Interludio 2

Hoy he sacado la guitarra de su funda. Y me he dado cuenta de que ni siquiera recuerdo cómo se toca. La última vez que saqué esa guitarra de su funda fue en el último campamento de verano al que fui. De eso hace ya varios años. No podría decir con exactitud cuántos, pero… ¿Siete? ¿Ocho? 

A la guitarra le falta una cuerda. Ni siquiera está. No sé si la perdió antes de meterse en su funda por última vez, o la perdido con el transcurso de los años. Aún así la he cogido, la he afinado, y he intentado tocar algo con ella. Hay cosas que no se olvidan, y hay cosas que sí. No me he olvidado de las piezas de clásico que ensayé una y otra y otra vez. Pero sí he olvidado todas las canciones tontas que nos hacían pasar tan buenos ratos alrededor del fuego.

Me he sorprendido incluso de mi gesto cuando he abierto una de las cremalleras de la funda buscando un juego de cuerdas nuevo. Efectivamente, el juego de cuerdas estaba ahí. Antiguamente no era tan descuidado como ahora y siempre iba preparado para cualquier contingencia. Cómo cambian las cosas. A día de hoy, y en estos años, en realidad he sido exactamente igual, pero mis prioridades eran muy distintas.

Supongo que no cambiaré el juego de cuerdas hasta la semana que viene. Tengo todavía la semana repleta de cosas por hacer. Y muchas, por suerte, sociales.

En estos últimos meses no he dejado de escribir a diario. He cambiado quizá la forma o el lugar. He estado escribiendo en historias y comentarios de otros en Instagram, rellenando cuadernos con letra escrita (a mano), y ordenándome por dentro. He continuado apartado de mi gente siempre, como evitando confrontar la realidad. Quizá por inseguridad. Quizá porque todavía no me sentía cómodo hablando de ciertas cosas. O quizá porque todavía no me sentía yo mismo. El llegar a donde estoy ahora ha sido todo un proceso. Físico, y mental. Había muchas cosas de las que recuperarse, y me he tomado el tiempo para hacerlo.

Estos días me han asaltado muchos recuerdos. Según nuestros planes, esta semana estaríamos en Nueva York, visitando la ciudad cuyo aeropuerto conocemos muy bien por primera vez. Pero unos sueños se truncan, y otros siguen. Y estos días mis apuntes se ha llenado de reflexiones filosóficas sobre la vida. Quizá aburridas. Quizá interesantes. Supongo que dependerá de quien las lea. Pero esto sigue siendo un blog personal. Ha estado aquí para lo bueno y para lo malo. Ha compartido momentos difíciles, y momentos alegres. Y lo seguirá haciendo. Aunque quizá mejor seguimos mañana. 

 

La crisis de las niñas

Tengo dos vecinos que son la noche y el día. Los dos han tenido niños casi a la vez, y los dos han tenido dos. Los dos han tenido dos niñas. Los dos tienen un perro grande de compañía en casa. Los dos trabajan y sus mujeres también. En ciertas cosas, son comparables.

Y también son comparables en actitud. Es curioso el amor. Es curiosa la situación. Es curiosa esa  actitud. El primero parece estar en su elemento cada vez que hablamos de sus niñas, y está tremendamente feliz con las dos. Está disfrutando muchísimo criándolas y viéndolas crecer, y pasando tiempo con ellas.

El segundo… al segundo se le nota en la cara, cada vez que lo ves salir en familia a pasear el perro, que está tremendamente frustrado porque el segundo no fue niño. No está contento. Y su actitud hacia sus niñas es totalmente plana. Seca. Inocua.

Me resulta curioso que cuando uno pasa por el proceso de tener hijos propios pueda llegar a este tipo de situaciones o circunstancias. Y más cuando todavía son tan pequeñas. No es una sensación de rechazo, pero sí puedes notar que hay algo que no está funcionando como debería.

Sigo siendo de la opinión de que deberían hacerle un perfil psicológico a los padres antes de permitirles tener hijos. Que sería un brutísimo recorte de libertades inconcebible en nuestra sociedad, pero… es como siempre. En un futuro, pagan y pagarán justos por pecadores.

 

Agosto

Y yo que quería tener Agosto libre desde la segunda semana… y aquí estoy, liado hasta las cejas con tres proyectos que se han ido dilatando en el tiempo cada vez más a la vez por mil cosas personales, y porque los clientes han cambiado las especificaciones de sus sitios unas 7 millones de veces.

Esto hace que, como otras veces, las decisiones de cambien y piense en Septiembre como mes de vacaciones. Que me quejo también porque no paro de currar, pero en Agosto no me he quedado quieto. Este fin de semana me lo he tirado en Madrid en quedada friki y me lo he pasado como los indios (y hasta he vuelto un día más tarde 🙄). Y todavía me queda ruta. Aunque voy rascando huecos, minutos, ratos, para poder seguir adelantando trabajo y cumplir plazos en medio de una vorágine de compromisos que me trae loco de atar.

