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Fines de semana

El progreso es real. Puedo decir por fin que puedo salir un fin de semana (o una noche) sin después ser una piltrafa y/o medio morir en el intento. Los primeros intentos fueron bastante regular, pero los posteriores han ido mejorando de forma exponencial. No es que todo haya venido de golpe, es el resultado de muchos mesecitos de trabajo. Y se nota.

Recuperar tu vida nocturna a los 35 puede parecer un poco raro. Pero qué queréis que os diga. Me gustan las noches de chimenea, peli y manta, pero también me gusta salir a bailar sin parar. Muchos dicen que la edad es sólo un número. No es verdad. La edad es experiencia (sobre todo), pero nuestro cuerpo también la acumula, y tenemos que ser conscientes de eso.

Pero esta entrada no iba de eso. Ni de los fines de semana. El jueves estuve organizando cosas en casa. Fotos, cajas… Mil cosas que uno acumula en una vida y en tantos años de experiencias. Tantas cosas vividas, con tanta gente distinta. Antiguas, y muy nuevas. Recuerdos de todo tipo.
Ya me pasó la última vez que paseábamos por Cádiz, tras la WordCamp Chiclana. Pasar por sus calles, y volver 12 años atrás y recordar las noches que pasé por allí, momentos puntuales, noches que quedaron para el recuerdo, vivencias… Y entonces tuve un arrebato.

Cogí el móvil y le mandé un audio a Moi. De esos que te aburren y que en los grupos de Telegram tengo prohibidos a no ser que no estés en condiciones de escribir por grado etílico acusado. Un audio demasiado largo para un mensaje bastante claro: Me he puesto a hacer balance de todo, y eres lo mejor que me ha pasado en 2017. Es uno de esos mensajes que mandas a tu mejor amigo, o a alguien que te ha hecho sentir distinto, el día 24 por la noche, o el día de año nuevo. Pero yo soy así. Cuando me viene, lo suelto. Vete tú a saber qué pasa mañana, y me quedo sin habértelo dicho.

El viernes, el día después de aquel mensaje, fui a un concierto de Pylar (toca en el grupo un amigo y compañero), y me encontré con Karlos. Hacía unos años que no nos veíamos en persona (por redes, a diario, pero no es lo mismo), y nos pusimos a charlar. Estaba curiosamente extrañado de verme tan bien. El duelo para una cosa como la tuya es normalmente de más de 2 años. Y mírate. Sí. Un centenar de cosas van por dentro. Y de vez en cuando te remueven. Pero en general, el avance ha sido claro. Y, en gran parte, por ese lo mejor que me ha pasado en 2017, que me ha ayudado a ver las cosas de otra forma, con otra perspectiva. A darle a todo la vuelta. A hacer que no me importen las cosas que no son importantes. Y más curioso, a hacer que no sean importantes para mí las cosas que son importantes para otras personas, pero que no tienen nada que ver conmigo. Todo un arte y un quita estrés. Moi me ha re-enseñado también, de forma consciente, a volver a controlar y ser dueño de mis sentimientos. Y eso es uno de esos regalos que te hace la vida que son realmente impagables. Haga lo que haga, nunca voy a ser capaz de devolverle ni una parte de todo lo que me ha dado. Siempre le agradeceré su disposición continua y su altruismo (aunque no se lo diga –muy a menudo–). Quedan buenas personas en el mundo, de esas que te hacen sentir lleno por dentro cuando las tienes cerca, y he tenido la suerte de encontrarme con una en mi camino. Tengo además la suerte de que nuestros caminos se cruzan a menudo y nos podemos llamar amigos. Me ha tocado la lotería.

