hepatitis B puede llegar a ser crónica, producir cirrosis, cáncer, y es la más peligrosa que existe pudiendo producir la muerte. Se contagia, igual que el VIH, a través de sangre, semen, o saliva contagiada. Y sí, aunque esto os meta miedo, una saliva con sangre o en contacto con una caries puede transmitir la enfermedad.

El centro de salud

En mi centro de salud le pregunté a mi médico por las dos vacunas, y me dijo que teniendo en cuenta cómo está todo ahora mismo, considera que la de la Hepatitis A debería ser obligatoria para todos. Y me hizo un volante para que me vacunaran sobre la marcha. Sobre la B, tuvo un problema moral. En la farmacia le pedían que pusiera en el volante que era de un grupo de riesgo, y a qué grupo de riesgo pertenecía. Y aunque le dije que podía poner sin problemas en el volante que era homosexual, se empeñó en llevar él mismo el volante a farmacia para que no pasara por más manos porque eso no debería ser así y no le importa a nadie.

Igualmente, cuando llegué a la enfermería, antes de tener aprobada la solicitud para la Hepatitis B, me ofrecieron ponerme las dos porque las tenían, así que me llevé las dos ya puestas (y el volante fue aprobado posteriormente). Ahora, los recuerdos de los 3 y 6 meses, que ya están apuntados en le calendario.

Nuevos medicamentos

Aunque saliera con una prueba hecha y dos vacunas, mi intención inicial al visitar Adhara era informarme acerca de dos medicamentos: el PrEP y el PEP.

PrEP

Su nombre corresponde a Profilaxis Preexposición. Es un medicamento de toma diaria que puede reducir el riesgo de contraer el VIH en más de un 90% en relaciones sexuales, y está indicado para personas VIH-negativas que tienen parejas VIH-positivas.

PEP

Su nombre corresponde a Profilaxis Posexposición. Consiste en la toma de medicamentos antirretrovirales antes de que pasen 72 horas de la posible exposición, para evitar el posible contagio. El tratamiento es de 28 días de toma de antirretrovirales. Y en caso de necesitarlo, los chicos de Adhara se encargan de proporcionártelo. Sólo tienes que escribir a su WhatsApp, al cibereducador, y te dirán los pasos a seguir.


Este artículo es bastante explícito en algunos puntos, pero el sexo forma parte de la vida. El algún momento la sociedad lo convirtió en tabú, y el no hablar de él, o el avergonzarse de él, ha creado muchos problemas de desinformación, sobre todo en adolescentes. El visibilizar que tenemos vida sexual, e incluso que hemos metido la pata y que nos podríamos haber buscado un problema para siempre por un momento (que dependiendo de con quién, ni siquiera es agradable o feliz), me parecía una forma adecuada de presentar el tema.

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Principio de intolerancia

No sé si os habéis enterado. Pero si no, yo os lo cuento. Un escándalo. Tremendo. Han propuesto a heterosexuales para dar el pregón del Orgullo. Otra vez.

La última vez conseguimos que cambiaran a los pregoneros. No eran dignos. Esta vez, no podemos ser menos. No podemos permitir que cisheteros sean los pregoneros. No podemos permitirlo. Hemos luchado mucho para esto.

Tenemos ahí el ejemplo de los machistas. ¿Qué hacemos con los hombres y mujeres que se han criado en ambientes machistas? ¿Los intentamos reeducar poco a poco? No señor. Claro que no. Si son hombre y heterosexuales, forman parte del grupo opresor. Los consideramos culpables en potencia. Y es así como hay que tratarles. Eso es lo que hacemos. Transformamos nuestro feminismo en feminazismo y les intentamos oprimir, como estuvieron oprimidas tantas generaciones de mujeres antes. Da igual que sea un pequeño porcentaje, o uno grande, el que se encuentre en el grupo opresor. Muere gente. Son asesinadas personas a manos de otras. Y por eso, todo el que forme parte del grupo opresor debe entender que se le tratará con desprecio y, a veces, con asco, y que siempre se recelará de él en algunos ambientes. De hecho, estamos creando espacios seguros donde los hombres heterosexuales no son bienvenidos. Y esperamos que ninguno sea tan desequilibrado como tomarse esto a mal, o como un ataque personal. Porque esto ni siquiera es social. Es su culpa de nacimiento.

