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La ilusión de unas elecciones

Tener una empresa pequeña no es fácil. Nunca lo ha sido, pero en estos días se hace muy cuesta arriba. Perspectiva para afirmarlo no me falta. He sido autónomo en tres campos distintos, he trabajado por cuenta ajena, y he tenido una empresa que me llevó a la quiebra profesional y personal.

Ésta es la quinta vez que monto algo. He intentado hacerlo bien. He intentado aplicar todo lo aprendido. He viajado. He tomado notas. He hecho contactos. He utilizado todas las experiencias de mis viajes, de otras empresas. He conocido y hablado, antes de que tuvieran sus empresas actuales, con los ingenieros de sistemas de Twitter. Con los de FriendFeed. Con los de Tumblr. Con el equipo completo de WordPress. Y he vuelto a equivocarme.

Mi equivocación de esta vez es muy grave. Debería haber tenido las mismas aspiraciones que las cuatro veces anteriores: que la empresa funcionase. Pero no. Mi anterior experiencia empresarial me salió muy cara, en todos los sentidos. Esta vez quería, necesitaba, algo distinto y definitivo. Me encontré con que mi socio es igual de estúpido e idealista, con un equipo que nos hace ser una de las 50 mejores empresas del mundo en nuestro campo, y decidimos que queríamos dar un paso más. Queríamos destacar. ¡Destacar! ¡Ilusos! ¿Acaso habíamos pedido permiso para eso? 

En un mundo ideal, siendo bueno en tu campo lo único que tienes que hacer es salir a la calle, buscar clientes, y darte un poco de publicidad.
En nuestro mundo, cuando creces un poco, como premio te llaman las empresas grandes. ¡Yuju! Esta euforia no dura más de un mes. Dura únicamente hasta que descubres cómo funcionan las cosas.

Si quieres trabajar para una empresa grande que tenga contacto con alguna administración, olvídate de que se te conozca. La única forma de hacer algo con ellas es a través de una subcontrata. ¿Por qué? Porque los requisitos para trabajar con ellas son tan específicos que, normalmente, sólo una empresa (o grupo de empresas) los cumple. Son ellos, los intermediarios, los que te contratan para hacer el trabajo. Por un precio.

¿Cuál es el precio? Depende del intermediario. Algunas veces, un 20%.

– ¡Un 20%! ¡Pero eso me hace quedarme sin margen, casi que me sale a pagar a mí!
– No, no lo has entendido. En vez de 100 cobra 120, y ese 20 es para nosotros, por permitirte trabajar.

Por desgracia para nosotros, las empresas pequeñas, esto ocurre siempre con las empresas dependientes del entramado político.

– ¿Y por qué no te asocias con otras empresas para poder tener opciones a trabajar en algunos proyectos?

No es tan fácil. Los conglomerados de empresas pecan de algo similar. Quien organiza el cotarro parte y reparte, y se lleva la mejor parte. Nunca tienes claro a qué bolsillo van esos intermedios. Lo que sí sabes, porque sabes un poquito de contabilidad (lo que estudiaste la carrera y los 13 años en la brecha, quiebra incluída), es que el coste del intermediario a veces llega hasta el 80%. En definitiva, tú sigues estando en la misma situación precaria, estás regalando tu prestigio y tu trabajo, y además estás haciendo que alguien gane mucho dinero mientras que a ti te paga según sus criterios.

Desde hace cuatro años, el tiempo que tiene de vida Mecus, ha habido algunos intentos de reclutarnos. Pero no como se haría en Silicon Valley o como hemos visto en San Francisco. Aquí se parece más a un reclutamiento del Opus Dei.
Hemos intentado escapar de los intermediarios. Hemos intentado hacer las cosas bien. Hemos intentado no traicionar nuestros valores y convicciones. Hemos seguido siendo idealistas. No hemos tomado la salida fácil, escapando de los conglomerados. De las subcontratas, convirtiéndolas en asociaciones. De hacer los amigos que deberíamos haber hecho durante estos cuatro años para ser ahora una empresa de éxito. A cambio, nos hemos visto privados del privilegio de cobrar cientos de miles de euros por hacer una página web (por ejemplo), y nos hemos visto arrastrados a seguir manteniendo nuestros discretos precios.

Hemos estado todo este tiempo sintiéndonos orgullosos por hacer las cosas como creemos que deben hacerse. Dándole el valor adecuado a cada cosa. Llevando nuestra independencia y libertad por bandera. Viviendo, con esfuerzo, de nuestros esfuerzos. Hasta ahora.

Salirse del tiesto es algo que se paga caro. Puede que más aquí que en cualquier otro lugar. No estar dentro del sistema también te asegura que, al no tener el respaldo de mamá, papá te pagará cuando le venga en gana. Tanto es así que contamos ahora con facturas impagadas desde hace 10, 12 y hasta 20 meses. Trabajo que hemos realizado, humildemente, en nuestra pequeña empresa. Trabajo que es nuestro único pan, y que se nos niega día tras día cada vez que reclamamos lo que es nuestro. El gran problema de todo esto es que cada cliente moroso nos cuesta dinero. Dinero de hospedajes, de mantenimientos, y de IVAs ya pagados de las facturas debidas. Dinero de teléfono. Dinero de horas perdidas. Dinero de desplazamientos para nada. Tiempo y esfuerzo que, al final, aunque sigamos insistiendo, en un gran porcentaje caerán en saco roto.