Dentro de nada renuevo podcast, empezamos de nuevo con temporada de WordCamps, y empiezo con promociones de cursos. Y todavía hay que arreglar cosas del coche, de medicos… Así que lo de parar, ya si eso, algún día.

Quién nos iba a decir que hoy sólo empieza la segunda semana de agosto. A ver si el calor nos deja respirar.

 

KZI #10 – Black Death, El Renacido, Love Bite, Mega Shark vs Kolossus, Regresion, Warcraft, Wolfblood

Empezamos nueva temporada haciendo recorrido por las películas que no debéis perder el tiempo en ver. En la lista:

Black Death
El renacido
Love Bite
Mega Shark vs. Kolossus (Trailer Japonés)
Regresión
Warcraft: El origen
Wolfblood

Recordar nuestros canales de Telegram, http://t.me/elkazipodcast y http://t.me/elkazichat.

 

César

El día que quedé con César fue delante de una cerveza. Aproveché mi medio día libre para quedar con él y conocernos.
Me busqué el local que más me había gustado de todos los que me habían enseñado en esos días, me pedí una buena cerveza (qué buena está la Madriguera tostada) y me senté a esperar.

Al poco rato César apareció por la puerta. Con su gran sonrisa puesta, nos saludamos, se pidió otra Madriguera (ésta rubia), y nos sentamos a charlar.

César no es una persona sencilla. Me cuenta cómo su infancia fue difícil. Padres, madres, tías, casas separadas, realidades distintas, escasez de dinero…  Y habla con cierta naturalidad, como aquellos que conozco de Venezuela y El Salvador, de mi amigo al que mataronmi primo al que mataron. Son cosas que, por muchas veces que las escuche, me niego a naturalizar. Me habla de muchas cosas personales. Y me sorprendo, aunque ya nos conozcamos un poco por redes, de que sea tan transparente.

César está convencido de que tiene una misión. Dice que si está en este mundo, es para hacer de él un sitio mejor. No sólo para él. Para todos. Le hablo de los scouts, que ni siquiera conoce, y de la educación en valores. De cómo trabajamos nosotros, de cómo nos organizamos. De nuestro lema. Piensa globalmente, actúa localmente. Le hablo de algo que él ya está haciendo. Sabe que hacerse oír no es fácil, y por eso está estudiando interpretación. Porque después de ponerse delante de un espejo y verse, y ver el mundo que le rodea, le ha parecido la mejor forma, la más efectiva, de poder llegar a la gente. De inspirar a los demás. De enviarles un mensaje. De ser un motor de cambio.

Me encuentro en una situación de privilegio. Por un lado, porque un local ha quedado conmigo. Normalmente no quedan con nadie a través de internet por la peligrosidad. Porque con quien estés hablando sea alguien que quiera robarte, o algo peor. En ese aspecto, ser extranjero ayuda. Y las redes sociales (twitter, instagram, facebook), que te hacen una persona real y con pasado, también.
Por otro lado, por haberme encontrado con él. Porque en las seis horas que me ha regalado y hemos pasado juntos, ha renovado mi visión sobre el mundo. Sobre lo importante. Sobre lo efímero. Sobre cómo hay que disfrutar la vida y el tiempo que tenemos. Recuerdo cómo me hablaba, con pasión, de sus dos mejores amigos. De lo mal que lo pasó cuando durante un tiempo dejaron de hablarse. De cómo todos pensaban que había perdido su chispa, su luz, su alegría de vivir. Recuerdo cómo me dejó entrever, y a la vez me dejó meridianamente claro, que para él la vida no está en las cosas materiales, sino en las personas, en las relaciones, y en las experiencias.

Y al final, se resume todo en lo mismo. En que tu paso por este mundo, aún siendo efímero, no sea irrelevante. Y siempre recuerdo ese inicio de curso que una vez leí por tumblr.

You all have a little bit of ‘I want to save the world’ in you, that’s why you’re here, in college. I want you to know that it’s okay if you only save one person, and it’s okay if that person is you.

Todos vosotros tenéis un poco de “quiero salvar el mundo” dentro. Por eso estáis aquí, en la universidad. Quiero que sepáis que está bien si sólo salváis a una persona. Y estará igualmente bien si esa persona sois vosotros mismos. 

No perdáis el norte. Como en los aviones, la primera mascarilla de oxígeno es para ti. Porque si tú no estás, no podrás ayudar a nadie más. Tomaos todo el tiempo que necesitéis. No tengáis prisa. Tened un interior sólido. Ayudaos de lo que os apetezca para hacerlo. Y cuando os hayáis asegurado de que todo está bien, seguid adelante.