Si ya nos lo enseña la iglesia católica. Todos somos pecadores. Todos, por el hecho de nacer, estamos marcados. Somos culpables. Aunque en realidad da igual, porque a última hora una confesión y una extrema unción nos asegurará ir a ver a San Pedro a las puertas del cielo, pero vivimos toda nuestra vida señalados por un dedo. Con una carga invisible que alguien que no vemos, y que no creemos real, creó para nosotros y todavía nos hace arrastrarla, tantos años después.

Nos han llevado a pensar, a creer, que podemos convivir. Coexistir. Y no. Ahí están los negros. ¿Han conseguido evolucionar? Bueh, en algunos sitios quizá. Pero son los menos. Ahí están los Estados Unidos. Batallas campales en las calles. Luchas raciales. Y nada de mezclarnos. Es mejor vivir totalmente apartados. No sé en qué momento decidieron que podían hacer baños mixtos entre la gente blanca y de color, y ahora tenemos que compartir los baños con gente de identidad de género difusa.

¿Y qué le ocurrió a Harvey Milk? Asesinado por un hetero. Por darle visibilidad a los gays y hacer de este mundo un lugar más justo. ¿Les vamos a dejar campar a sus anchas en las fiestas del Orgullo?


Somos idiotas. Somos los mayores especialistas del mundo en ver sólo la parte oscura de las cosas, y regodearnos en ella. Nos gusta. Es como si nos hiciera sentir bien.
En casa siempre decíamos que todo esto era culpa de Telecinco. De sus sálvames, vecindarios de vecinos problemáticos, programas de conflictos personales, y mierdas parecidas. Pero no es algo exclusivo de España. Esto es global. Nos buscamos cualquier excusa para ser intolerantes. Y nos buscamos la excusa de la intolerancia para atacar a los demás. Como si esto fuera el ojo por ojo. Como si fuera una vendetta mística donde ahora nos tenemos que defender, por todo lo que hemos sufrido anteriormente.

Siempre he estado en contra de la cabalgata del Orgullo. Más concretamente, siempre he estado en contra de algunos excesos. Porque si bien entiendo, y soy defensor, de que la visibilidad es una necesidad, también tengo ese pequeño run-run por debajo de que cierta exposición de cuerpos escasamente tapados y ciertas actitudes nos hacen un flaco favor, en más de un ámbito.

Hoy he leído de todo. Un heterosexual no puede ser pregonero del Orgullo porque no se ha sentido perseguidono sabe lo que es estono ha sufrido…

He tenido amigos, y parejas, que se habían ido de casa con 16 años porque cuando llegaban a casa recibían palizas de parte de sus padres a ver si así les quitaban la tontería. Palizas de terminar en el hospital. Tengo conocidos de familias ultracatólicas que pasan una o dos veces al año por su casa a ver a la familia, porque después de la alegría inicial de verse, la visita se convierte en un infierno. Tengo conocidos que se han tirado meses en el hospital después de recibir una paliza, y que años después siguen teniendo secuelas. Otros, que no son felices pero se casaron con una mujer, y tienen hijos, porque era lo correcto. Y también tuve que vivir cómo un amigo moría después de 7 días de agonía en el hospital después de que le hubieran pegado una paliza y lo hubieran crucificado por ser gay, porque Dios tenía que castigarle. He pasado años (sí, años) escuchando a gente y dándole apoyo en Trevor Project, en grupos scout, y a través de canales de IRC. Pero en realidad, no tengo ni idea.