Por desgracia, no es una situación que me sea desconocida. Una vez pequé, por necesidad. Cuando quebramos en mi antigua empresa, el abogado nos recomendó hacer lo que en economía se conoce como “cierre a la sevillana”. Esto es, dejar la empresa sin actividad durante cinco años para que las facturas caduquen y, después, disolver la empresa. Ésta, por desgracia, es una práctica común. Algunos de vosotros conoceréis a alguien que tiene dos o tres empresas que hacen lo mismo, con distintos nombres, para repartir las cosas y tener una salvaguarda en el momento de necesitarlo.

Otras prácticas aledañas, con las pequeñas empresas, también son moneda de cambio común. En este caso, dilatar los pagos en el tiempo hasta que la empresa no tenga más remedio que cerrar, y así quedar exento del pago de la factura. Todo un ejemplo de cómo  funciona el sentido de la responsabilidad y el tejido empresarial de esta nuestra sociedad, donde la supervivencia de unos es a costa de la caída de otros.

Después de años de experiencia, una cosa me queda clara. En otros sitios es posible destacar. En Andalucía nadie sube sin ayuda. Si alguien está arriba es porque tenía las posibilidades económicas suficientes para poder subir, porque es o ha sido partícipe de los intermediarios, o porque tiene clientes y/o inversores que no son de aquí.

La política en este país es paralela. Da igual lo que hagamos, quién esté arriba. Los intermediarios, gobierne quien gobierne, van a ser los mismos. Ellos sí hicieron los amigos adecuados. Y ahora da igual quién esté al mando. Para llegar arriba, los intermediarios son los mismos.

Ayer lo vimos en un debate televisado, en el que intentaban convencernos de que el día 20 sólo participan dos partidos. Sí, esto es lo que nos venden. Que para progresar, hay que venderse. Y nosotros, los pequeños, no importamos.

Lo veo a diario. Cuando nada me respalda después de meses sin cobrar. Cuando los bancos, para prestarte dinero, te piden que antes lo tengas, y ninguna otra garantía vale. ¡Si lo tengo no lo necesito! Los pequeños empresarios, los de a pie, no importamos. Ni en la empresa, ni en la política. Ayer nos demostraron que el 15M no existe, todo ha sido producto de nuestra imaginación. Igual que producto de mi imaginación es encontrarme con todas las puertas cerradas porque no quiero venderme. 

Me gusta comparar la política y nuestra situación con un restaurante, en el que entras y te ponen un cubierto y una sopa de picadillo.

– Oiga, que…
– ¿De beber?
– Coca Cola.
– Tengo Pepsi.
– Bueno, es lo mismo. Me da igual roja que azul.

Y al rato:

– ¿De segundo? Tenemos filete de pollo o filete de cerdo.
– Prefiero pescado.
– No tenemos, sólo filetes.
– ¿Y una ensalada?
– Sólo carne.
– ¿Ternera?
– Pollo o cerdo.

Ésta es nuestra realidad. Dentro de dos semanas nos dejan elegir entre dos menús, con todo muy cerradito, sin posibilidad de sacar un pie fuera. Nos hacen creer con los primeros grandes bloques, el más importante, en un debate, que ellos deciden sobre la economía del país. Como dice Yolanda en un comentario en el blog de Jesús Encinar:

Al Gobierno no le pido que me de trabajo ni que mejore mi economía personal. De eso ya me encargo yo con mi esfuerzo. Lo que le pido es lo que no está en mi mano: legislar para proteger mi vida, para que tenga las mismas oportunidades que los demás, para que no haya discriminaciones. Por eso nunca he votado por la política económica de un partido, sino por su política social. Es donde pueden marcar la diferencia. La economía la mueven otros poderes.

En políticas sociales podríamos pedirles que instaran a pagar a las empresas que deben dinero. Pero no. Las grandes sobreviven, haciéndolo mal, y las pequeñas mueren, haciéndolo bien, por la incompetencia y la parsimonia de los de arriba, a los que no importamos nada.

Aunque el futuro de mi empresa sea cerrar, no voy a venderme. Voy a dejar que todos me llamen idiota por no querer chupar de la teta habiendo tenido y teniendo la posibilidad. Voy a intentar aguantar. Voy a intentar seguir haciendo bien mi trabajo, como en estos años. Voy a seguir trabajando 80 horas a la semana, como en estos últimos meses, para conseguir sobrevivir y suplir todos los costes asociados de los clientes que no nos pagan. Voy a seguir sin tener fines de semana. En definitiva, voy a seguir siendo el mismo estúpido idealista. Puede que el futuro sea caer, pero no sin pelear. Y nunca sintiendo que estoy traicionando todos los valores que he llevado por bandera durante toda mi vida. Me educaron así, y estoy muy agradecido por ello.

