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La insoportable levedad del ser

¿Conocéis a alguien insoportable? ¿En tu grupo de amigos le evitáis? ¿Es un grano en el culo?

Imaginaos cómo es eso en la vida real. Todos conocéis a alguien de quien podéis decir “vaya pesao/vaya pesá”. Y ahora, imaginaos cómo cambia todo esto cuando hablamos de redes.

Somos muchos, cada vez más, los que trabajamos en remoto. Eso significa desde casa, pero no a nuestra bola. Tenemos infinitos medios de comunicación con nuestros equipos de trabajo y con los clientes.
Antes, uno de los que más utilizábamos era Skype. O, en su defecto, Hangouts (qué mal funciona hangouts, por cierto). O Zoom. Herramientas de videoconferencia que nos permiten compartir pantalla, tocar la pantalla de alguien, y trabajar de forma síncrona.

Pero esto ha ido evolucionando. El trabajo remoto ha ido avanzando, y no siempre tienes tiempo para estar en una videoconferencia. O vuestras zonas horarias no coinciden. O que interrumpan tu trabajo cada media hora destroza tu productividad. Por eso ahora utilizamos herramientas como Slack.
También ocurre que los equipos de trabajo crecen, y una videoconferencia con 35-70 personas que somos para organizar una WordCamp, con 1,400 que somos en el equipo de WordPress España, o de 16,500 que somos en WordPress general, es inviable. Pero claro, para poder hacer esto necesitamos unas pequeñas normas de comportamiento.

En esas normas de comportamiento, presuponemos:

  • Que todo el mundo escribe en tono pacífico
  • Que se es amable
  • Que se es agradable
  • Que aceptamos a todo el mundo
  • Que intentamos ayudar a los demás

Lo que en algunos sitios se entiende como sonrisa telefónica. Y en grupos muy grandes, para evitar malentendidos, hace falta mantener ese talante con bastante cuidado.

En ciertos círculos puedes permitirte excepciones. Tengo dos grupos de Slack con amigos (gente que nos conocemos de haber convivido en WordCamps, en encuentros… con quien he tenido trato en persona) que podemos hablar en otro tono precisamente porque nos conocemos en persona, conocemos nuestras voces, nuestros tonos, hasta dónde llega nuestro humor… Algo que con gente a la que conoces sólo en digital no es imposible de conseguir, pero sí es difícil. Sobre todo si tienen la piel fina. Y dentro de lo difícil, tengo un grupo de Telegram donde sólo unos cuantos nos conocemos en persona (no siempre los mismos, curiosamente, es como un seis grados de separación) y el buen rollo y el nivel de confidencias está al nivel de los grupos de amigos más cercanos.

Retomando los grupos problemáticos, ocurre lo mismo cuando estás rebotado con alguien del equipo. Recuerdo una organización de una WordCamp en la que cada palabra, cada frase que escribía un miembro del equipo, la escuchaba en mi cabeza con retintín e ironía, y me tocaba soberanamente las narices. Y sí, la culpa, completamente mía, por malentender por una situación personal (aún así, fui políticamente correcto trabajando y pelillos a la mar).

En el último mes he tenido dos situaciones de éstas. Una, por twitter (sí, también hay grupos de twitter). Alguien empieza a dar por saco a otra persona. Esa otra persona le sigue el juego. Yo entro al trapo y continúo la broma. Resultado, mensaje directo.

– ¿Pero por qué tienes que meterte? ¿Qué te importa lo que hable yo con una tercera persona? ¿Qué te he hecho yo a ti para que me persigas?

Ay… Malentendidos y piel fina. Una conversación pública en twitter, y después en un grupo de twitter donde estamos todos, está también abierta a todos. Todos están bromeando, pero yo estoy atacando y tomándomelo en serio (¿por qué sabes tú…? da igual). El problema lo tenemos con las lecturas que hacemos de lo que ocurre. Por nuestro momento personal, emocional, o lo que sea. Pero en redes, debemos aprender a respirar y releer. Porque empezamos a pensar que alguien nos persigue y nos ataca, podemos buscarnos un conflicto personal innecesario, y puede ser una lectura errónea (y hablo por experiencia, que lo he vivido en un par de sitios, que uno también es perro viejo de IRC).