Muchos lo que buscamos es el leave an impression. Que quede algo de nosotros. Siempre le decía a mis scouts que hay que hablar de la gente. Que eso de de los muertos no se habla es una cosa muy antigua. Muchas veces he pensado que una persona está realmente apagada cuando ya no creas más recuerdos con ella. Pero la vida me ha enseñado que muchas nuevas experiencias pueden venir sustentadas en recuerdos, y que eso hace que alguien que ha sido importante para ti siga marcando parte de tu futuro. Pero el cambio de verdad viene en los que buscamos el make a difference, el primer lema de la Matthew Shepard Foundation. Haz que importe, crea algo distinto, llega a la gente. Sé su inspiración. Su motor del cambio. Da igual si es a pequeña escala. Da igual si es sólo a una persona. Lo importante es que lo hagas. Y, por supuesto, que también te dejes inspirar.

Por eso creo que movimientos como los de Platzi son tan importantes. En otro mundo, en otra realidad, están trabajando en una educación formal online, accesible, dirigida, organizada. No sólo en el mundo digital, ahora también ampliando a otros campos. Porque encontraron una forma de ayudar a la gente, de darles una salida profesional. De ofrecerles otra opción para que puedan ser dueños y dueñas de su futuro. Por eso cada vez que me llamen, por mucho que el viaje sea una aventura, me plantaré en Bogotá, o donde sea, para formar parte de todo eso.

Y por eso, cada vez que tenga la oportunidad, me sentaré a tomar una cerveza con alguien con quien haya conectado. Porque de César, Celis, Paula, Diana, Nicole, Belén, y Juan Pablo, he aprendido muchísimo en este viaje. Porque me encanta sentarme a escuchar, a aprender. Porque comentaba con César que echo de menos esos momentos de cuando éramos pequeños, que él me contaba que ellos siguen teniendo cada vez que se juntan en familia. Esos corros en la cocina o en el salón, donde la abuela, o la madre, cuentan historias que son puras enseñanzas de vida. Porque tampoco debemos dejar que el progreso elimine la tradición. Tratemos las herramientas como son, herramientas. Y dejemos que nuestras vidas se llenen de momentos.


Quizá penséis que tengo un millón de cosas más que contar del viaje. Las tengo. Pero César ha sido, es, y será importante. Gente como él, de la generación posterior a la nuestra, son los que continuarán con nuestro camino, con todo lo que hagamos.

Por eso es importante también que les allanemos el camino. Que los que participamos de una filosofía de Software Libre sigamos compartiendo, de forma abierta y gratuita, nuestro conocimiento para que los que vienen detrás puedan hacer buen uso de él. Que sigamos participando en eventos. Que sigamos siendo críticos con la vida, y amables con las personas. Que sigamos denunciando las injusticias. Y sigamos apoyando a las minorías oprimidas. He tenido y tengo la suerte de pertenecer, por educación y nacimiento, al 3%. Y voy a explotarlo.

Aunque ese día estuviéramos uno junto al otro, casi 8 mil kilómetros nos separan ahora a diario. No sé si algún día volveré a ver a César en persona, aunque sigamos interactuando por redes a diario. Lo que tengo claro es que seguiré trabajando, como hasta ahora, para que cuando llegue a nuestra edad el mundo sea un poco mejor de lo que lo encontramos nosotros.

Recordad siempre dejar un legado. This would be my monument.

 

La insoportable levedad del ser

¿Conocéis a alguien insoportable? ¿En tu grupo de amigos le evitáis? ¿Es un grano en el culo?

Imaginaos cómo es eso en la vida real. Todos conocéis a alguien de quien podéis decir “vaya pesao/vaya pesá”. Y ahora, imaginaos cómo cambia todo esto cuando hablamos de redes.

Somos muchos, cada vez más, los que trabajamos en remoto. Eso significa desde casa, pero no a nuestra bola. Tenemos infinitos medios de comunicación con nuestros equipos de trabajo y con los clientes.
Antes, uno de los que más utilizábamos era Skype. O, en su defecto, Hangouts (qué mal funciona hangouts, por cierto). O Zoom. Herramientas de videoconferencia que nos permiten compartir pantalla, tocar la pantalla de alguien, y trabajar de forma síncrona.

Pero esto ha ido evolucionando. El trabajo remoto ha ido avanzando, y no siempre tienes tiempo para estar en una videoconferencia. O vuestras zonas horarias no coinciden. O que interrumpan tu trabajo cada media hora destroza tu productividad. Por eso ahora utilizamos herramientas como Slack.
También ocurre que los equipos de trabajo crecen, y una videoconferencia con 35-70 personas que somos para organizar una WordCamp, con 1,400 que somos en el equipo de WordPress España, o de 16,500 que somos en WordPress general, es inviable. Pero claro, para poder hacer esto necesitamos unas pequeñas normas de comportamiento.