Dentro de 12 días nos llaman a votar. El sentido de la responsabilidad me puede. Cuando tenía 18 años iba orgulloso a votar. 11 años después voy sabiendo que ya no existe el voto útil, que aquello fue sólo otra forma más de engañarnos. Ahora que las cosas están mal, se ve quién controla qué, quién gobierna de verdad. Y no son los políticos. Qué poco hemos cambiado desde la Edad Media, y qué atrás quedó la Revolución Francesa.

El día 20 iré a votar. No votaré a ninguno de los grandes. Tampoco votaré a ninguno de los medianos. En algunos de ellos he visto cómo, después de años de trabajo por parte de algunos de sus miembros, estos han sido desplazados por la decisión del partido, venido de Madrid hace unos días para representarnos. Muy bonito cuando empezaron, pero han llegado a donde están por el mismo camino.

El día 20 no toca comer de menú. Toca irse a tapear a las tres mil. Toca ser idealista. Toca ser independiente. Toca apoyar a los míos. A todos aquellos que no quieren chupar de la teta y seguir exprimiendo a una vaca que cada vez está más flaca. Toca apoyar a alguien que nunca gobernará. Toca intentar que alguien, que no está viciado por el sistema y que no baila al ritmo de sus tambores, se siente a su lado. Toca que tengan las cámaras llenas de personas que no importan, de estúpidos idealistas. Porque su voto no vale nada en comparación con las mayorías, pero no dudarán en remover conciencias a cada paso que den.

Porque sí importamos.


Llevaba más de un mes sin escribir, porque tocaba escribir en otros sitios y dedicarse a otras cosas. Escribir siempre es una buena terapia. Ayuda a asentar las ideas. A pensar. A tranquilizarse. Y a ver el futuro con otra perspectiva.

En 15 días empieza la revolución. Tocará decirle adiós a los clientes que nos están costando dinero, y hola a nuevos proyectos. Tocará enfrentarse con mucha gente, y dejar muchas cosas claras. Tocará hacerse valer y hacer valer nuestro trabajo. Tocará ganarse enemistades y que hablen mal de nosotros. Tocará pelear por lo nuestro.

Ya lo dice el refranero. Renovarse o morir. Los morosos, con cualquiera de las dos opciones, quedan con el mismo “problema”: se quedan sin nuestro servicio. La gran diferencia, sobre todo para nosotros, es que no nos vamos a olvidar de su factura.

Ha llegado la hora

Ayer estuvimos en la EOI de Sevilla en la presentación del libro de Alejandro Suárez, de título “Ha llegado la hora de montar tu empresa“.

El primer interés del evento es que lo presentaba Luis. Que se prestara a hacerlo, hubiera buscado el sitio, etc. ya da una cierta garantía de que lo que vas a ver es interesante. Así que allí de cabeza.

Qué me esperaba

No he leído aún el libro, así que iba abierto a casi todo. Que alguien nos contara experiencias de cómo montar una empresa, de cómo personalizarla, y algunos casos de éxito es algo que siempre viene bien.

Contaba además con que Alejandro es Business Angel y lleva mucho tiempo en esto, cosa que creaba aún más interés.

El tercer punto lo marcaba el auditorio. En este tipo de eventos cada vez es más interesante el público. Cada vez se atreve más a preguntar. Y cada vez las ideas que surgen son mejores.

El desarrollo

Fui siguiendo la conversación por twitter, que iré aprovechando para la crónica.

Primero, hay que decir que el EOI es un sitio impresionante. Suelo de Silestone negro estelar, estructura de madera y cristal… Una reforma del pabellón de Canadá de la Expo impresionante.

Segundo, gran sorpresa con la puntualidad del evento. A las 18:32 el presentador comenzaba.

Una vez comenzamos, Alejandro estuvo hablando con tranquilidad, contando un poco de su experiencia, de cómo montar una empresa. Tal y como lo contaba, hasta parecía sencillo montar una empresa en España. Menos mal que no nos dejamos engañar fácilmente :P. Y ya fuimos entrando en temas concretos.

La financiación

Tocó el turno de hablar de la financiación. Una pequeña nube negra se adueñó de la sala, y Alejandro seguía confirmándonos cosas que algunos ya conocemos. Según él, tenemos tres tipos de financiación posible para una empresa: bancos, el ICO, o el capital riesgo. O lo que es lo mismo: nada.

  • Los bancos te piden que tengas el capital que pides para inmovilizarlo mientras que te lo prestan. ¿Tiene sentido que te pidan que tengas 20,000€ cuando tú les estás pidiendo 20,000€? Si los tienes, no necesitas que te los presten.
  • El ICO te pide más requisitos que los bancos. ¿Sirve para algo?
  • Sociedades de capital riesgo. ¿Se arriesgan de verdad? No, sólo prestan dinero sobre seguro.