El viernes también le comentaba a Karlos que la separación era necesaria. Lo he comentado alguna vez en el blog. Hay gente nueva en mi vida que me ha ayudado muchísimo en esta etapa. Y he tenido claro desde el principio que tenía que ser así. Que si quería avanzar de verdad, tenía que ser con gente que me conociera de nuevo, que no tuvieran ni el lastre ni el pensamiento del pasado, y que fueran capaces de verme como persona. Es, en parte, aplicar la filosofía de Fran de no contarle a nadie su situación médica para que no le miraran de otra manera. Poco a poco me voy sintiendo más libre y cómodo con la idea de volver a ver a los de siempre y que no estemos arrastrando una nube negra detrás con nosotros. Poco a poco estoy volviendo a visitar mis antiguos círculos, y también estoy creando nuevos.

Poco a poco se acerca el futuro. Y las perspectivas son cada vez mejores.

The Raven

Perú viene pegando fuerte. Ricardo de Montreuil nos ofrecía, hace tres años, el corto de The Raven.

Este excepcional corto se realizó en 48 horas, con un coste total de 5.000 dólares. Nos dejó con ganas de más, y por fin su filmación está confirmada. Comenzará este junio y, aunque todavía no hay actor definitivo para encarnar a Chris Black, parece que el afortunado será Liam Hemsworth (Gale en Los Juegos del Hambre y hermano pequeño de Chris Hemsworth).

Liam Hemsworth
Liam Hemsworth

[ScreenRant]

Un kilo de gomina

Literalmente…

Eventos pasados con @shinjito

Encontré estas dos fotos y tenía que subirlas a algún sitio 🙂

Crisis de oportunidad

¿Qué pasa cuando se te presenta una oportunidad? ¿Qué pasa cuando se presenta la oportunidad de tu vida? ¿Qué pasa por tu cabeza en esos momentos?

Estos dos últimos meses han sido complicados. Uno de esos momentos de la vida en los que estás en una situación difícil de la que no tienes muy claro cómo salir. Han chocado en mi cabeza montones de cosas. He creado montones de situaciones y de escenarios posibles entre deseables, reales e irreales.

He pensado en cómo sería vivir fuera de aquí. En cómo podría organizarme, y hasta dónde podría llegar, estando en otro país. Mis conexiones familiares, a día de hoy, pasan por el teléfono y por internet. Y me gusta viajar. En ese aspecto no estaría muy atado. Pero… ¿quiero hacerlo?

Hace unos meses pasé por un proceso de selección para una gran empresa. Fueron muchos días de ilusiones, de proyectos, de reorganización, de esperanzas en el futuro… También de un buen sueldo. Y en el proceso de selección, que tardó más de lo esperado, me dio tiempo a darme cuenta de que iba a fallar. Y no sólo eso. También me di cuenta de que quería fallar. Que es muy fácil mirar hacia adelante y dejarlo todo atrás. Pero soy quien soy, lo que soy, gracias a todo lo que he pasado en mi vida. Un pasado no siempre fácil, que me ha ayudado a aprender a cada paso y que me hace estar seguro de qué quiero hacer y qué quiero ser en el futuro.

En todo este proceso también aprendí mucho.

En los últimos dos meses he rechazado ofertas de trabajo de Argentina, Nueva York, Holanda, San Francisco y Francia. He tenido, y tengo, el currículum y la carta de motivación preparadas para el proceso de selección de Atlassian que presentó David Bonilla. Lo he preparado a sabiendas de que no lo voy a entregar. Pero lo necesitaba como ejercicio de afianzamiento personal.

Porque llevo cuatro años trabajando en esto. Llevo muchas horas de sueño dedicadas a este proyecto. Este proyecto se llama mecus, y lleva detrás la experiencia de trabajo de otros cuatro proyectos anteriores, siete años de experiencia en WordPress,  y 14 años de experiencia en sistemas LAMP. Puedo decir que conozco el software y el lenguaje de programación que utilizo a diario casi desde que nacieron. Soy especialista en lo que hago. ¿Quiero cambiar todo esto? ¿Quiero abandonar esta gran ventaja sobre los demás por un sueño? 

Tenemos una página que no se actualiza. Tenemos parados los seminarios gratuitos. Tenemos el sistema de tickets lleno de ideas por realizar… Hay cosas que quiero cambiar, por supuesto. Pero quiero cambiarlas dentro.