En esas normas de comportamiento, presuponemos:

  • Que todo el mundo escribe en tono pacífico
  • Que se es amable
  • Que se es agradable
  • Que aceptamos a todo el mundo
  • Que intentamos ayudar a los demás

Lo que en algunos sitios se entiende como sonrisa telefónica. Y en grupos muy grandes, para evitar malentendidos, hace falta mantener ese talante con bastante cuidado.

En ciertos círculos puedes permitirte excepciones. Tengo dos grupos de Slack con amigos (gente que nos conocemos de haber convivido en WordCamps, en encuentros… con quien he tenido trato en persona) que podemos hablar en otro tono precisamente porque nos conocemos en persona, conocemos nuestras voces, nuestros tonos, hasta dónde llega nuestro humor… Algo que con gente a la que conoces sólo en digital no es imposible de conseguir, pero sí es difícil. Sobre todo si tienen la piel fina. Y dentro de lo difícil, tengo un grupo de Telegram donde sólo unos cuantos nos conocemos en persona (no siempre los mismos, curiosamente, es como un seis grados de separación) y el buen rollo y el nivel de confidencias está al nivel de los grupos de amigos más cercanos.

Retomando los grupos problemáticos, ocurre lo mismo cuando estás rebotado con alguien del equipo. Recuerdo una organización de una WordCamp en la que cada palabra, cada frase que escribía un miembro del equipo, la escuchaba en mi cabeza con retintín e ironía, y me tocaba soberanamente las narices. Y sí, la culpa, completamente mía, por malentender por una situación personal (aún así, fui políticamente correcto trabajando y pelillos a la mar).

En el último mes he tenido dos situaciones de éstas. Una, por twitter (sí, también hay grupos de twitter). Alguien empieza a dar por saco a otra persona. Esa otra persona le sigue el juego. Yo entro al trapo y continúo la broma. Resultado, mensaje directo.

– ¿Pero por qué tienes que meterte? ¿Qué te importa lo que hable yo con una tercera persona? ¿Qué te he hecho yo a ti para que me persigas?

Ay… Malentendidos y piel fina. Una conversación pública en twitter, y después en un grupo de twitter donde estamos todos, está también abierta a todos. Todos están bromeando, pero yo estoy atacando y tomándomelo en serio (¿por qué sabes tú…? da igual). El problema lo tenemos con las lecturas que hacemos de lo que ocurre. Por nuestro momento personal, emocional, o lo que sea. Pero en redes, debemos aprender a respirar y releer. Porque empezamos a pensar que alguien nos persigue y nos ataca, podemos buscarnos un conflicto personal innecesario, y puede ser una lectura errónea (y hablo por experiencia, que lo he vivido en un par de sitios, que uno también es perro viejo de IRC).

La segunda fue igualmente inverosímil. Tenemos un grupo de WhatsApp con la gente del colegio (fíjate, gente a la que no veo desde hace… 20 años (qué viejo hace sentir esto a uno). Dos, los protagonistas, empiezan a bromear sobre su amor de colegio. Y la cosa se pone hasta burra. Todo el grupo, 19 personas en ese momento, participando. Y yo hago un comentario. Uno. Chiquitito. Inofensivo. En el mismo momento en que están ocurriendo los otros. Resultado: venga, que ya os lo sabéis. Mensaje privado.

– Pero qué estás diciendo tú de mí. Que estoy casada. A ver qué te has creído. Que tengo niños. Quién te has creído tú que eres para decir nada de mí. Vamos el (inclúyanse aquí muchos insultos).
– Eh… oye, que estaba todo el mundo de broma, que la has empezado tú, y sólo he hecho un comentario como todo el mundo… que estaba siguiendo la broma…
– Aaaaaaaahhhhh. ¡Que era broma! Nada, hijo, perdona. Que no me había dado cuenta. Perdona por ponerme así.

WTF? ¿Cómo…? De nuevo, da igual. Cuando estamos a la que salta y a la espera de un conflicto, y tenemos a alguien perfecto delante para ayudarnos a liberar nuestras tensiones, lo utilizamos. Que me parece bien, y me sé cómo funcionan estas cosas y me da relativamente igual. Pero también podíais liberar tensiones con un saco de boxeo.

Recordad: actitud positiva. Siempre. Y no veáis fantasmas donde no los hay. Y si no son fantasmas y es inquina personal, os la guardáis. Sobre todo con gente a la que no conocéis en persona, y con gente a la que no veis desde hace 20 años. Que ya tienen su vida como para aguantar vuestras mierdas.

 
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