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El gran teatro

Y aquí estamos. Votando que no. Votando que sí. Votando que quizá.

Después de todo lo que nos han mareado, los chicos azules han tenido más de 300 días de poder legislar en funciones a su gusto y modo. Los chicos rojos lo han permitido. Y, con un control sublime de cartas, se han quedado con todos nosotros.

Le gritaron a los del 11M y a todos los demás que si querían que se les escuchase, que montaran grupos parlamentarios. Y ahora que han entrado, se han buscado la forma para, al final, que el gobierno sea de rojos y azules de nuevo, y el resto quede al otro lado. Una jugada maestra en la que, después de tanto teatro, queda un Pdr Snchz indignado para tomar las riendas del partido de nuevo dentro de 4 años, y conseguir que los votantes vuelvan a reaccionar después de haber firmado virtualmente su sentencia de muerte como partido estos últimos días.

En estos días en los que los políticos pueden mentir y no es delito (es más, mentir se considera herramienta política), lo único que siento de verdad en estos días es que Izquierda Unida esté arrebujada con Podemos. Dentro de 4 años quizá sean los únicos coherentes que queden.

 

Maricones no, gracias

El otro día me vi mezclado en una conversación extrañísima. Como todas las de política.

Había alguien defendiendo a capa y espada que al coleta ese no se le podía votar. Pregunté motivos y estos fueron los que nos dieron:

1. Porque quieren entrar en el poder para robar, para llevarse todo lo que puedan.

Les explicamos los casos de corrupción del Partido Popular, hicimos un cálculo de cuánto podían haber robado, y también de dónde había ido el dinero de los recortes, que nosotros no hemos visto pero los bancos malos sí. Respuesta: yo es que no veo las noticias, me cansan mucho.

2. Porque son sucios. Un hombre con coleta…

He llevado el pelo largo (muy largo) la mitad de mi vida. Aún así, ésta la obviamos por absurda.

3. Porque una vez se besaron dos hombres en el Congreso. ¡Eso qué es!

El problema en sí no es que se besaran (aunque también lo sea). ¡Es que lo hicieron en público! Por supuesto, la frase final es un qué asco.

Y aquí está el núcleo de todo. Por muchos Javieres Marotos que haya en el Partido Popular, y más privados que públicos, hay miedo. Ya se lo dijo la Lideresa a Bertín Osborne: he vuelto a la política por miedo a Podemos.

Y eso dice mucho. Izquierda Unida nunca fue lo suficientemente fuerte como para ganar más allá de un par de ayuntamientos, y meter mano (y bien metida) en otros como los de Sevilla. Pero ahora hay miedo. Es decir, la posibilidad de que otros ganen, fuera del sistema, es real. Y el miedo a que ganen no es económico. ¡Es social! ¡Tienen miedo de que cosas que antes los medios enterraban se hagan públicas! ¡De que personas vayan sin miedo por la calle!

Hay quien incluso se atreve a insinuar que nuestras opciones son o la continuidad o la guerra civil.

Por supuesto, no todo el mundo es igual. Algunos no son tan radicales, y otros no esconden sus verdaderas intenciones detrás de argumentos absurdos. Incluso esto de que el miedo sea a que se vean gays en público fuera de Chueca (¿me acabo de sentir como un animal de un zoo al escribir esto?) o de que la información se dispare y los perjudique (¡hola Rupert Murdock!) me parece una tontería. Esto tiene que ser cosa de los conspiranoicos, no son cosas que pasen en la vida real.

Que aunque sea muy divertido conversar con gente de fuera de tus círculos porque te dan opiniones como la de hoy para comparar y hacerte pensar, al final la conclusión es la misma: la culpa es nuestra, y sobre todo de los autónomos, porque vivimos por encima de nuestras posibilidades.

Crisis de incompetencia

En nuestro país, España, ya ninguno de nosotros esperamos que los políticos solucionen nuestros problemas. Y no porque no sean capaces. O sí.

La realidad es que a la mitad los consideramos unos caraduras, pero caraduras de los que nos roban y habría que meter en la cárcel para siempre por abusar de un cargo público para enriquecerse, y a la otra mitad los consideramos unos tremendos incompetentes.

Y el problema es anterior. Es de base. Estamos en un país en el que hace unos años, si no estabas engañando a Hacienda, todo el mundo te miraba raro. Si a todo le cobrabas el IVA, y todo lo declarabas, es que eras un imbécil. Y los más idiotas eran los funcionarios, que estaban atrapados y no podían engañar en la declaración (a no ser que tuvieran otros bienes).
Hubo un tiempo en el que nos estuvieron diciendo que Hacienda somos todos en televisión y hasta por carta. Que todo lo teníamos que declarar. Que nos lo decía nuestro Gobierno. Y ah, amigo, Hacienda somos todos los plebeyos. Los señores políticos aforados pueden hacer lo que les salga de sus santas partes nobles.