La segunda fue igualmente inverosímil. Tenemos un grupo de WhatsApp con la gente del colegio (fíjate, gente a la que no veo desde hace… 20 años (qué viejo hace sentir esto a uno). Dos, los protagonistas, empiezan a bromear sobre su amor de colegio. Y la cosa se pone hasta burra. Todo el grupo, 19 personas en ese momento, participando. Y yo hago un comentario. Uno. Chiquitito. Inofensivo. En el mismo momento en que están ocurriendo los otros. Resultado: venga, que ya os lo sabéis. Mensaje privado.

– Pero qué estás diciendo tú de mí. Que estoy casada. A ver qué te has creído. Que tengo niños. Quién te has creído tú que eres para decir nada de mí. Vamos el (inclúyanse aquí muchos insultos).
– Eh… oye, que estaba todo el mundo de broma, que la has empezado tú, y sólo he hecho un comentario como todo el mundo… que estaba siguiendo la broma…
– Aaaaaaaahhhhh. ¡Que era broma! Nada, hijo, perdona. Que no me había dado cuenta. Perdona por ponerme así.

WTF? ¿Cómo…? De nuevo, da igual. Cuando estamos a la que salta y a la espera de un conflicto, y tenemos a alguien perfecto delante para ayudarnos a liberar nuestras tensiones, lo utilizamos. Que me parece bien, y me sé cómo funcionan estas cosas y me da relativamente igual. Pero también podíais liberar tensiones con un saco de boxeo.

Recordad: actitud positiva. Siempre. Y no veáis fantasmas donde no los hay. Y si no son fantasmas y es inquina personal, os la guardáis. Sobre todo con gente a la que no conocéis en persona, y con gente a la que no veis desde hace 20 años. Que ya tienen su vida como para aguantar vuestras mierdas.

WhatsApp de pago

Como ya todos sabéis, WhatsApp ha pasado a ser de pago. Es culpa nuestra, como el cierre de Messenger, por no haber reenviado todos los correos en cadena que nos han llegado. Si es que somos malas personas…

whatsapp_logo

Desde que WhatsApp es de pago no lo uso. Muchos me han preguntado el por qué, y aquí va mi churri-análisis rápido.

Contras

  • WhatsApp es un servicio que no ha mejorado con el tiempo. Sigue siendo exactamente igual. No ofrece nada nuevo por lo que justifiquen el cobro.
  • Hay muchos otros servicios que ofrecen lo mismo sin coste. Por nombrar algunos conocidos, Line, Google+, Facebook o Twitter. Y los cuatro los puedo utilizar también con un cliente de escritorio sin necesidad de armar ninguna historia. 
  • Necesito una conexión a internet para utilizar cada uno de ellos, por lo que estamos en la misma situación que en el punto anterior.

Pro

  • Todo el mundo tiene ya WhatsApp y se puede decir que es el estándar.

Este pro es precisamente el que me hace no pagar WhatsApp. Y no me entendáis mal. Pagar WhatsApp supone el gasto de tres SMS. Aunque ahora los tengo incluídos en la tarifa plana.
La cuestión es que no quiero premiar a un producto y a una empresa por intentar secuestrarme vendiéndome mis propios datos (mi agenda de contactos) sin ofrecerme nada nuevo a cambio. Sólo me da lo que ya me ofrecía, y que me muchos otros han demostrado que pueden ofrecer mejor.

line

Además, en un mundo como el móvil, en el que instalar una aplicación son dos clicks, cualquier excusa del tipo “es que ese yo no lo tengo” pierde todo su sentido.

¿Pagaré WhatsApp? Si la gente lo sigue utilizando, posiblemente sí, porque realmente no hay una cuestión económica real para no hacerlo. Pero la razón moral me hará resistirme hasta el último momento.  Montaron un sistema de comunicación, sin pensar en cómo rentabilizarlo (no está muy lejos de lo que le pasó a Twitter en su momento), y siguen sin hacerlo. Otros han sacado productos gratuitos con elementos premium (los stickers de Line, por ejemplo), que permiten todo un mercado alrededor de su aplicación gratuita, y que se está convirtiendo en tendencia. Incluso alguien el otro día decía que ya en los videojuegos para hacer trampas, en vez de combinaciones y códigos, había que pasar por caja (todos lo habéis vivido con las granjas, las ciudades, o el juego de facebook o móvil de turno que hayáis probado).

En definitiva, podéis encontrarme en Line, facebook, twitter, correo, móvil, fijo, SMS… y alguno más, si no me encontráis en WhatsApp. Y vuelvo a decir, no es por el dinero.

(pincha sobre cualquiera de las imágenes para ir al comic completo de The Oatmeal)

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