Me gusta mi trabajo. Me gusta lo que hago. En mi currículum hay muchas cosas, pero lo que más me gusta es que puedo definirme como evangelista y artesano. Puedo ayudar a la gente a conseguir lo que quiere, a proyectar sus ideas, a definir sus objetivos. Y puedo fabricarles herramientas a medida para que lleguen a la meta.

He conseguido un entorno de trabajo en el que, a diario, todo son risas. En el que no paramos de aprender. En el que nos divertimos. En el que trabajamos en proyectos propios. En el que no nos vamos a hacer ricos, pero tampoco nos importa, porque somos felices.

He conseguido un entorno de trabajo en el que los clientes se convierten en amigos. En el que forman parte del equipo.

He conseguido un entorno basado en la meritocracia. Mecus no es una gran empresa, y posiblemente nunca lo será. Los grandes somos nosotros, independientemente de donde trabajemos. Esto es algo que Automattic, la empresa madre de WordPress, lleva enseñándome cinco años. Cuando pienso en WP VIP, pienso en Sara Rosso y en Alex @viper007bond. Cuando pienso en UI, pienso en Jane Wells. Cuando pienso en el cerebro, pienso en Matt. Cuando pienso en código, pienso en Nacin y en Otto. Cuando pienso en internacionalización pienso en Zé y en Nokolay. En diseño, en Lance, Matt y Hugo. El P2, que revolucionó tanto la hora de comunicarse, siempre lo asociaré con Noel, que ya no trabaja allí. Y seguirán todos siendo igual de grandes trabajen donde trabajen.

Este entorno lo he conseguido con la ayuda y participación de dos personas: Rocío, impresionante desarrolladora, y Luis, constante inquisidor (no de represor, sino de preguntón) que nos ayuda a aprender y seguir cada día. Este entorno ha mejorado notablemente desde nuestra participación en la WPOnTour, donde nos sentimos arropados por todos los participantes. Donde volvimos a darnos cuenta de que, aunque estemos en España, y en Andalucía, nuestro modelo no está equivocado.

El último evento en Sevilla, el Open Space, ha vuelto a reafirmarme en que hay gente muy buena por aquí y que hay empresas y personas locales (BitRock,  Klicap, Kitiplá, OpenMelva, Syderis, Abel Sutilo, Pablo Escribano, Nilo Vélez…) y otras no tan locales (theEvnt, JM Beas…) que son más que suficientes para hacer que nos demos cuenta de que aquí hay mucho potencial.

He tomado una decisión. Una de las más importantes de mi vida. Puede que sea también la crisis de la edad, estoy a sólo unos días de los 30.
La decisión parece sencilla. No lo es tanto cuando en tu correo hay ofertas sustanciosas que te permitirán llegar más alto, más lejos, y tener el bolsillo más lleno. Pero todo se ve más claro cuando tienes claro tu objetivo. Porque hace unos años mecus se convirtió en ese sueño al que no quiero renunciar, y es el proyecto que no quiero abandonar. 

Me quedo en Sevilla. Voy a seguir pensado que aquí tenemos un gran futuro, y voy a trabajar por él. Una vez mi padre me dijo que no llegaría a ningún sitio teniendo pajaritos en la cabeza. Mi madre, a su vez, me instó a que persiguiera mis sueños. Concreté, definí, y perseguí. El trabajo ha hecho que los caminos de Luis y Rocío se hayan unido con el mío, y seguirán juntos al menos durante un tiempo, porque tenemos un objetivo común. Tenemos las herramientas, las ganas y la ilusión. Después de cuatro años se empieza a ver el resultado de los proyectos propios, y nos vamos acercando a nuestra meta. ¿Que cuál es?

Cambiar el mundo. Juntos. Sin dejar de divertirnos.

Este artículo llevo rumiándolo un tiempo. Lo he escrito ahora como ejercicio para una sesión de mentoring que tengo mañana con unos amigos. Motivación no les falta, y también quieren cambiar el mundo.