Siguiendo esta regla de tres, y según alguna gente de twitter, alguna gente de facebook, y algunos blogs, yo no tengo ni idea de lo que es tener miedo por ser gay porque no he sido el protagonista de ninguna de las historias anteriores. De las únicas que he sido protagonista han sido un escupitajo por la calle (en Sevilla), y un globazo de agua en Portugal. Fíjate tú qué mierda de currículum. Quitadme ya el carnet de gay.

Y es por eso mismo, por exactamente la misma razón, por lo que no podemos permitir que un heterosexual venga a nuestra fiesta a dar un discurso. Eso sería inclusivo. Nos podrían hasta dar un punto de vista que fuera, además de reivindicativo, interesante. Que nos hiciera pensar. Que se convirtiera en un pregón que de verdad inspirara e influyera en la sociedad. Podría incluso hacer que una fiesta que algunos consideramos inclusiva, lo fuera de verdad, y ayudara a romper barreras. Pero no, hay gente que quiere mantener los guetos. Y por eso es mejor no permitirles participar, porque no tienen ni idea. 

Al hilo de esto. Un grupo de 20 imbéciles intentando romper un evento no pueden ser suficientes para que una sociedad se cierre en banda. Somos millones. Millones. Y tenemos la capacidad de ver siempre lo malo.


De todas las situaciones de amigos y conocidos anteriormente comentadas, ninguno, a día de hoy, ha desarrollado un odio hacia los heteros. Me he sentido en la necesidad de aclararlo. Y os añado un vídeo de regalo.

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Manspreading y Mansplaining

Manspreading

Abrirse de piernas, generalmente un hombre (de ahí el man). Se supone que es un problema cuando esto ocurre en un lugar público y se ocupa, al hacerlo, más de un asiento. Es decir, es un problema cuando se molesta a alguien haciéndolo, y no nos referimos a visualmente.

Un hombre sentado en el metro de Estocolmo, abierto de piernas, ocupando parte del asiento lateral
Foto: Wikipedia

Shebagging

Ocupación, en espacios públicos, de asientos por parte de las bolsas que uno lleva consigo (generalmente las mujeres, de ahí el she).

Una chica sentada en el metro ocupando dos asientos, uno de ellos con un bolso y una bolsa de plástico
Foto: @Zelery

Mansplaining

De manexplaining, “explicar algo a alguien, generalmente un varón a una mujer, de una manera considerada como condescendiente o paternalista” (Wikipedia)

Somos sexistas hasta para los términos que se supone tienen que ayudar a combatir el sexismo. Y… conozco a más mujeres mansplaineras que hombres. Aunque últimamente todo el mundo utiliza el término mal y lo utilizan para referirse a lo que viene siendo un cuñao, que siempre sabe de todo y no saber cerrar la boca.

Al hilo de eso, para aprender más sobre los cuñaos, tenéis más info aquí.

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Children see, children do

Los niños ven, y actúan en consecuencia.

Haz que tu influencia sea positiva.

Los niños son esponjas. Este vídeo lo puse en un curso de formación de adultos hace casi seis años por primera vez. Fracasé. Fue una de mis luchas perdidas con algunos de mis antiguos compañeros. El predicar con el ejemplo no queda sólo para los religiosos. Es una necesidad. Por desgracia, cada vez más actual.

Por suerte sé que a algunos les quedó en la conciencia, y que poco a poco el tiempo va poniendo las cosas en su debido lugar.

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Vivos de milagro

Ayer, mientras andábamos por un centro comercial, nos vino a la cabeza un pensamiento. No es la primera vez que hablamos del tema. Cuando tenemos algún día malo nos da por pensar en la fragilidad del equilibrio de nuestro cuerpo. La diferencia entre estar totalmente bien, y tener cualquier cosa descompensada, por mínima que sea. Lo conscientes que somos de esos ínfimos detalles. Y lo que tiene que sufrir alguien autista, siendo consciente de forma tan brutal de todo lo que pasa a su alrededor. 