Lo único que queda entonces en nuestra perspectiva económica es el Business Angel, el capital privado. ¿Y cómo se llega a un Business Angel?
También se estuvo comentando en la sala cómo muchos se quejan desde sus casas, desde sus puestos. Hoy en día, repartir currículum (pasad el ratón por encima) currículos (del diccionario panhispánico de dudas, hispanizado) y esperar en casa a que suene el teléfono no sirve de nada. Hay que moverse mucho.  Como comentaba Adolfo Suárez por twitter, los eventos 1.0 están llenos de gente 2.0. Porque dejarse ver es importante. Conocer gente es importante. Aprender es importante. Moverse es importante. Como le contaba por la misma vía,

Sigue siendo necesario el contacto directo, la expresión, y el conocimiento directo. Sin eso, sólo seríamos máquinas ^_^

También hablando de esto Alejandro nos contó el fracaso de una gran empresa que no me es ajena. ¿Por qué fracasó? Por un cambio en la normativa. Ese cambio prácticamente ilegalizaba su labor empresarial, meses después de haber recibido un premio a al innovación. Y así es nuestro país.

Universidad y Empresa

Se tocó un tema peliagudo aquí.

La universidad da totalmente la espalda al mundo de la empresa.

Esto es verdad en muchos aspectos. Si nos comparamos con otros países, nuestra universidad, en muchos casos, está totalmente apartada de las empresas. Eso no ocurre en todos los casos. En algunos concretos, los alumni egresados se convierten en carne de cañón de las empresas de la Junta de turno.

Alguien hizo también la comparación. ¿Cuántos proyectos fin de carrera se patentan en, por ejemplo, Estados Unidos? En contraposición, ¿cuántos proyectos de carrera terminan en un cajón en España?

Por twitter ana444 decía que la idea de los proyectos fin de carrera es demostrar que puedes desarrollarlos, no que sean patentables, rentables, etc. ¿Y después de eso no se aprovecha? ¿Estamos tontos?

Flavio Masitas, en el turno de preguntas, aportaba también el dato de que las comparaciones siempre se hacían entre la universidad pública española y la privada estadounidense, algo a tener en cuenta.

Otra frase de Alejandro daba también un poco de perspectiva hacia el cambio.

La universidad ve en la empresa ahora una nueva forma de generar ingresos

¿Esta frase no está al revés? ¿La universidad se basa en la empresa, no la empresa en la universidad? Cambios profundos hacen falta por aquí. ¿Será Imaginática parte de esos cambios, de ese nuevo futuro?

Otra forma de verlo

En twitter tuve con José Rosales una conversación alternativa. Sus tweets resumen bastante bien el contenido de lo que hablamos:

Lo malo es que siempre que se habla de “empresas” sobre todo en este país quiere decir “todo para ellas”.

Después de eso seguimos conversando sobre empresa y universidad, llegando a estos puntos. Planteé:  ¿no estaría bien tener un catálogo de cosas que estudiar con salida directa a trabajo? En momentos como éste, para mí es deseable.

El miedo de Jose era palpable.

Osea, la empresa controlará la universidad, la empresa explotará a los universitarios y se deshará de las carreras no competitivas.

No, tampoco creo que ocurra. Como comenté por el mismo medio, creo que hay muchas cosas que se estudian por formación y conocimiento, no sólo como salida empresarial, aunque por supuesto retribuyan en ella.

No serán tan “productivas” pero piensa el riesgo de que la sociedad civil pierda la formación en estos sectores… de cara al poder.

Por ejemplo el Plan Bolonia pone en gran riesgo, a medio plazo, las carreras como filosofia, filologia, sociologia, politicas…

El miedo sigue siendo el mismo. Me reitero: no creo que desaparezcan. No podemos ser tan borricos.

Universidad y formación

Una de las preguntas del público estuvo protagonizada por @PedroCarrillo. Su pregunta:

¿Por qué tanto celo excesivo sobre el fondo del conocimiento de la universidad, tanta dificultad de acceso?

Hablaba por experiencia propia, sobre cómo suele estar limitado el acceso a la literatura gris de la Universidad (de ahí el gris). ¿Por qué está tan cerrado?

Comentándolo en twitter también respondía Victoriano Izquierdo:

Mis profesores están continuamente escondiendo conocimiento, incluso a sus propios alumnos. Todo lo ponen en privado.

Tuvimos que organizarnos los alumnos y crear un Dropbox para que toda la titulación pudiera compartir archivos…

No sólo ocurre con la literatura gris. Me sorprendió tanto que lancé una pregunta en twitter, todavía sin respuesta:

¿Esconder el conocimiento le sirve de verdad a la Universidad? ¿Eso le da excelencia? ¿La hace exclusiva?

Añadía que vengo del Software Libre, y no entiendo cómo limitar el conocimiento puede ser bueno en algún sentido.

