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Dix Inferno

Domingo. De nuevo.
El domingo del fin de semana pasado fue absolutamente insustancial. Estar en casa, levantarte medio temprano, e irte al salón para ver cómo duerme Otto. No es todo lo feliz que podría ser. Pero es feliz. A su manera.

Hoy es un d√≠a extra√Īo. Y para celebrarlo me voy a permitir un freetalk.

Estoy en el ordenador del sal√≥n. En el grande. El port√°til est√° en mi cuarto y a√ļn le resta una hora de bater√≠a. Que guardo por si me hace falta mirar algo importante (credenciales, firmar, direcciones…). Porque el port√°til est√° aqu√≠, pero el cargador est√° en la facultad. Uno de mis m√ļltiples despistes que ya se han convertido en ley de vida. Y que hace dos semanas que me est√° volviendo loco.
S√© que soy yo pero no soy yo. S√© que soy yo, y sobre todo mi circunstancia. S√© que soy circunstancial, pero sobre todo soy yo. Hoy Otto no hace m√°s que acompa√Īarme y tumbarse acurrucado en mis pies mientras juega con el peluche que me rob√≥ ayer de mi cama. Los perros tienen la capacidad de oler los sentimientos. Las emociones. Y muchas sensaciones. S√© que quiere salir a la calle, que tiene ganas de dar una vuelta. Pero esperar√© a que apriete un poco m√°s el calor para ir a dar una vuelta y dejar que el sol nos vea hoy por primera vez.

Ayer mi mundo se cayó un poco. El colofón final para una semana llena de equivocaciones y de errores. De confusiones en las horas de los parciales. De sentimientos cruzados y situaciones arriesgadas. De coches rotos y motos estropeadas. De objetos perdidos que nunca podremos volver a recuperar.
Anoche salí a la calle a dar una vuelta. Con unos cuantos amigos que prácticamente acabo de conocer. Quedamos temprano, sobre las seis. Y nos fuimos a dar una vuelta por Sevilla. Hacía tiempo que no salía un sábado por la tarde a la calle aquí en horario comercial. Y recordé que ahora la Navidad empieza el 1 de Diciembre. ¡Un mes de Navidad! Pero hice poco caso de todo. No estaba en uno de mis mejores días, y lo que me apetecía era estar rodeado de mi gente.
Nos fuimos a dar una vuelta por la Plaza Espa√Īa. Y me acord√© de las tardes en las que sal√≠a con Dani a pasear. Porque apetec√≠a. Porque quer√≠amos que nos diera el sol. O el aire. O porque nos apetec√≠a correr un rato. O, en los d√≠as extra√Īos, nos apetec√≠a darnos una vuelta por el parque mientras la lluvia nos calaba. Para terminar, como ayer, en el Parque.
Anoche el Parque estaba estupendo. Dej√© a esta gente un rato y me fui a dar una vuelta. 7 de la tarde. Noche cerrada, oscura. Con nubes. Y con todo mojado de la lluvia reciente. Perfecto para hacer uso de las militares y cruzar el parque de punta a punta, pensando en la ambientaci√≥n que se podr√≠a montar en un lugar como ese para una peque√Īa reuni√≥n de los antiguos componentes del C√≠rculo. Ya va siendo hora de que las Tres Lunas se reunan de nuevo. Aunque sea s√≥lo por los viejos tiempos.

Despu√©s de movernos, de cenar, y de un ‘no s√© qu√© hago yo aqu√≠’, las chicas llegaron a ‘rescatarme’. Creo que es la mejor definici√≥n para aquel momento. Y con una de cada brazo, nos montamos en el coche de Hide con otras dos ‘amigas’ y nos fuimos a la Alameda. All√≠ estaban Peku y todos los dem√°s. Y all√≠ los dej√© (y las dej√©, hablando con un franc√©s de ascendencia vietnamita llamado Yuu) mientras me acercaba a ver un peque√Īo espect√°culo. Noche alamedienses. Terminamos los tres viendo un espect√°culo de los Delinq√ɬľentes con cariocas y mazas de bowling sin fuego. Una noche alamediense m√°s.
No tard√© mucho en decirles que me iba a casa, y Carmen insisti√≥ en acompa√Īarme. Tres de la ma√Īana. Ya estaba todo cerrado. El Bosque, el Bar√≥n… bajando persianas. El Caf√© del Mar aguantando a los √ļltimos. Y el Holidays abriendo sus puertas para recibir a los √ļltimos despojos de reducida virilidad en busca de una noche un poco menos malgastada. Y nosotros, en medio de cualquier calle, mir√°ndonos a los ojos. Pensando en todo lo que queremos decir, pero sin poder hacerlo. Hasta que me activa el resorte. Lanza la primera oleada, y me pregunta por Madrid… ‘Bonita ciudad’ acierto a decir. Pero s√© de sobra que no es eso a lo que se refiere. Entonces algo dentro de m√≠ se abre de par en par, y todo comienza a fluir. Ella se acomoda en un coche y se prepara. Sabe que ahora toca escuchar. Porque sabe que s√≥lo escuch√°ndome a m√≠ mismo soy capaz de darme cuenta de d√≥nde estoy de pie. Que por eso escribo tanto. Pero hoy no tiene ganas de leer. Quiere escuchar. Y me pide que hable.