Pensadlo. ¿Cuántas veces habéis estado en peligro de muerte en vuestra vida? De mayores seguro que unas cuantas, pero de niños… Yo no sé cómo salimos de aquello. ¿Cuántas veces no habréis pensado eso de “pocos accidentes hay para como conduce la gente” ? ¿O para las tonterías que hacen? 

Recuerdo difusamente una caída de pequeño de lo que a mí me pareció un acantilado, en la que me partí la cara. También un maratón de pequeño, en el que mientras estaba corriendo miré para atrás, y cuando volví a mirar para adelante me comí de lleno los barrotes de hierro de una ventana. Otra vez que, corriendo bajo la lluvia en una feria, resbalé de rodillas y patiné por el asfalto, dejando toda la carne de las mismas en aquella carretera…

He hecho piragüismo, escalada, y waterpolo, y nunca he tenido un percance que pudiéramos considerar inseguro. Pero, ah, lo inseguro es la condición humana.

Cuando estábamos en el colegio, los de octavo hacíamos una tómbola en la plaza del pueblo para recaudar dinero para el viaje fin de curso. Nos tirábamos meses recorriendo el pueblo y Jerez, tienda por tienda, recogiendo aportaciones. Después, un domingo (que no recuerdo ya si coincidía con la carrera popular) vendíamos las papeletas y una papeleta, un regalo. A cien pesetas. 

Nosotros nos encargábamos del equipo de sonido. Había micro para animar a la gente, y unos bafles inmensos que salían de mi casa, en la plaza del pueblo, para que se escuchará tanto música como nuestras coñas de “otro perrito piloto”. 

Tengo un recuerdo grabado de una alargadera. Aquella alargadera era una alargadera antigua de cerámica, de esas que tenían una cabeza muy grande, y dos patas de metal, cada una de ellas con dos barras metálicas cóncavas haciendo la forma tubular para insertar dentro de ellas un enchufe. Recuerdo que el altavoz no sonaba bien. Recuerdo que era del enchufe. Una de las patas estaba un poco abierta, y el enchufe funcionaba sólo cuando hacía contacto. ¿Cuántas soluciones puede tener algo como eso? 

Recuerdo que una señora me estaba mirando. Me vio tantear el extremo de la alargadera. Me vio pensar en tocarlo. Recuerdo todavía su cara embobada mirándome. Y vio cómo, cuando descarté tocarla con la mano, me metí la pata del alargador en la boca y le pegué un muerdo para cerrarla. Recuerdo la cara de la señora después de ver las chispas y el calambrazo, y cómo se siguió quedando con la boca abierta mientras me recomponía con mi labio superior un poco dormido del latigazo. Sin decir ni pío. Menos mal que mi casa iba a 125 y que mi abuela debe haberme pasado alguno de sus superpoderes para aguantar la corriente.

Y como esas hay muchas. Épicas, la de perderme durante 4 días en una montaña con mis chavales  de los scouts, a los que llamaban desde fuera cariñosamente “la paraesculta” (éramos muchos estropeados) , y llegar todos sin un rasguño y justo en el momento en el que debíamos, después de haber bajado la ladera de una montaña un pelín complicada. O aquella vez que, teniendo todavía problemas de memoria, le eché sosa al fregadero para desatascar, y al rato volví y le eché media botella de ácido sulfúrico, montando un bonito volcán en medio de la cocina del que tengo algún que otro recuerdo para siempre en los brazos. 

Nuestras cicatrices van creciendo con los años, y van contando nuestra historia. Y también nos recuerdan que estamos vivos de milagro. 

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Comiendo cucarachas

Sí, los largartitos comen cucarachas. Y hoy por fin he podido grabar un poquito de sus ansias.

Lo he subido sin sonido, por eso de que no suenen los *crunch-crunch-crunch* y no herir más sensibilidades de la cuenta, que parece que hay a quien le da mucho asco.

Y sí, hoy le toca limpieza de terrario. Está hecho un asquito.

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