Emprendedores

Cuando llegamos a este tema, lo primero fue discutir la definición. Muchos defienden que se dice emprendedor para no decir empresario, que es una palabra que, de por sí, es connotativamente negativa.
Por desgracia, estoy de acuerdo. Y cito una vez más un tweet de Jose:

Y piensa al mismo tiempo que el empresario, de nuevo el español es peor, no es ningún tipo de filántropo…

Vaya. Resulta que tengo una empresa. ¡Y tengo empleados! ¿Esta frase cómo hay que tomársela? ¿O esto es un no, tú no, tu eres emprendedor?

Siento deciros que el no pensar en el prójimo no es cosa de los empresarios. Es de todo el mundo. Y es uno de los grandes males de España. Pero dejemos este tema y volvamos al que nos ocupa. Llegando al final de la exposición, llegaron las grandes reflexiones, de mano de nuevo de Alejandro Suárez:

En España las empresas nacen ahogadas, y hay pocos compradores para empresas así.

A la gente hay que darle una segunda oportunidad

Precioso. Segundas oportunidades. ¿Recapitulamos? Aquí no hay primeras oportunidades. Y cuando lo consigues, tienes que tener gran capacidad de aguantar palos para conseguir sacar algo adelante en España. Porque es difícil de c*j*n*s, y sin apoyos externos no lo consigues ni de coña. Sí, es difícil levantar cabeza en nuestro país. Y Andalucía se nos asemeja cada vez un poco más a un agujero.

La pregunta del público

En el turno de preguntas, una de ellas estuvo protagonizada por @batjose, presidente de @AIESECSevilla, tomó la palabra para preguntar:

Tengo 21 años, estoy en 4º de mi carrera. Si estuvieras en mi lugar, ¿qué harías a partir de mañana?

¿La respuesta? Me iría a Brasil. Esperanzador.

La presentación

No puedo decir casi nada malo de la presentación. El sitio es estupendo. La sala, una de las mejores en las que he estado. La disposición del público, cómoda para la conversación y al atención. La presentación del libro, muy dinámica. Sólo hay algo que, a mi parecer, es mejorable. Y es que durante toda la presentación tuvimos este fondo invariable:

Imagen de @PedroCarrillo
Imagen de @PedroCarrillo

Conclusiones

Después de las parrafadas y las ideas sueltas de aquí arriba, puedo decir que tengo muchas ganas de leerme el libro. Creo que me va a dar perspectiva, que va a ser interesante, y que voy a aprender de él.

La presentación estuvo muy bien. La participación, estupenda. Sales de allí con muchas ideas. Y, por mucho ánimo que te den entre los ponentes, el público y el libro, con muy pocas esperanzas de poder prosperar.

Me quedo también con una frase que se le escapó a Alejandro que me dejó pensando mucho en el futuro de todo esto. Después del dato de las 350,000 empresas cerradas en España en los últimos 5 años…

No he encontrado a nadie con una idea tan potente que se pudiera realizar desde España

Eso dice mucho de demasiadas cosas.

Llega el futuro

Esta semana hemos estado ajetreados. Por fin tenemos la empresa en el punto en el que queríamos, y hemos podido convertirnos en lo que siempre hemos querido: una empresa abierta.

Durante años (dos :P) hemos estado yendo a San Francisco para ver cómo funcionan las empresas de allí, un reflejo de cómo queríamos trabajar nosotros. Y como alguno ha dicho por twitter, después de tres años de duro trabajo creando un modelo de empresa que nos permitiera equipararnos a ellos en España (que no es fácil), nos unimos al modelo freemium (dos días antes de que lo haga Amazon Web Services, curiosamente).

Hacemos el anuncio teniendo ya todos los servicios activos, habiendo tenido sesiones de trabajo y de formación anteriores, y habiendo realizado nuestro primer seminario.

Quiero agradecer a mi equipo todo el trabajo, y a todos los demás todo el apoyo y la ayuda incondicional que hemos recibido en estos tres años. Muchas gracias :).

Y si alguien está perdido leyendo todo esto, sólo tiene que leer los dos últimos artículos en la web de Mecus [1] [2].

Imagen de anticapitalistasgranada.blogspot.com

Hablando de huelgas generales

Mañana en España tenemos la primera huelga general de la Era de la Crisis. Una huelga que no está exenta de polémica y que ha generado mucha expectación. Este fin de semana me había propuesto escribir sobre el tema y sobre si la secundaba o no, y me encontré por sorpresa en un zapping a Cándido Méndez en La Noria, hablando de los vídeos de UGT y contando que es un viral que acabó ayer, dos días antes de la huelga general, con el desenlace de toda la historia, y que es la moraleja de la serie de vídeos.

Vamos a ver, Cándido. ¿Dos días antes? Si vuestra intención era comunicar algo, podéis apuntaros un suspenso por hacerlo tarde y mal. Dice mucho de cómo se hacen las cosas en España.

La moraleja no deja de ser curiosa. ‘Tarde o temprano todos necesitamos que nos echen una mano’ y ‘[…]el sindicato, son los únicos con los que puedes contar’.

Independientemente de que nos quieran convencer de algo a través de vídeos virales, mi intención de este fin de semana era el de hacer un pequeño análisis de la situación. Creo que todos deberíamos sentarnos a pensar un poco y hacer el nuestro. Y aquí está el mío.