Los sentimientos se me cruzan. Ayer me hac√≠an la gran pregunta. Oye, ¬Ņtodo √©sto es por ti o por m√≠? Es un sentimiento extra√Īo. Algo atenazado ah√≠ adentro que no quiere terminar de salir. Me pongo a hablar, y empiezo a contarle historias antiguas y pasadas. Porque ahora todo son historias antiguas. Porque no soy capaz de retener. Porque todo lo que recuerdo ahora son cosas de un pasado anterior. No tengo recuerdos vivos. Todo es como si pasara sin m√°s. Como si todo lo que ocurre perdiera su fuerza y su sentimiento. Como si un halo de oscuridad lo cubriera todo. Y se quedara ah√≠ como si fuera un recuerdo lejano.
S√≠, al menos queda, pero… lejano. Estaba cont√°ndole la sensaci√≥n de haber compartido con alguien algo m√°s √≠ntimo, y tenerlo s√≥lo como un recuerdo lejano. Y que todos los recuerdos, de antes y despu√©s de ser un bi√≥xido, tengan la misma intensidad. Y que los antiguos a veces los recuerde con m√°s intensidad que los actuales.
Y todo √©sto hace que una tarde de domingo no sea una tarde de estudio y aprovechamiento como lo era antes. Ahora es una tarde en la que mi cabeza da vueltas y hace ejercicios para aprender a recordar. Y me siento como deben sentirse todos aquellos que durante a√Īos de alcohol y drogas han perdido la sensibilidad y la capacidad de mostrar sus sentimientos. E incluso de sentir. Porque su vida ya no tiene intensidad. Es plana. Y ellos se lo han autoimpuesto.
Recuerdo que una de mis √ļltimas peleas antes de terminar la relaci√≥n fue precisamente por estupefacientes. Dos argumentos. El primero, ‘pens√© que despu√©s de lo que te ha pasado ser√≠as capaz de entenderme mejor’. El segundo, ‘¬Ņves? quieres que deje de disfrutar de la vida d√≠a a d√≠a pensando en el futuro y ma√Īana me puede pasar lo mismo que a ti’.
Necesito a alguien cerca. Alguien que me sirva de apoyo. Que me ayude a centrarme. Alguien que sea una peque√Īa luz en mi oscuridad. Que me acompa√Īe un poco en mi soledad. Que est√© aqu√≠. Cercano. Accesible. Que me haga redescubrir tantas cosas que tengo olvidadas y no soy capaz de recordar.
Algo as√≠ no es compatible con la distancia. Y todo se convierte en un l√≠o dif√≠cil de desenmara√Īar.

Ejercicios de memoria. Estudiar. Trabajar. Y seguir avanzando poco a poco, a base de hitos, poniéndome metas. Estoy empezando a pensar que dejé el tratamiento psicológico demasiado pronto. Al fin y al cabo, sólo han pasado 9 meses desde que volví a nacer. Y no tengo ni idea de qué va ésto a lo que llaman vida.

He dejado E-Nomine. En estos momentos es mejor escuchar Moi Dix Mois. Y tratar de avanzar cada día un poco más.

Bi0[x]iD. Una parte de negro por cada dos de naranja.

R.A.V.E. ThE MiND :: oPeN The Ne[x]T

Por Rafa Poveda

Rafa Poveda es un evangelista del software libre y en concreto de WordPress, software con el que lleva trabajando desde 2007.
Actualmente es CTO de MyTinySecrets LTD y Jefe de proyectos en Pixelated Heart, donde ense√Īa a otras compa√Ī√≠as a comunicarse y a tener una presencia online utilizando WordPress como su herramienta principal. Tambi√©n trabaja ense√Īando WordPress dando clases en masters y cursos in-company para desarrolladores.

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