Hoy parece que se les persigue un poco más, pero todos juegan a su manera. Que si esperamos a después de las elecciones para juzgarlos, que si vemos que no vamos a ganar y vamos a mantener esto otros seis mesecitos a ver si nos da tiempo a barrer un poco más para casa…

España sigue siendo un país donde se aplaude la incompetencia. Donde que un jefe cobre 6.000€ al mes (netos) por estar sentado en un sillón es un triunfo. Un triunfo. Ha pegado el pelotazo. Y esa cultura del pelotazo es la que, todavía, se sigue persiguiendo.

Muchos estamos muy hartos de tener un país donde hay muchos jefes pero muy pocos líderes. Mucha gente que ordena, manda, y pone la mano, y no se moja ni la suela de los zapatos. De esos que a las dos se van a casa, mientras su equipo sigue trabajando hasta las siete. De los que se van de vacaciones en medio de las crisis. De los que no son capaces de hacer bien su trabajo, y además hacen que la responsabilidad recaiga sobre los demás.

Sí. Estamos cansados de los incompetentes, de excusas, y de que tiren pelotas fuera. A todos los niveles y de los de todos los estamentos.

Desmarcándome de la clase política

Hay veces en las que se llega a un punto en el que todo se ha mezclado y es difícil, si no imposible, separar.

Esta es una de estas veces, en las que ya no sabes qué hacer, o qué pensar.

El otro día Luis estuvo moderando una mesa de ¿debate? con los políticos sevillanos. A esta mesa estaban invitados los tres principales candidatos a alcalde. Y fue todo diversión.

La clase política sevillana

Como muchos han criticado ya, en la mesa estaban Juan Espadas (PSOE), Juan Ignacio Zoido(PP) y Antonio Rodrigo Toriijos (IU). No estaban ni Pilar González (PA) ni Isabel Ceballos (UPyD). ¿Causas? Decisión de la organización por supuesto. A mí se me ocurren las siguientes:

  • Porque son mujeres (espero que no sea una razón)
  • Porque no tienen twitter (caso de Pilar González únicamente)

¿Discriminar la participación en un encuentro de redes sociales a alguien por no tener twitter? No creo. Sobre todo, porque el resto demostró con creces que muy puestos no estaban…

Como cuenta Luis en su artículo, el sentimiento después de aquella tarde fue el de Soledad (así, con mayúsculas). Los vídeos los podéis ver en su artículo. Un entorno vacío, donde todos llevaban aprendido su guión, y participaron sin desmarcarse mucho, y sin responder demasiado. Lo que sí dejaron claro fue algo muy triste: aquí no importan las personas, importan los votos.

La clase política nacional

Un lagrimón se me cayó el otro día. Jordi Évole, que hace uno de los pocos programas presentables de nuestra televisión, entrevistó a Julio Anguita. Entrevistas como ésta son las que te hacen preguntarte cosas:

  • ¿Cuándo los políticos dejaron de escuchar al pueblo?
  • ¿Qué votamos cuando votamos?
  • ¿A quién votamos?
  • ¿Para qué lo votamos?
  • ¿Cuándo se dejó de debatir y se empezó a reprochar?
  • ¿Cuándo el Congreso de los Diputados se convirtió en una extensión de Sálvame, donde se grita mucho, se soluciona poco, y todas las conversaciones están vacías (o son inexistentes y cada cual grita sus consignas)?

Para el que no viera el vídeo, aquí lo dejo.

Política y Redes Sociales

De esto se debatía el otro día. Podéis leer las impresiones de unos y otros en los enlazados en el artículo de Luis, así que no voy a repetir, sólo voy a hacer una pequeña reflexión personal.

El uso de twitter. Decepción. Mucha. Los políticos no llevan sus cuentas de twitter, lo hace su departamento de comunicación.

Muy mal. Si me vas a ofrecer una cuenta de twitter para comunicarme contigo, que sea real. ¿Sabéis por qué aparecieron las cuentas verified en twitter? Porque twitter es un servicio que cada uno utiliza como quiere, pero busca hablar de tú a tú. Si tu cuenta no es para eso, quizás deberías hacer lo mismo que UPyD, que tiene una cuenta del partido. Para duplicar un canal que ya existe y no aportar nada nuevo, mejor ni intentarlo. Y si además tienes personajes con muy mala leche dentro del departamento de comunicación, apaga y vámonos.

En definitiva, intentar utilizar algo que no se sabe usar sin tener interés en aprender con la intención de ganar votos porque somos modernos…

Señores, creo que hemos demostrado de sobra que sabemos pensar. Nos han tenido que colar la Ley Sinde por la puerta de atrás porque nos estábamos negando a tragar. Y espero que eso este año se reflejen en los votos de muchos. Porque la clase política, al menos a mí, no me representa.