Las causas de la crisis

Está claro que es un titular atrevido. Causas que nos han llevado a la situación actual hay muchas. Durante este tiempo hemos visto de todo a nuestro alrededor. Tanto, que hasta se ha especulado con que Belén Esteban entre en la política nacional.
Dejando a un lado este tipo de historias, estos son algunos puntos a destacar:

• 4 millones de parados: las cuentas claras

Me resisto a pensar que España tenga 4 millones de parados. Volvemos a escribirlo: 4,000,000 3.908.578 personas (según los datos de septiembre del INE). Eso son muchas personas. No me puedo creer que haya toda esa cantidad de personas en paro y no se hayan ocupado las delegaciones territoriales. Eso, y lo que veo a mi alrededor, me hace pensar que hay en España 3.908.578 personas cobrando el paro, que no se corresponde con el número de parados.
En ningún momento quiero meter en este saco a las personas que no están teniendo suerte, que están en situación precaria, y que no encuentran un trabajo. Por desgracia también existen y lo están pasando muy mal. Desde aquí, desde este punto, apuntado esto en vuestra mente: esta situación no es sostenible. Y no hay a quien echarle la culpa de esto, no hay culpables externos. Tenemos que mirarnos a nosotros y a nuestros vecinos.

• Falta de responsabilidad: trabajando en negro

Como muchos decían hace tiempo, la crisis no se soluciona bajando el sueldo de los funcionarios un 5%, y muchos de ellos se han quejado. Cierto es, tan cierto como que sólo es una de las medidas a adoptar. Medida que hay que adoptar porque el sueldo de los funcionarios lo pagamos de nuestros impuestos. Y aquí viene lo bonito: algunos (muchos) cobran paro y trabajan en negro: engañan al Sistema por partida doble. Y son otros los que sufren esa insolidaridad.
Sí, señores. Si alguien todavía no era consciente, Hacienda somos todos. Y hasta que no aprendamos eso y nos comportemos en consecuencia, poco se va a mover este barco.

• El inmovilismo de España

Somos un país de tópicos y costumbres. Por un lado tenemos que, mientras que en el resto del primer mundo la media de puestos de trabajo de una persona en la vida es de 20, en España tendemos a que sea sólo uno, e incluso se lo inculcamos a las nuevas generaciones. Un trabajo para toda la vida.
Por otro lado, somos tradicionalistas con nuestros modelos de negocio. Si algo funcionaba antes, tiene que seguir funcionando ahora. Da igual que la sociedad haya cambiado de forma absolutamente radical y que hayamos avanzado en los últimos 30 años más que en los 300 anteriores. Seguiremos enviando las cosas por fax y no seremos capaces de orientarnos a nuestro nuevo target (¿target? ¿qué es eso?). Eso significa la muerte de la empresa tradicional, con todo lo que ello conlleva.
Pero nos resistimos, oye. Seguimos queriendo obtener un 300% o un 400% de beneficio con lo que hacemos, y lloramos cuando la burbuja explota.

• La ruptura de la cadena alimenticia

Imagen de hacercrecermidinero.com
Imagen de hacercrecermidinero.com

¿Qué pasa cuando el eslabón más alto de la cadena no permite que el dinero fluya hacia abajo?

Por desgracia, esta pirámide es contraria a la pirámide alimenticia. Hablando de la segunda, la cúspide de la pirámide (el animal carnívoro) moriría sin el soporte de los eslabones inferiores.
En nuestro caso se trabaja justo al revés (pero qué curiosos somos…). Si el eslabón superior no quiere nutrir a los inferiores, éstos van muriendo poco a poco.

El problema radica en que, por un lado, la gran mayoría de las empresas, o la gran mayoría de los encargos que recibimos, normalmente corresponden a la base de la pirámide. Por otro lado, la cúspide de la pirámide no ha cambiado su modelo de negocio y, además, aspira a ganar el mismo dinero que antes manteniéndolo, por lo que el dinero para pagar a proveedores es residual y, mientras ellos mantienen su estatus y nivel de vida, la base de la pirámide va muriendo.

• 3 años sin hacer nada.

Es sólo una cifra, no es real. Podríamos utilizarla para criticar el inmovilismo de unos sindicatos que ahora quieren visibilidad y necesitan justificarse. Pero tampoco hay necesidad. Esta situación existe desde que tengo memoria, y nací junto a la democracia de este país. Todos sabíamos que estaba ahí. Todos la conocíamos, e incluso la aceptábamos. Si algo se mantiene durante mucho tiempo, pasa sin saberse cómo a ser una realidad universal que no puede ser discutida. Y se utiliza la segunda enmienda: si no se habla de ello, no existe.

En el país en el que está bien visto engañar a Hacienda (véase punto 2, Hacienda somos todos) tenemos que decir que nos lo hemos buscado nosotros solos.

• España: el país sin memoria.

Somos geniales. Es muy grande que no seamos capaces de recordar nuestra propia historia. Caemos una y otra vez en lo mismo. Tenemos historias cíclicas en los telediarios, en los sálvames y en sitios por el estilo. Volvemos siempre a los mismos escándalos financieros, vuelven a salir a la calle, vuelve a perderse el dinero, y aquí nunca pasa nada.
¡Ay, pero qué digo! Sí que pasa. Se hacen famosos y se les pagan millonadas por salir en la televisión.
Somos el país del trapicheo, donde millones y millones de euros se desvían cada año a no se sabe dónde. Y las cosas no sólo no se arreglan, sino que van a peor y se convierten en fenómenos televisivos.

Por qué hacemos huelga

Se escucha de todo. Unos pocos dicen que hacemos huelga para quejarnos porque la culpa es de los empresarios. ¡Si! ¡Estoy de acuerdo! y sólo en parte (ya que estoy viene de muyyyy antiguo). Sólo de unos cuantos de la cúspide de la pirámide. Pero por ellos no se sale a la calle. Gente que sólo ve su propio ombligo no va a estar pendiente de lo que pasa ahí afuera.

Otros, la gran mayoría, se decide por la opción fácil: la culpa la tiene el Gobierno. Y como ya tenemos un culpable, vamos todos a la vez a salir a la calle y a echarle la culpa de todo.

No voy a entrar a valorar lo bien o mal que lo está haciendo este Gobierno. Voy a hacer un pequeño ejercicio de empatía. Algo que muy poca gente hace, y los que lo hacen, no lo hacen todo lo a menudo que debieran.
Poneos por un momento en la situación. Vamos a simplificar muchísimo España, y vamos a suponer que es una empresa. Una gran empresa. De repente, la Junta Directiva cambia por completo, y entran a trabajar con toda su ilusión. ¡Ah, dolor! En cuanto empiezas a rascar y a poner en orden, empiezas a ver que la cosa no es sostenible. No fue sostenible tampoco para la Junta Directiva anterior, que consiguieron salvar la situación sin pena ni gloria. Ahora el desastre se vislumbra como inminente. La situación intenta regularizarse haciendo que la deuda se comparta entre una red de empresas (Europa), pero la red completa empieza a vencerse. Cuando la red se rompe, vuelves a estar solo, ante tu empresa, y lo único que se ve al final del camino es una quiebra estrepitosa.

¿Podemos culpar a la Junta Directiva de tal quiebra? Muchos podrán pensar que sí.
Os puedo decir que esa Junta Directiva ha sufrido y sufre el agobio, la desesperación, la agonía de que los de arriba no paguen, y la de no poder pagar a los de abajo. Sufren al ver que los recursos no circulan. Sufren al ver cómo toda la gente que depende de ellos se queda en la calle. Sienten la impotencia de no poder hacer nada, y buscan medidas desesperadas donde sea para poder salir adelante. Hacen un ejercicio en el más difícil todavía para mirar un poquito más allá en el futuro e intentar crear una situación sostenible a medio plazo.

Quizá para mí y para todos los que hemos sufrido una quiebra este ejercicio es más fácil.
Por experiencia propia sé que en momentos difíciles como estos lo que hace falta es mucho apoyo, mucha comprensión y mucho ánimo. Nada de lo que les estamos dando ni como ciudadanos, ni como oposición. Y tan mal lo hacemos, que incluso estamos remando para el lado contrario.

Imagen de anticapitalistasgranada.blogspot.com
Imagen de anticapitalistasgranada.blogspot.com

Si alguien piensa que esto se resuelve con una Huelga General, saldrá mañana a la calle.
Si alguien piensa que se soluciona con unas elecciones y cambiando el Gobierno, ya le auguro un otro vendrá que bueno me hará.
Si alguien piensa que tiene mejores ideas que las que se están aplicando, es hora de que se deje de eslóganes vacíos y empiece a colaborar. Como Hacienda, España somos todos. Si sólo remamos cuando tenemos el poder, muy mal habla esa actitud de nosotros. Si además durante el resto del tiempo remamos contracorriente, me quedo sin apelativos.

Esta es mi visión de la realidad. Mía y solo mía. Hay muchas más, tantas como personas. Cada una tiene la suya, basada en su propia experiencia, y eso es lo que nos da esperanza: que todo esto sirva para que a partir de mañana se abra un diálogo común para poder ver la luz al final del túnel.

Mañana el mundo seguirá girando, aunque nosotros queramos pararlo. Los intereses de las deudas se seguirán incrementando, y el último día del mes y el primero del siguiente estarán un día más cerca. Y mientras, nosotros estaremos a la calle culpando a las personas equivocadas, poniendo nuestro granito de arena para la solución.

Mañana, día en el que la hostelería no cierra (les interesa más su negocio que quejarse, fíjate) y en el que las terrazas estarán llenas (¿les harían piquete si cerraran?), unos cuantos seguiremos trabajando. Simplemente porque creemos que esta no es la solución.

Tipo 3

Desde mi primer trabajo y mi primera empresa, siempre hemos tenido un grito de alarma: ¡Es un tipo 3!

El tipo 3 es una clasificación que se ganan muy pocos de tus clientes. En tu vida de empresa, a lo sumo dos. Porque aprendes a identificarlos, y un tipo 3 identificado se convierte en un cliente normal con unos requisitos determinados.

Vamos, que lo que convierte a un cliente en tipo 3 es que no te avisa de que lo es.

Características:

  • Te quiere sólo para él, en exclusividad.
  • No hay temporalización. No te envían lo que necesitas y tienes una fecha de entrega, sino que se cruzan un mínimo de dos correos al día cambiando especificaciones.
  • No tienes un único contacto, lo que hace que tengas que consensuar cada paso.
  • Las fechas de entrega no siempre están claras, y suelen ser antes de lo estipulado en un principio.

Lógicamente, hay trabajos y clientes que requieren situaciones como ésta y, además, suele ser un trabajo muy satisfactorio. No estás en casa o en la oficina detrás de la pantalla con tu té, tu zumo y tu bolsa de panchitos, sino que estás trabajando en un equipo y se convierte en algo mucho más interesante, y una gran oportunidad de aprender de otros.

El problema, como decíamos antes, y lo que los convierte en clientes tipo 3, es que no te avisan. Lo que deriva en que no te esperas ese ritmo de trabajo (lo que deriva en agobio y estrés continuo durante ese periodo) y, lo más problemático de todo, que todos tus demás desarrollos y clientes quedan absolutamente relegados durante ese tiempo, lo que deriva en más de lo mismo para recuperar tiempo y cumplir los plazos de entrega.

Así que ya sabéis. Identificad muy muy bien los tipo 3 cuando os lleguen para saber a qué ateneros, y seréis mucho más felices y mucho más eficientes.

Pero falta lo más importante. ¿Cómo identificar un tipo 3?

En el primer correo o en la primera llamada. En el momento en que le escribas que estará en X días desde la recepción del material para trabajar, te enviará un correo o te llamará para dar el visto bueno.

Si en él:

  • Pregunta si podrá ver algo ya dentro de dos días.
  • Os dice que todavía no tiene todo el material.
  • Os dice que depende de otra persona.

… ya sabéis que tenéis que reservarle al menos una semanita sólo para él.

Y cuando la agenda cuadra y el resto de proyectos no aprietan, uno trabaja más feliz.

3 años

Hoy voy a hacer una de esas cosas que me gustan: programar artículos.

Cuando este artículo se publique, yo estaré presumiblemente sentado en una silla en el aula 41 (que ahora se llama de otra forma) haciendo uno de mis últimos exámenes: ICI.
Y alguno preguntará: ¿por qué te queda todavía esa asignatura? Pues muy fácil. Porque no me resulta interesante. Como todas las que me quedan. De hecho, he aprobado las más difíciles con nota, pero porque me gustaban. Con las que me quedan, es distinto.

Hoy, además, el bióxido cumple 3 años. Me ha dado la nostalgia, y me he puesto a ver qué queda por internet de mi vida anterior. Y, mirando, resulta de que el resto de mis blogs ya han sido borrados. De la memoria anterior, queda una reminiscencia del 2004 en LiveJournal, una página de MySpace, otra en dos fotologs que se prolongaron en el tiempo… y la etapa 2000-2003, que andaba en arrakis, ha muerto ya.

Tres añitos ya… lo que hemos progresado.

Quedan cosas por terminar, por supuesto. La primera, la carrera. ¿Por qué? No es una necesidad. El título de Ingeniero en Informática en España no abre puertas. Pero la carrera sí.
En la carrera he aprendido mucho, de muchos ámbitos. Eso es lo realmente importante. Ya tengo cursadas todas las asignaturas. Pero me faltan algunas por tener con calificación positiva para poder obtener el título.

¿Qué significa eso? Que tengo inquietudes. Inquietudes por demostrar todo lo que sé. Por utilizar a diario todas esas herramientas con las que he trabajado esporádicamente desde hace 11 años. Por demostrarle a la comunidad 2.0 que hay algo más allá, y que ese 2.0 significa que no trabajamos con máquinas, sino con personas. Todo lo que puedo llegar a dar. Ver hasta dónde somos capaces de llegar.

Y hay alguien por ahí que confía en mí y me ha dado la oportunidad de demostrarlo.

Ahora mi mente está centrada en esas asignaturas que tengo que certificar. Pero, precisamente porque ya me enseñaron todo lo que tenían que enseñarme y sólo me queda certificarlas, cambiamos radicalmente de tercio. Es momento de ser útil a la sociedad y, sobre todo, de sentirme útil en mi entorno cercano.
En cuanto termine los exámenes, dejaré los proyectos sueltos y trabajaré a tiempo completo. Los certificados que quedan vendrán poco a poco.

Porque quedan muchas cosas por hacer. Y llega la revolución 😉

P.S.: Ya haremos la presentación oficial más adelante, que hay cosas que terminar antes 🙂

P.S.S.: Y para los que quieran saber cuánto se sufre, sólo tienen que leer el artículo de Lyriel.